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jueves, 27 de agosto de 2015

Crítica de "Burlesque al Cubo", de Nicolás Pérez Costa

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Burlesque al Cubo,
certamen de talentos

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro El Cubo)

Nivel: 6 /8


¿De qué se trata?: Los dueños de un teatro en quiebra hacen su último intento por salvarlo, convocando a sus antiguas amantes, ahora grandes estrellas, para montar un espectáculo que aseguran será un éxito. Esta será la excusa para transportarnos a un burlesque contemporáneo, donde se jugará con lo que ocurre delante y detrás de escena y además se llevará a cabo un verdadero certamen de talentos (a modo de reality show teatral).

El punto fuerte de la obra: Gabriela Bevacqua.


Siempre es interesante toparse con un espectáculo distinto de todo lo que uno ha visto. Seguramente, esto represente Burlesque al Cubo para la mayoría de los espectadores. Difícil de encasillar y ecléctico, resulta una propuesta original (incluso, distinta de una versión anterior que se había presentado con el mismo título). Tratemos de explicar un poco cuál es el espíritu de este music hall.
 Todo comienza a partir de una anécdota deliberadamente simple: los dos dueños de un teatro al borde de la quiebra deciden convocar a sus antiguas amantes para montar un show que reviva sus épocas de esplendor y atraiga inversores. Cada uno le envía la invitación a dos mujeres y, por supuesto, cuando todos se reúnan no faltarán desplantes, enredos y discusiones. Si esperan que esta historia tenga un desarrollo tradicional, saldrán decepcionados, porque este punto de partida no es más que un hilo conductor que le sirve de base a todo lo demás.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Crítica de "SpangTrash", de Judith Cabral y Matías Puricelli

Categoría: UNIPERSONAL MUSICAL

Crítica de SpangTrash

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (La Pausa Teatral)

Nivel: 7 /8


¿De qué se trata?: Obra con canciones pop contemporáneas. Una noche de resaca, Jey (Judith Cabral) queda encerrada accidentalmente en el baño de su casa… encierro que será también puerta a la libertad. Un recorrido pop por el desamor y la búsqueda de identidad. ¿Quién no le contó en el baño a sus fantasmas y tristezas? A veces necesitamos encerrarnos para conocer lo más profundo de nuestro ser.

“Just a second we’re not broken just bent
and we can learn to love again”

SpangTrash nos presenta una separación amorosa en tiempos de los celulares, las playlists, el streaming y el shuffle y demás. Es, a su vez, el retrato de una cultura y del paso de la niñez a la adultez (reflejado en un cambio de perspectiva respecto del prince charming arquetípico de las películas de Disney). Pero todo esto se expone en la dramaturgia con deliberada mesura, porque las protagonistas son las canciones, y son ellas las que van hilvanando los sentimientos de la protagonista y modificando su forma de pensar. En realidad, las letras se convierten en pensamiento, vuelven a la consciencia pero son resignificadas en el contexto que atraviesa Jey. Ya no son simple entretenimiento, sino que operan enérgicamente en la vida de esta mujer (la cultura se asimila y se convierte en acción). Es por esto que, por más que puede no haber sido planteada así, sostengo que SpangTrash termina siendo una historia sobre el poder sanador del arte. El show evolucionó del simple recital que podría haber sido para mostrar un costado catártico de la música. Y la catarsis fue una función constante de este arte a lo largo de las décadas, tal como lo fue para una deprimida Bridget Jones (a quien se hace referencia en la obra). Pese a que Jey quiere superar sus frustraciones con alcohol, es la música la que surge y le hace ver las cosas de otra manera, enfrentándola con una sociedad moderna estereotipada y a la que le cuesta madurar.

jueves, 19 de febrero de 2015

Se estrena "Todo Piola", de Gustavo Tarrío y Guadalupe Otheguy

Categoría: OBRA CON CANCIONES

Se estrena Todo Piola

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro del Abasto)
  

Por el momento, no voy a poder asistir a esta obra y redactar la crítica. Sin embargo, no quería dejar de publicar la información central que concierne a este original experimento teatral. Todo piola está dirigida por Gustavo Tarrío (que tiene experiencia en teatro, cine y TV) y cuenta con las actuaciones de Eddy García, Carla Di Grazia (una bailarina que viene de realizar un trabajo impresionante en La Wagner) y Guadalupe Otheguy (que aporta sus canciones). El estreno será el viernes 20 de febrero.

viernes, 3 de octubre de 2014

Crítica de "22:22 Crónicas de un mundo absurdo", de Lautaro Metral

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de 22:22
Crónicas de un mundo absurdo

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2014 (El Método Kairós)

Nivel: 6.5 /8
(Faltan 2 obras para completar el grupo de 3)


El punto fuerte de la obra: la dirección de Lautaro Metral.
*Nota: Si estás en la versión para celulares del blog, puede ser que no veas correctamente el texto que está debajo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Crítica de "Santa María, Ópera Rock", de Sergio Cohen Salama y Gastón Grinszpun

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Santa María,
Ópera Rock

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Centro Cultural Sábato).

