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viernes, 24 de enero de 2014

Crítica de "Pasos de Amor, el musical de la paz", de Rafael Jijena Sánchez y Gabriel Senanes

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Pasos de Amor, el musical de la paz

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (El Nacional).

Calificación: 8.5 /10 


¿De qué se trata?: En los años 40, cuatro jóvenes de distintos orígenes viajan por la India en un mismo vagón de tren. Todos tienen fuertes ideales y el amor es el motor de sus vidas. El día de mañana, llegarían a ser Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, Martin Luther King y Mahatma Gandhi. Durante el viaje, vivirán algunas situaciones que irán forjando su futuro, y se expondrán sus convicciones y preocupaciones, ante la mirada atónita de Alex, un guarda en su último viaje, que se convertirá en el custodio de cuatro valiosas cartas.

Quiero empezar con de las mejores definiciones de amor que conozco:

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
(...)
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor”.
Corintios 13 (en la Biblia)

El punto fuerte de la obra: la dirección musical de Gabriel Senanes.
Pasos de Amor es una obra donde la música interviene constantemente, y no se limita a números musicales aislados. La gran obertura, al estilo de los musicales más clásicos, anticipa la importancia que tiene la orquesta de 12 músicos, que sonó perfecta durante toda la función. Ya se sabe que, hoy por hoy, no es frecuente que nos enfrentemos a una orquesta poblada, pero esta superproducción nos da esa posibilidad. Tiene un rol clave: interactuar emocionalmente con lo que estamos viendo, acompañando lo que atraviesan los personajes.
Por eso, a Senanes, encargado también de la música original, no le interesó ni componer canciones simples ni que se convirtieran en hits (para que el espectador las recordara al salir del teatro). Buscó que las canciones acentuaran la expresión. Leyendo sus palabras en el programa de mano, me encuentro con que él mismo deja esto en claro: “todos entregando cuerpo y alma a una música sincera, creada con la secreta ambición de que no tenga vacíos expresivos”.
En esa tarea, no le teme a los contrastes rotundos, incluso dentro de una misma canción (por ejemplo, un personaje está cantando y, de repente, emerge todo el coro con una melodía más potente). Además, la música atraviesa varios estilos, según el tono de la obra y el personaje. Eso es algo positivo, porque permite que no se estanque, y forma un collage atractivo. Para mí, las incursiones más logradas fueron las de carácter operístico, los corales y el número de jazz.
Senanes trata de que esta variedad no termine por sonar forzada, y por eso trabaja con sutileza durante las transiciones. Dosifica, por otra parte, el trabajo coral del ensamble, que le aporta estridencia, y en el que se nota la mano maestra de Gerardo Gardelín (director vocal). Entonces, coordinar a 12 músicos por un lado y a 18 miembros del ensamble por el otro, más la participación solista de los protagonistas, y lograr que todo esto suene bien y sincronizado en vivo es una tarea digna de reconocimiento.

Hay que decir que quienes integran este ensamble no tienen muchas oportunidades para destacarse individualmente, sino que tienen que funcionar como una multitud. No obstante, algunos tienen más de un rol, porque intervienen brevemente durante ciertas escenas, donde se vuelven esenciales.
La coreografía de Omar Saravia hace pasar por distintos estados de ánimo a este personaje colectivo, como durante la escena de la “bronca”. Entonces, el ensamble se convierte en un sostén importante, porque es en él, por ejemplo, donde los protagonistas ven reflejados los padecimientos del mundo.
El pintoresco y surtido vestuario de Mini Zuccheri, junto con el diseño de maquillaje y peinado de Néstor Pumar, logran que la muchedumbre sea heterogénea y que sume impacto visual a una puesta ya de por sí visualmente impresionante.

Con respecto a este punto, hay que aplaudir la imponente escenografía de Alberto Negrín, con una locomotora que se mueve en escena, hecha humo y baja por una plataforma como su pieza más importante. La estética grandilocuente, junto con el diseño de iluminación de Gonzalo Córdoba, le otorga a ciertos tramos de este viaje proporciones épicas, con un despliegue inusual para las obras de origen argentino en los últimos años. Córdoba sabe, también, que debe haber momentos más intimistas, como los de las revelaciones que tienen Inés y Lolek.
Sobre dos pantallas, se realiza un juego de proyecciones muy funcional a la trama, que a la vez escapa de ciertas convenciones. Por ejemplo, al mostrar en blanco y negro el paso de las hojas de los árboles para sugerir el movimiento del tren, en vez de un típico paisaje fluyendo en forma horizontal.