Nivel: 6.5 /8
(Se completó el grupo. Ya podés votar en la comparación Nº2, que aparece bien arriba en la franja de la derecha. Más detalles al final de esta crítica)


¿De qué se trata?: El tiempo transcurre desde el año 1942 al 2014, Ciudad de Santa María. Las fuerzas policiales están bajo el mando de un dictador. Un grupo de jóvenes, guiados por El Idealista, se alza en busca de la libertad. La música es la que cuenta la historia, mientras el protagonista se enfrenta a su destino, a través del tiempo, la muerte, el amor, el poder, los ideales y lo más bajo de los seres humanos.

El punto fuerte de la obra: la puesta de Natalia Tamara Rosa (dirección) y Alejandra Farias (asistente de dirección).

Para empezar, me parece pertinente definir qué es una rock opera u ópera rock, para aquellos que no estén familiarizados con el término. Además, porque este no remite a un significado unívoco. Voy a dar una aproximación muy breve, para no apartar el foco de la obra que nos ocupa. En líneas generales, distingo dos tipos de ópera rock, y los voy a presentar a través de pioneros y casos emblemáticos: 

jueves, 21 de agosto de 2014

Crítica de "Para tibio, pastel de manzana", de Carla Liguori, Javier Raffa y Alejandro Brukman

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Para tibio, pastel de manzana

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro El Método Kairós).
NOTA (2015): 2º TEMPORADA TAMBIÉN EN EL MÉTODO KAIRÓS.
DOMINGOS A LAS 20:30 HS.
Entradas: $150. Promoción: 2 x $250 + CD de la obra de regalo.
¡RECOMENDADÍSIMA OBRA! El mejor musical actualmente en cartel.


Nivel:
Estrella Verde
 (Le doy “estrella verde” a las obras que están muy por encima de la media y que, por esto, merecen trascender los parámetros habituales de calificación. Desde la implementación del nuevo sistema, solo esta obra tiene “estrella verde”)


¿De qué se trata?: De nueve historias que giran y se entrecruzan, en una propuesta interactiva que nos invita a reflexionar sobre las elecciones que tomamos en nuestra vida y su incidencia. Además, el público puede decidir el destino de cada vida jugada arriba del escenario.

El punto fuerte de la obra: el libro y las letras de Carla Liguori y Javier Raffa.

Hace algunas semanas tuve un debate con la amiga de una amiga. Ella me dijo: “Tenés que confiar más en que todo pasa por algo”. Le dije que eso me parecía cuestionable, pero sostuvo que el azar no existía. Frente a semejante determinismo (casi propio de los griegos a.C.), respondí: “Sin embargo, cuando alguien quiere tomar una decisión tirando una moneda, puede repetir esta operación varias veces con altas probabilidades de que se le presenten alternativamente los dos resultados: cara y seca”. La discusión siguió, pero el punto es que mi conclusión me remite a parte de lo que muestra este musical: nuestra vida es una puja entre las decisiones que tomamos (o intentamos tomar) y lo inevitable. Sin dudas, hay innumerables cosas que escapan a nuestro control (quiénes son nuestros padres, por poner un ejemplo de la obra). No elegimos estar vivos, y no obstante somos un conjunto de billones de células que se organizaron perfectamente a partir de dos. ¿Podemos elegir libremente y a consciencia qué hacer con lo que nos viene dado?

sábado, 14 de junio de 2014

Crítica de "Juegos de fábrica", de Nicolás Manasseri, Iván Mazzieri e Ignacio Arigos

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Juegos de fábrica

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro El Método Kairós).

Nivel: 6.5 /8
(Faltan 2 obras para completar el grupo)


El punto fuerte de la obra: la dirección actoral y puesta en escena de Nicolás Manasseri.
Manasseri supo usar todo el espacio escénico para montar la obra y es interesante ver cómo dispuso las entradas y salidas de cada personaje. Por ejemplo, cuando Uno (el líder) no está, hay cierto suspenso, porque uno no sabe qué podrá suceder si irrumpe y se encuentra con tal o cual situación. Otros factores apuntalan esa sensación inquietante: se escuchan las voces de los personajes que se van acercando y hay otros que sólo contemplan la escena y cuyo silencio intriga. Todo esto nos habla de que, pese a que la fábrica tenga sus recovecos, nada ni nadie puede escapar de ella.
Pero es a través de las interacciones del comprometido y enérgico elenco que Manasseri logra alcanzar una atmósfera sombría, por momentos, e intensa, por otros.

Veamos algo sobre el libro (también de Manasseri) para poder avanzar sobre ese punto. Si el mes pasado, en la crítica de L-14, te contaba que el panadero de la esquina de tu casa tenía poder y que las madres ejercían poder sobre sus hijos, esta vez nos toca reflexionar sobre el poder dentro del mundo infanto-juvenil. Un tema muy valiente, hay que reconocer. Muchas veces la sociedad idealiza esa etapa de la vida, ignorando lo compleja que es por estar sujeta a un alto grado de vulnerabilidad. Por supuesto, es también un período de grandes cambios. Y, por más que a varios padres les pese, los chicos y preadolescentes no están exentos de perversión. En la obra, todo esto se nos muestra a través de situaciones que no conviene adelantar, pero que ponen a prueba la ductilidad del elenco, que debe ir de un lado a otro, en medio de un juego frenético que roza los límites entre lo lúdico y lo retorcido y cruel.
Pero, ¿de dónde vienen estos impulsos violentos? ¿Cuál es la fuente de oscuridad? Les aseguro que no es la fábrica, sino lo que nunca se ve pero que está sobrevolando cada una de las conductas de los personajes: sus padres. Indudablemente, y hablando ahora de la vida real, lo que sucede en la casa afecta el comportamiento de los chicos y preadolescentes (“Si vos tuvieras otros papás, nos serías vos”, diría uno de los personajes). Tuve la oportunidad de coordinar talleres con niños, de los cuales muchos vivían en realidades complicadas, con enorme necesidad de afecto. El contexto donde se manejaban día a día afectaba su comportamiento, y por momentos había un fuerte clima de violencia. Me acuerdo que incluso, una vez, tuve que negociar con una especie de mafia infantil que le había desinflado la rueda de la bicicleta a un chico.
Pero no quiero desviarme demasiado, así que volvamos al planteo de la obra. Esa gelidez que rodea a los personajes es, evidentemente, fruto de la apropiación de las reglas del sistema de los adultos. Es más, podríamos decir que es una mecanización, unida al concepto de fábrica. Los chicos se vuelven instrumentales y se establecen reglas ridículas (como el pago del alquiler) y jerarquías. Convengamos que en nuestra vida cotidiana siempre hay un niño que toma el control del juego y trata de dirigir a los demás, pero en Juegos de fábrica esto se lleva al extremo del autoritarismo y la discriminación. Por esto, nos recuerda a la novela británica El Señor de las Moscas, de William Golding.

El elenco de la obra transita permanente tensión. Cada cual desprecia el sistema y el despotismo de Uno, pero tiene el sueño secreto de dominar a los demás y, además, se ha vuelto adicto al juego y no sabe qué otra cosa podría hacer aparte de estar en esa fábrica. La imagen de estar sin los padres y con un grupo de semejantes siempre atrae a los chicos por la libertad de acción y de exploración de varias aspectos que implica, y esto se refleja en Juegos de fábrica.
El nivel de los actores es parejo y se nota el trabajo en equipo, pero quiero destacar a Martina Zapico (Segundo) por su interesante composición y a Fernanda Provenzano por su forma de moverse en el escenario y su buena dicción.

Claro, la obra transcurre en el siglo XX, pero ¿qué sucede hoy en día? Muchos chicos abandonaron el juego cara y se meten a diario en el universo virtual. Incluso, pueden estar en la misma habitación, pero cada uno metido en su soporte tecnológico. ¿Y las ansias de liderazgo, competencia, poder y trasgresión de los límites? Se mantienen. Por eso es que escuchamos tantos casos de cyberbullying o sexting, donde el control de los padres está ausente, al igual que en la obra. Aclaremos que muchos de esos padres también quieren adquirir una posición dominante en las redes sociales, y están pendientes de cada “Me gusta”.