 En cuanto a lo vocal, debo decir que Paula Almerares (Anna, la mujer del guarda) tiene un desempeño arrollador, demostrando su condición de soprano de calidad con un par de notas impecables. Los mejores momentos vocales son los suyos, y hace gala de una técnica rigurosa.
Sin embargo, también me gustó el solo de Rodrigo Segura (Michael/Martin Luther King), con un final magnífico, y la voz de María Paula Ferrari (Inés/Madre Teresa). Además, desde lo actoral, es Ferrari quien brinda la interpretación más cálida. Según el programa, no realizó ningún otro musical profesional, así que considero que ella es el gran hallazgo de Pasos de Amor.
Rodrigo Pedreira, afianzado en el escenario, es un Lolek/Juan Pablo II convincente y con el carisma propio de su personaje. Una perlita de la función de estreno: cuando Pedreira estaba recitando parte del famoso soliloquio de Segismundo en “La vida es sueño”, la señora que tenía al lado le comentaba a su acompañante “Es de una obra de García Lorca”. Al escuchar esto, casi me agarra taquicardia (es de Calderón de la Barca).
Luego de hacer varias obras en el off, Lionel Arostegui pasó a un musical comercial sin que se lo note incómodo, y compone a un Mohandas/Mahatma Gandhi enigmático.
Juan Rodó (Alex, el guarda), en un bienvenido aire fresco a su carrera, se aleja de los personajes atormentados y sigue demostrando sus condiciones vocales.

El libro de Rafael Jijena Sánchez tiene como punto de partida una gran idea. Conviene aclarar que él no decidió encarar las biografías de cada una de las personalidades, sino centrarse en su encuentro ficticio en un tren, y por eso no hay que ir esperando muchos detalles de su vida. A partir de esto, los hace exponer sus ideales de forma simple y amena, incluyendo algunas de sus frases y datos interesantes sobre sus vidas. Es una imagen muy poderosa la de aquellas grandes personas compartiendo un mismo vagón. Me pareció, sin embargo, que la obra podría haber sido un más extensa, para profundizar un poco más, aunque entiendo que se hubiera corrido el riesgo de transformarla en un panfleto sin mérito teatral.
Fue una buena idea darle pinceladas oníricas y hasta secuencias propias de un musical conceptual, que rompen con las paredes del tren para poder explorar la mente de los personajes y rasgos de su pasado/futuro de una forma teatral, incluso, con la participación del ensamble. Es interesante que haya querido insertar algunos puntos de oscuridad en la narración. Una muestra de esto es la inclusión de las tres Parcas, a pesar de que no tengan un rol fijo.
Aunque Pasos de Amor se hubiera hecho con una puesta minimalista y un elenco chico, el concepto principal hubiera sido igual de bueno, y Jijena Sánchez sabe que es la esencia (las convicciones de los protagonistas) lo que lo hace poderoso.

Al director escénico Daniel Suárez Marzal y al director asociado Gabriel Rosas les tocó la tarea de lidiar con un montaje complejo, pero su trabajo se ve preciso. Le otorgaron dinamismo a la obra, aprovechando la forma en que está concebido el libro y el despliegue visual. Una buena resolución escénica es la que muestra, en paralelo, una celebración religiosa con coro góspel de la que participa Michael y a Mohandas en un juzgado.
Durante la escena final, me resultó conmovedor ver a todo el equipo entregado a una canción. Fernando Marín, el productor general, tuvo una idea descabellada al lanzarse a producir un espectáculo tan grande en los tiempos que corren (hasta el programa de mano tiene una calidad óptima), pero le agradezco que se haya jugado por contar esta historia.

Siempre conviene tener en cuenta a estos cuatro héroes, que arriesgaron todo porque confiaron en el poder del amor. Fueron verdaderos revolucionarios desde su actitud pacífica, y marcaron al mundo. Es impresionante pensar que sólo el amor les bastó para transformar la realidad, y que entregaron todo desinteresadamente para mejorar la vida de los demás. Hoy, son un ejemplo indiscutible. En efecto, sólo el amor construye, y este es un mensaje que nos viene bien hoy en día y en el contexto en el que estamos sumergidos, donde la tendencia no es dar pasos, sino estancarse en una zona de confort que no nos beneficia como sociedad. Madre Teresa, Martin Luther King, Juan Pablo II y Gandhi fueron en contra de la corriente, demostrando que no es el poder ni el dinero lo que lleva a un mundo mejor, sino un cambio de mentalidad.
Como muestra la obra, los protagonistas no se convirtieron en grandes personas de la noche a la mañana. Fueron dando pequeños pasos de amor. A eso estamos llamados nosotros; a tener pequeños gestos que hagan la vida del prójimo un poco mejor, y así crecer todos juntos. Si nos ayudamos entre todos, dando todos los pasos de amor que podamos aunque cueste, sosteniendo a aquellos que no pueden darlos por sí solos y dejándonos empujar para dar aquellos pasos que no nos animamos a dar, vamos poder salir de los pantanos donde nos metamos y recorrer mucho más. Tal vez no sea una forma de vivir muy cómoda, pero es la más plena y la que le da un sentido a nuestra existencia.