La música de Iván Mazzieri (letra y música) e Ignacio Arigos (música) trata de contarnos eso que están pensando o sintiendo los personajes, pero que no pueden expresar en voz alta. Por eso, irrumpe en forma de rock, como si, por lo menos dentro de su mente, quisieran decir fuerte y claro lo que les pasa, sin límites y sin miedos. Esto se condice con la potencia de la banda en vivo y de las voces. La inserción de estos momentos musicales, que emulan a recitales de rock, está subrayada por el frenético cambio de luces (diseñado por Christian Graciano). Los personajes miran a los espectadores, haciéndolos partícipes, y también bailan desatados. La coreografía de Fernanda Provenzano marca algunos movimientos mecánicos (unidos a la fábrica) y los alterna con otros de descontrol. También hay violencia en las coreografías, como si los chicos no pudieran despegarse de esa forma de relacionarse o no pudieran canalizar sus problemas de otra forma. Agarran elementos de la fábrica como si fueran micrófonos de mano (al mejor estilo Despertar de primavera).

La dirección de arte de Lu Rojo y Fernanda Provenzano propone un espacio con elementos amontonados, que permiten recomponer tanto el concepto de fábrica abandonada como el de juego (los chicos le atribuyen a los elementos un uso distinto a partir de la imaginación). El vestuario de Provenzano, poco colorido, acompaña los rostros demacrados de los personajes (a partir del maquillaje).

Me gustaría cerrar con el principio de una canción del musical Into de Woods, con letra y música del gran Stephen Sondheim, que tendrá pronto una adaptación cinematográfica (la experiencia nos muestra que las películas no suelen estar a la altura de los musicales originales, pero veremos qué pasa con esta y con Jersey Boys). La canción es “Children will listen”, e incluyo una traducción debajo, en la que no respeté ni la métrica ni la rima porque quiero ser fiel a lo que dice el contenido:

How do you say to your child in the night?
Nothing's all black, but then nothing's all white
How do you say it will all be all right
When you know that it might not be true?
What do you do?
Careful the things you say
Children will listen
Careful the things you do
Children will see and learn
Children may not obey, but children will listen
Children will look to you for which way to turn
To learn what to be
Careful before you say "Listen to me"

¿Qué le decís a un chico a la noche?
Nada es sólo negro, pero nada es sólo blanco
¿Cómo decir que todo va a estar bien
cuando sabés que puede no ser verdad?
¿Qué podés hacer?
Cuidado con las cosas que decís
Los chicos escuchan
Cuidado con las cosas que hacés
Los chicos van a ver y aprender
Los chicos podrán no obedecer, pero los chicos sí escuchan
Los chicos te mirarán a vos para ver hacia dónde orientarse,
Para aprender cómo deben ser
Cuidado antes de decir “Escuchame”


Más información:
Dirección general: Nicolás Manasseri
Dirección musical: Iván Mazzieri
Elenco: Renzo Morelli (Uno), Fernanda Provenzano (André), Nacho Medina (Fausto), Belén Ucar (Raúl), Martina Zapico (Segundo), Lu Fernández Méndez (Ana) y Maru Villamonte (Juana)
Músicos: Iván Mazzieri (bajo), Ignacio Arigos (guitarra) y Alejandro Roig (batería)
Asistente de escenografía y vestuario: Agustina Bonessi
Asistente general: Santiago Muños
Producción ejecutiva y producción general: Iván Mazzieri y Nicolás Mansseri

Teatro: El Método Kairós (El Salvador 4530, Palermo)
Duración: 1 hora y 25 minutos
Precio de las entradas: $90
Funciones: jueves a las 21 hs.
Fotos: https://www.facebook.com/pages/Juegos-De-Fábrica

martes, 22 de abril de 2014

Crítica de "Desde mis ojos, una zambita cruel", de Juan Álvarez Prado, Franco Moretti y Hernán López Sosa

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Desde mis ojos, una zambita cruel

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Gargantúa).

Calificación: 7.5 /10

Una imagen que armé inspirada en la obra

¿De qué se trata?: Situada en Buenos Aires, en los años 50. Un rígido dueño de estancia y su hija adolescente, marcados por la tragedia, reciben a Lucas, el primo de la joven, que ha llegado de la ciudad para trabajar en el campo. Con el transcurso de los días, surgirá un amor prohibido, del que será testigo un caballo que los primos intentan domar. De hecho, veremos esta historia desde sus ojos.

El punto fuerte de la obra: la dirección de Juan Álvarez Prado.
El creador y director de Embarazados, ecografía de una espera (uno de los mejores musicales off que recuerdo haber visto en los últimos años) regresa con un material muy distinto, pero reafirma su efectividad para contar una historia. Sin dudas, un rasgo positivo de Desde mis ojos es que logra crear una atmósfera, y esto sólo puede suceder cuando se cuidan todos los detalles. Así, la pieza envuelve al espectador en un ambiente áspero, severo y salvaje. No necesitamos ver demasiado del campo para sentir que estamos en él. Tampoco requerimos que haya animales en escena.
En manos de algún creador desprevenido, es muy probable que el efecto no hubiera sido tan subyugante, porque varios han explorado ese espacio con bastante artificialidad. Pero Álvarez Prado parece conocer la esencia del ámbito rural lo suficientemente bien como para recrearlo en pocos metros cuadrados, en pleno Colegiales. A esto se suma el hecho de que no sólo quiere que viajemos en el espacio, sino también en el tiempo. Entonces, es ahí cuando el marco adquiere una rigidez mayor, propia de los códigos sociales de los años 50… aunque muchos de los prejuicios siguen siendo los mismos. Me detuve en todo esto para mostrar lo bueno que es tomarse un tiempo para crear una base sólida y decidir qué es lo que una obra pretende ser para lograr mejores resultados.

Retomando lo importante de la sugestión para transportar al público, nos topamos con la memorable interpretación de Patricio Witis, en la piel de un caballo. Algunos musicales de Broadway ya han usado actores para hacer de animales. Es el caso de Cats, El Rey León y El Mago de Oz. No obstante, estos siempre estaban inmersos en un mundo inverosímil, en el que podían hablar. Desde mis ojos plantea otro desafío: que un actor interprete a un caballo dentro de un entorno realista y que, para colmo, el caballo pueda oficiar de narrador y hasta cantar. Lo que podría haber sido ridículo o bizarro y hacer virar el registro de la obra hacia el absurdo está trabajado de tal forma que este detalle es sumamente poético. Además, está perfectamente integrado al espacio, dado que uno le cree a Witis que es un caballo y que vive en un corral. Tampoco esperen ver una versión argentina de Mr. Ed, porque este animal no se comunica verbalmente con los humanos, sino que atestigua lo que sucede y reflexiona con seriedad.
Como se verá, es un personaje complejo, y Witis cumple en exceso (apuntalado por Álvarez Prado). Con el torso desnudo, prescinde de cualquier referencia a un equino desde el vestuario, sino que compone desde lo físico. Captura movimientos reconocibles en los caballos y los reproduce con una combinación de habilidad y sensibilidad. Atraviesa, así, distintos estados del animal, como su brusquedad, su sufrimiento, su vínculo con las personas y su fuerza. Siempre mira hacia el frente, y permanece prácticamente toda la obra en escena.

Asimismo, el caballo es sólo uno de los elementos campestres que le sirven a Álvarez Prado (también autor del libro) para construir metáforas que enriquecen la narración. Tal es así que, en la última escena, termina conectando toda la historia con la idea de lo rural, pero no voy a adelantar más. Además, desarrolla la clásica tensión entre campo y ciudad, el romance juvenil, los conflictos familiares, la viudez y, como se dijo anteriormente, las convenciones de los años 50.
Otro tema que trata es el de la música (en este caso, folklórica) y su capacidad para transformar la realidad. Es por esto que las canciones no desentonan, al margen de que no son tantas. Por otra parte, un acompañamiento instrumental en guitarra (tocada en vivo por el compositor, Franco Moretti) marca el ritmo de varios momentos de acción dramática, y está más presente.
Acerca de las canciones, el género folklórico le sienta bien al relato. Me gustaría destacar dos piezas por su belleza compositiva: el solo de Lucas (donde el tempo rápido parece sugerir el veloz desplazamiento de los distintos paisajes a través de la ventana del tren) y el dúo entre los primos (acorde al romance blando que viven). Si bien se escucha folklore (a veces, con reminiscencias de la rama más moderna), hay también una zamba, que le da al espectáculo su subtítulo.
Hernán López Sosa es el letrista de las canciones, y sigue la línea de Álvarez Prado al incluir metáforas y reflexiones. Se nota que las canciones no están porque sí, sino para que los personajes puedan hablar a través de ellas (véase la relación especial que tienen el caballo y el tío de Lucas con la música y cómo van reaccionando ante ella).

Julián Rubino (Lucas), que había sido el cover masculino en Embarazados, maneja correctamente el equilibrio entre la inocencia de su personaje y su costado más impulsivo, y canta y toca la guitarra con seguridad y expresividad. Celeste Sanazi (Soledad) se va ablandando progresivamente como exige el guión, y tiene buena química con Rubino y una voz dulce. Mariano Muente (padre de Soledad) aporta la tensión en la historia. Se nota que se trabajó la unión del grupo en los ensayos, algo que suele suceder en proyectos off con pocos actores. Otro aspecto para señalar es la buena proyección vocal de todos, puesto que no usan micrófono pero se los escucha perfectamente.