En resumen: Una producción colosal y dinámica para toda la familia, que presenta los valiosísimos ideales de cuatro héroes que dejaron infinitas huellas en nuestra historia, amaron al extremo y vivieron por los demás. Una gran apuesta por el teatro musical de origen argentino, con una orquesta impactante y la arrolladora participación de la soprano Paula Almerares.
-.-.-.El Espectador Crítico de Teatro Musical.-.-.-

Más información:
Dirección escénica: Daniel Suárez Marzal
Elenco: Juan Rodó, Paula Almerares, María Paula Ferrari, Rodrigo Segura, Rodrigo Pedreira, Lionel Arostegui, Anahí Core, Sergio Di Croce, Alejandro Zanga, Alexia Martinovich, Alfredo Martínez, Ana de Vicentis, Anabella Simoneti, Carlos Da Silva, Daiana Liporati, Ezequiel Fernanz, José Luis Bartolilla, Julio Irigoyen, Lucien Gilabert, Matías Prieto, Melina D'Angelo, Nicolás Serraiti, Sheila Saslavski y Sol Montero
Production stage manager: Florencia Falconi
Stage manager: Verónica Nijensohn
Director técnico: Matías Carbia
Comunicación y prensa: Alejandro Veroutis, Alejandro Andolfi y Sandra Beerbrayer
Diseño gráfico: Felicitas Calvo

Teatro: El Nacional (Av. Corrientes 960 - 4326-4218)
Duración: 1 hora y 35 minutos
Precio de las entradas: desde $160 a $280
Funciones: miércoles a sábado a las 21 hs. y domingo a las 20 hs.


 Para cerrar, les dejo imágenes de un tren de papel que armé para esta nota, inspirado en la obra.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Crítica de "El hijo del fin del mundo... el origen", de Lautaro Metral

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de El hijo del fin del mundo… el origen

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro El Ópalo).

Calificación: 6.5 /10 


¿De qué se trata?: Una fábula musical que transcurre en un mundo post-apocalíptico y en crisis. Un grupo de pintorescos personajes viaja en una caravana flotante, buscando dónde instalarse. En eso, se les une un nuevo integrante: un actor fugitivo.

El punto fuerte de la obra: la actuación de Renzo Morelli como el “Loco”.
Aunque tiene a cargo un rol secundario, Morelli puede destacarse gracias a que sabe interpretar la extravagancia de su personaje y se apropia de ella durante toda la obra. Su mirada y el movimiento de su mano se vuelven partes indispensables de su composición. Además, es el integrante del elenco que demuestra tener mayor proyección vocal, tanto al cantar como al hablar.

El elenco (Lionel Arostegui, Leandro Bassano, Marta Mediavilla y Renzo Morelli) funciona como un equipo, y todos comparten el mismo entusiasmo por la obra. Bassano es quien lleva adelante la mayor parte de la acción, y lo hace con convicción.