La iluminación marca el día y la noche, pero siempre con tonos que nos alejan de la ciudad. La mencionada escenografía (de Alocarte), pese a ser sintética, logra generar tres espacios en un escenario reducido, a partir de la elección de componentes clave. El vestuario es sencillo.

Por último, las coreografías de Florencia López Mañan tienen una particularidad: no apuntan al baile folklórico, sino que permiten resolver ciertos desplazamientos que son difíciles de mostrar (por ejemplo, el juego de Lucas y Soledad con el caballo o la cabalgata).

En resumen: Una obra fantásticamente dirigida por Juan Álvarez Prado, que envuelve al espectador en la áspera atmósfera de un campo en los años 50. Un trabajo memorable de Patricio Witis, un texto con ecos poéticos, bellas canciones folkóricas y muy buenas interpretaciones garantizan que Desde mis ojos ya se posicione como uno de los espectáculos off más destacados del 2014. Una zambita cruel para vernos reflejados en nuestro lado más animal. Recomendada incluso para los no amantes del género musical.

¿Qué se puede aprender viendo esta obra?: Cómo sugerir un espacio y una atmósfera, a partir de pocos recursos, teniendo un planteo claro.


Más información:
Dirección: Juan Álvarez Prado.
Teatro: Gargantúa (Jorge Newbey 3563, Colegiales) – 4555-5596 info@teatrogargantua.com.ar
Funciones: lunes a las 21 hs.
Duración: 1 hora y 10 minutos.
Precio de las entradas: $70.
Fotografía: Bruno Moretti.
Diseño gráfico: Juan Ignacio Bruzzo.
Producción ejecutiva: Fiorella Costadoni.
Prensa: Daniel Falcone.
http://www.facebook.com/pages/Da-Capo-Producciones/462455630522166


Dato de color: si les gusta lo laberíntico, no se pierdan la oportunidad de subir al baño antes de entrar a la sala (es decir, al del bar).

martes, 8 de abril de 2014

Crítica de "El Cabaret de los Hombres Perdidos", de Christian Siméon y Patrick Laviosa

 Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de El Cabaret de los Hombres Perdidos
Título original: Le Cabaret des Hommes Perdus

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2012 – 2013 – 2014 (Teatro-Bar Molière).

Calificación: /10 
 

¿De qué se trata?: En Francia, Dicky se encuentra desprotegido y lastimado. Su mayor aspiración es ser un cantante reconocido. Tras encontrar asilo en un peculiar bar en la zona roja gay, el Destino en persona se hará cargo de su vida y lo impulsará a seguir un camino distinto del que él había pensado. Las (estrafalarias) personas con las que se encuentre lo modificarán de una manera especial. Esta obra trata como grandes temas la fama y la homosexualidad.

El punto fuerte de la obra: el libro de Christian Simeón.

Fui a ver la obra con uno de mis tíos, que es chef. Al finalizar, me dijo “Vos me trajiste a ver una obra francesa, y ahora yo quiero que conozcas la cocina francesa”. Fuimos, entonces, a un restaurant francés que queda a unas pocas cuadras de distancia la sala. Al entrar, un mozo nos alcanzó unas copitas con una bebida de un color rosa muy curioso, con burbujas pequeñas. Agradecí el ofrecimiento, pero dije que no quería. El monsieur me la dio igual. A mí no me atraen las bebidas alcohólicas, y no tomo ni una cerveza, pero me llamó la atención el aspecto de ese trago. Mi tío me explicó que se llamaba kir royal, y que es muy común en Francia. Me dije que, por lo menos a título anecdótico, tenía que dar un sorbo. Resulta que ese rosa centellante que parecía suave en realidad tenía cierta fuerza oculta. Esa minúscula cantidad bastó para experimentar cómo un ardor me recorría la garganta y se apoderaba de ella con burbujeante prepotencia. Para alguien como yo, no habituado a tomar bebidas de estilo, esto resulta una sensación súbita e inesperada. ¿A dónde quiero llegar? A que El Cabaret de los Hombres Perdidos es un kir royal.