Por otra parte, el texto de Lautaro Metral es delirante. La obra se promociona como una fábula musical, pero yo diría que, además, es un musical surrealista. Ciertamente, el ambiente es onírico y, por lo menos a mí, me pareció que se exploraba el inconsciente (aunque, por supuesto, el contenido de semejante locura está sujeto a múltiples interpretaciones). Como ya he dicho en otro caso, lo de locura lo digo cariñosamente.
Entonces, el espectador debe descifrar qué le está diciendo la obra, porque no todo es explícito. Esto puede desalentar (y hasta horrorizar) a los espectadores más conservadores. Reconozco que a mí me costó un poco acostumbrarme al estilo de la obra durante los primeros minutos. Metral sabe que esto puede pasar y lo blanquea, dado que el personaje de Leandro Bassano actúa como un intérprete para que el público no se confunda (aunque esto seguirá siendo relativo). No obstante, después de ese período inicial, me acostumbré y pude disfrutar del relato y de su originalidad.
Metral quiere hacernos pensar, y busca que seamos cómplices de eso. Por ejemplo, dispara reflexiones a través de paradojas o propone situaciones que, aunque están enmarcadas en un mundo de fábula y post-apocalíptico, resultan ser una crítica o una alusión a una particularidad de nuestro mundo. También, juega con las palabras y hace hablar a sus personajes en verso. Entonces, crea los códigos de su propio universo, y eso es algo interesante, aunque el espectador deberá completar la información que se provee con su imaginación.
En las letras de canciones, mantiene el espíritu alocado. Gracias a la conjunción entre la letra y la música con fines humorísticos, logra una consumar gran escena, donde el personaje de Leandro Bassano se une a la caravana, y debe conseguir un pasaporte, un préstamo y una vocación.
Las melodías están en sintonía con la obra, en vez de buscar el lucimiento vocal a cualquier precio. En ese sentido, Metral comprende cómo crear una obra artística completa, con coherencia entre sus partes.
Es por esto que los intérpretes no tienen muchos momentos para destacarse por su pericia vocal, pero no resulta necesario. Lo importante es contar la historia. No obstante, aunque está fuera del contexto del relato, el solo de Leandro Bassano, “Cuatro paredes”, es uno de los mejores momentos de la obra. La letra reflexiona sobre la magia del teatro y su experiencia lúdica; sobre cómo esas cuatro paredes son en realidad tres.
Por otro lado, la canción “Caravana” resulta sumamente efectiva y pegadiza.
Me gustó que hubiera un tecladista en vivo.
Como la función se realiza sin micrófonos, a veces los intérpretes pierden la posibilidad de que los escuchemos cantar o hablar en un tono más bajo, para darle matices a su interpretación. No es que no lo hagan, pero puede que esos instantes no sean perfectamente audibles. Por suerte, esto no pasa durante toda la obra, y el texto se puede seguir sin problemas, gracias al esfuerzo de los actores (sobre todo, como ya he explicado, por parte de Renzo Morelli). Además, la sala es chica como para requerir micrófonos.
Eso sí, yo estuve de pie al fondo toda la función (el 30/9). Parece que las entradas se habían sobrevendido. Aclaro que todos los presentes pagamos nuestras entradas. Calculo que este error no se habrá repetido. De todas formas, a mí no me molestó, pero entiendo que alguien se pueda quejar. Pude estar al lado de Metral (también de pie) y ver sus reacciones, y se lo notaba muy comprometido con la obra, disfrutándola.

 Lucila Rojo se encargó de la escenografía y el vestuario, que se caracterizan por la extrema simpleza. Esto se debe a que, para esta corta temporada de la obra en El Ópalo, se decidió hacer una versión más intimista, sin gastos que encarezcan innecesariamente la producción, con un solo músico y con escaso maquillaje. Por eso, se agregó la frase “el origen” al título, puesto que se recrea el clima de los ensayos. Es una decisión interesante, que refuerza que la importancia del texto y las canciones por sobre la puesta. Aunque los actores pasan un tiempo considerable sentados, se las arreglan para desplazarse en el pequeño espacio disponible, gracias a la dirección de Lautaro Metral. El recurso de la lamparita de luz estuvo bien planteado.

Hay que decir que, por ahora, no hay más funciones de El hijo del fin del mundo… el origen. Sin embargo, es muy probable que, dada su repercusión, vuelva por una nueva temporada. En la función a la que asistí, hubo gente que quedó fuera de la sala, por lo que Renzo Morelli bromeó, al final, “Les pedimos que no recomienden la obra”.

También debo remarcar que Marta Mediavilla ganó el Premio Hugo a la mejor actriz de un espectáculo off por esta obra. Dato cholulo: su madre, Patricia Sosa, me cargó por haber llevado un sweater, con el calor que hacía, y se rió porque ella había hecho lo mismo.

Quería cerrar haciendo alusión a un excelente cuento de Cortázar llamado “La autopista del sur”. No es parecido a El hijo del fin del mundo, porque Cortázar introduce lo fantástico en un contexto realista, y la trama es distinta. No obstante, hay algo del sentimiento del personaje del actor (que interpreta Bassano) durante el final de la obra que me remitió a cómo se siente el protagonista del cuento en el desenlace. Si tienen tiempo, les recomiendo que lo lean, porque es increíble. Lo pueden encontrar completo acá:

En resumen: Un texto delirante de Lautaro Metral, que transcurre en un universo de fábula, propone una experiencia lúdica e invita a la reflexión. La puesta es despojada, y la acción dramática es llevada adelante por cuatro intérpretes, acompañados por un tecladista para las canciones. Una de las propuestas off más interesantes del año.

Más información:
Dirección: Lautaro Metral.
Teatro: El Ópalo (Junín 380) – elopaloteatro@gmail.com.
Duración: 1 hora.
Precio de las entradas: $60.

Producción: Pim Pum Pam Têatre.