Quiero adelantar que, al ser esta la tercera temporada, hablaré con un poco más de libertad acerca de algunos aspectos de la trama (como hice con Casi Normales), pero no voy a explicitar detalles cruciales.
Dicho esto, el espacio del Cabaret de los Hombres Perdidos funciona como una iniciación brusca para el personaje de Dicky (Esteban Masturini). Por eso lo comparo con el kir royal. Cuando él llega por primera vez, lo concibe como un lugar deslumbrante y promisorio (es su refugio). Principalmente, porque cree saber qué es lo mejor para él y que allí puede encontrar la forma de empezar a cumplir su sueño. No obstante, se topa con el personaje del Destino (Omar Calicchio), que tiene preparado algo distinto para él. Una vez que acepta su carta de recomendación, una fuerza imparable se irá apoderando de él y moldeando su futuro de forma irreversible. Mejor dicho, dos fuerzas: una está marcada por el Pasionómetro (ubicado a la izquierda del escenario) y la otra configura la identidad que no había podido asumir. El Destino lo aclara: será un viaje rápido, como aquella vertiginosa sensación que causa el kir royal a una garganta que nunca había recorrido. Por supuesto, todo cambio violento tiene sus consecuencias. Cuando se pasan a toda velocidad las hojas de un libro, uno llega al final sin haber tenido demasiada consciencia de qué fue lo que sucedió entremedio.
Pero a nosotros, los espectadores, el texto refexivo y simbólico de Christian Siméon nos deja un abanico de situaciones más que pintorescas y, en cierta medida, parece querer iniciarnos junto con Dicky en algunas cuestiones que podemos desconocer, a la vez que nos deja pensando. El público también quedará atrapado en el Cabaret, los personajes nos lo advierten más de una vez.
Siméon (también letrista) presenta escenas desopilantes y gags que albergan un costado sombrío, manejando contrastes permanentes. [Me hubiera gustado estar en la conferencia de prensa que tanto él como Patrick Laviosa dieron en Bs. As. y escuchar su visión, pero un compromiso anterior me impidió asistir.] La traducción de Pablo Rey (libro) y Roberto Peloni (letras) logró ser fiel a su ironía y contiene algunos juegos de palabras.

Lía Jelín pergenió un planteo actoral entre surrealista y expresionista, que dialoga frenéticamente con el absurdo y el patetismo, a tal punto que dejan de diferenciarse y lo que sucede en escena se vuelve una desconcertante celebración en medio del dolor. El vestuario de René Diviú y Omar Calicchio (que posibilita la multiplicidad de personajes a partir de cuatro actores), la escenografía de Diviú y la iluminación de Gonzalo Códova captaron ese ambiente híbrido e indeciso. La realización escenográfica del auto llama la atención en seguida.

La música de Patrick Laviosa es tan bipolar como el resto de la propuesta y transita distintos géneros, como el vodevil a varias voces (bien coreografiado por Seku Faillace) o solos más tradicionales, expresivos y melancólicos (pero no sin sus contrastes internos). La alternancia funciona bien para matizar la historia y darle ambigüedad.
Vale destacar que la sala cuenta con muy buen sonido.

La selección del elenco fue el factor determinante para que la obra funcionara (fue reconocida con el Premio Hugo de Oro a lo mejor de 2012-2013)… y para que siga funcionando en 2014. Capaces tanto de hacer reír como de afectar al público, los cuatro artistas cambian de registro y de personajes con convicción.
A Omar Calicchio (Destino) uno le cree todo lo que actúa o canta, en cualquier obra que esté. Es el protagonista de un número muy entretenido. Diego Mariani (tatuador) aporta la mejor interpretación vocal de la noche con su solo, porque cuando canta uno puede percibir los sentimientos de su personaje luchando por salir. Esteban Masturini (Dicky) consigue mostrarse desconsolado
y perdido y canta la melodía más destacada de la partitura de Laviosa, con una fuerte carga emotiva. Roberto Peloni (la transexual Lullaby) es quien debe teñir de alegría algunos momentos más oscuros.
En la función que presencié, el talentoso Gaby Goldman estaba sentado al teclado, manteniéndose en un rígido personaje con los brazos tatuados. Sin embargo, en el resto de las funciones, el músico será Fernando Albinarrate.

Una reflexión interesante que nos deja la obra (si no la vieron, recomiendo que se salteen estos dos párrafos) es que hay dos vías para lo que se podría llamar la paradoja de la “soledad acompañada”: la que involucra el contacto íntimo con tantas personas que ya no se pueden individualizar y pasan a ser parte del montón (un tatuaje más) y la que garantiza tal nivel de seguridad y certezas que todo se vuelve estático y aburrido.
Frente a los otros musicales con temática gay actualmente en cartel (… y un dia Nico se fue y Priscilla, la reina del desierto), El Cabaret... es el que se enfrenta con una realidad más escabrosa: la homosexualidad no se elige, y uno no puede evadir ese Destino. No hay escape del Cabaret, en el que uno se termina mimetizando, al punto en el que sólo puede respirar entre su humo y sólo puede ver en sus penumbras. La imposibilidad de torcer el destino puede suscitar angustia y desesperación. Mirándolo desde mi óptica heterosexual, me parece un texto muy valiente, que también resalta la importancia de vivir el hoy.

En cuanto a la metáfora de los tatuajes a la que apela la obra, pensemos en lo que pasa con quienes graban en su piel un nombre que luego quieren olvidar. Un método muy difundido es taparlo con otro tatuaje. Pero, ¿y si uno tampoco quiere ver más ese tatuaje? Pide que le hagan otro que se lo cubra. ¿Y si luego, por algún motivo, no puede soportar verlo y quiere otro encima? Es un círculo vicioso, que aguanta mientras lo soporte el cuerpo.

Otro de los grandes temas de la obra es la fama a cualquier precio. No revelaré nada acerca de esto, salvo que el final está muy bien resuelto desde la puesta y se conecta con esta cuestión.
 
En resumen: Un musical entre surrealista y expresionista que desdibuja los límites entre el absurdo y el patetismo. Con divertidos gags, un texto reflexivo y simbólico y grandes interpretaciones, lleva al espectador a un vertiginoso viaje de iniciación, exponiéndolo al humo y la penumbra.


Más información:
Dirección: Lía Jelín
Teatro: Molière (Balcarce 682) – Tel.: 4343-0777
Duración: 1 hora y 45 minutos
Funciones: martes a las 20:30 hs.
Precio de las entradas: $200

Fotos: Alejandro Palacios y Sofía Peralta

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lunes, 24 de febrero de 2014

ESPECIAL: El reestreno de "The Manhattan Club", de Alicia Orlando + exhibidor

Categoría: OBRA MUSICAL

ESPECIAL: El reestreno de The Manhattan Club + exhibidor

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro del Viejo Mercado).

El sábado pasado fui a ver nuevamente el musical The Manhattan Club (cuya crítica publiqué el año pasado), en su nuevo espacio: el Teatro del Viejo Mercado. Antes había estado en el Centro Cultural Borges. La nueva sala es más parecida al ámbito de club de jazz en el que transcurre la obra, dado que los espectadores se sientan alrededor de mesas, y pueden disfrutar del espectáculo mientras comen o toman algo.
Con seis intérpretes en escena y cuatro músicos tocando el piano, el contrabajo, el saxo y la batería, este espectáculo sigue funcionando como un buen recital de varios de los éxitos del gigante George Gershwin. Un paréntesis: muy atinada la referencia a la impresionante “Rhapsody in blue” cuando se nombra a Gershwin.
Esas canciones inmortales suenan bien gracias a la precisión de la banda de jazz. Los actores, por su parte, se acoplan con visible felicidad a ese ritmo, y sus voces se potencian cuando están juntas (especialmente las masculinas, en cuadros como Swanee). El sonido del teatro me sorprendió en el buen sentido.
“I got rhythm” sigue siendo el mejor número, y es una canción que siempre me hace sentir un poco más feliz, independientemente de quién la cante. Yo creo que una filmación de ese momento vende la obra por sí sola.
En esta versión, las escenas que antes se proyectaban se representan en vivo.
Ya lo he comentado en el caso de otras obras, pero emprendimientos de autogestión como este no dejan de maravillarme, por la forma en que quienes están involucrados defienden el proyecto y dejan todo por él. No buscan un alto rédito económico; buscan hacer la función como un fin en sí mismo. Por supuesto, prefieren que la sala esté llena, pero le ponen ganas aunque esto a veces no pase.
Es probable que veamos resurgir a The Manhattan Club en unos meses, dada la tenacidad del grupo que lleva adelante el proyecto. Es más, se parecen mucho a sus personajes en la obra.
Le agradezco a Omar Tubio y a Alicia Orlando por contactarme e invitarme.
Como me gusta hacer con algunas de las obras, les dejo un pequeño homenaje: un exhibidor inspirado en el espectáculo. Verán fotos donde el exhibidor está vacío y otras donde se colocó en él el programa de The Manhattan Club, para mostrar cómo se usa.



Más información:
Dirección general, guión y coreografía: Alicia Orlando
Dirección musical y arreglos: Ricardo Pereyra
Duración: 1 hora y 15 minutos
Lugar: Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177, en frente al shopping Abasto) // www.teatrodelviejomercado.com // 2055-8500
Elenco (en orden alfabético): Claudio Barneix, Carlos del Pino, Daniela Losada, Alicia Orlando, Valeria Robles y Omar Tubio
Banda: Ricardo Pereyra (piano), Mariano Tito (contrabajo), Pablo Fortuna / Hernán Galeano (saxo) y Federico Orlando (batería)

Funciones: por el momento, ya terminó esta breve temporada, pero no se descarta que regrese