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jueves, 11 de enero de 2024

Crítica de Disney La Caja Mágica, de Thaddeus McWhinnie Phillips

Crítica de Disney La Caja Mágica

De Thaddeus McWhinnie Phillips con canciones de películas de Disney

Estreno mundial en Argentina


Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2024 (Teatro Ópera).


Si hacemos el ejercicio de intentar encasillar este espectáculo, Disney La Caja Mágica puede ubicarse dentro del género "revue". Seguimos a una protagonista a través de un viaje conceptual que pasa revista por diferentes épocas de Disney entremezcladas, pero con cuadros musicales agrupados por temática o tono. En realidad, no se trata de números aislados sino de mashups que generan un fluir continuo (no hay textos hablados). Esto permite jugar musicalmente con la misma sorpresa que el planteo escénico: no saber qué puede surgir, dejarse sorprender por esa “magia” a la que alude el título. Es interesante (y disruptivo respecto de otras antologías de Disney) el hecho de que no veamos a los personajes en sí, sino a una troupe dejándose atravesar por esos 100 años de personajes e historias. Esto está evidenciado frente al espectador y es un efecto buscado (por ejemplo, identificamos a los mismos intérpretes que venimos siguiendo a lo largo de la obra transformándose en algún personaje a través de algún detalle de vestuario que hace referencia a él o ella y, por supuesto, de su corporalidad). Así, el recorrido de la protagonista busca ser un espejo para el público, reflejando en su experiencia lúdica lo que el espectador puede haber vivido de la mano de esas u otras historias.


Se agradece una puesta repleta de ideas (una detrás de la otra, sin respiro), sobre todo cuando toma caminos más poéticos. Inevitablemente conviven con breves tramos de literalidad o donde se siente que la obra cumple con no dejar afuera aquello que "no puede faltar", tratando de leer al público. El devenir del show cautiva a todas las edades, nunca decae y los recursos técnicos son impresionantes (un diseño de luces que destaca no solo por su alto nivel de complejidad sino por sus implicancias artísticas, acompañado por mapping, proyecciones, sonido envolvente, títeres, influencia del teatro negro, objetos inflables, trucos y el juego con objetos que se convierten en otros y espacios que se reconfiguran). La coreografía está a la altura del desafío de hacer desfilar todo este abanico de mundos mágicos tanto de forma vistosa como narrativa, porque al no mediar la palabra hablada es fundamental para sostener el desarrollo de cada cuadro.


La orquesta (que interpreta mashups de 70 canciones creando paisajes sonoros que hacen brotar personajes y lugares aunque no estés presentes) y el elenco son de excelencia. Un orgullo ver a estos talentosos intérpretes juntos después de haber recorrido muchos musicales durante los últimos años. Demasiado injusto resaltar a algunos, pero hay que mencionar a Luján Blaksley adueñándose de un protagónico que la hace moverse de un lado al otro y mantiene su gran nivel vocal. Dejo postales que me quedaron, por nombrar algunas: la energía y precisión de Giuli Tagliamonte y Achu Mazzeo en las coreografías (y el solo de Achu, demostrando que esta producción puede hacer lucir algo chiquito dentro de su grandilocuencia), la voz poderosa de Sofía Val, el carisma de David Okada en múltiples intervenciones y el disfrute de Nico Esquivel durante el número de tap en el estudio de animación. Ah, y Lucía Adúriz reconfirma que puede hacer todo.


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FEVER en asociación con Disney Theatrical Group presenta Una co-producción con RGB

Guionista y Director: Thaddeus McWhinnie Phillips

Co-Directora & Coreógrafa: Lynne Kurdziel Formato

Director Musical, Arreglista y Orquestador: Isaac Saúl

Productor General para Disney Theatrical Group: Felipe Gamba Paredes

Elenco (en orden alfabético): Lucía Adúriz, Sol Bardi, Luján Blaksley, Menelik Cambiaso, Jesus Catalino, Pato De Luca, Nico Esquivel, Elis Garcia, Delfi García Escudero, Santiago Leguizamo, Lala Livschitz, Tomi Luna, Yosy Machado, Nicolás Martínez, Azul “Achu” Mazzeo, David Okada Caldas, Lucía Perdigon, Morena Pereyra, Nico Repetto, Mica Romano, Romina Ruíz, Guido Savino, Giuli Tagliamonte, Santiago Trione, Sofia Val & Mauricio Vila

Traducción y Adaptación: Marcelo Kotliar

Director & Coreógrafo Residente: Alejandro Ibarra

Director Musical Residente y de Orquesta: Gaspar Scabuzzo

Diseño de Iluminación: David Seldes

Diseño de Vestuario: Nthabiseng Malaka & Sofía Di Nunzio

Diseño de Escenografía: Thaddeus McWhinnie Phillips & Tato Fernández

Diseño de Puppets: Michael Curry

Diseño de Sonido: Gastón Briski

Diseño de Pelucas y Maquillaje: Feliciano San Román

Diseño de Proyecciones: Maxi Vecco

Diseño de Utilería y Objetos Animados: Johanna Wilhelm

Diseño de Ilusiones: Steve Cuiffo


jueves, 8 de septiembre de 2016

Crítica de "Mío! Martita y los Matorrales", de Julieta Carrera, Lucía Bayá Casal y Damián Báez

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Mío! Martita y Los Matorrales

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2016 (Teatro El Marechal).


El concepto de "falso recital" ya se ha convertido en una especie de subgénero en sí mismo. Mío! Martita y Los Matorrales es un agradable espectáculo que podría pertenecer a esa clasificación. Por lo tanto, el público debe estar predispuesto a jugar; a creer que está viendo un concierto de una diva de la canción romántica latina: Martita, interpretada por Lucía Bayá Casal. Está actriz incluso se cambiará de ropa a la vista de los espectadores entre cuadro y cuadro sin que se rompa la ilusión. Bayá Casal tiene un manejo clownesco de su cuerpo y su composición de Martita es sumamente histriónica, por momentos caricaturesca. El personaje es algo inocente y verborrágico, tiene muletillas y vicios para hablar, y mantiene una dosis de energía alta. Este último punto se verifica también al cantar, porque Martita se compromete con cada canción y la utiliza como elemento catártico.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Crítica de "Smokey Joe's Cafe"

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Smokey Joe’s Cafe
Con canciones de Jerry Leiber y Mike Stoller
(Estrenada en Broadway en 1995)

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro La Comedia)

Nivel: 7 /8


 ¿De qué se trata?: Sin una historia que hilvane los diferentes cuadros, nueve artistas irán interpretando una selección de canciones compuestas por el dúo estadounidense Lieber y Stoller, que en las décadas de los 50 y los 60 fueron inmortalizadas por The Drifters, The Coasters y Elvis Presley, entre otras figuras del rock & roll y el jazz.

El punto fuerte de la obra: la dirección vocal de Katie Viqueira.


 Smokey Joe’s Cafe es uno de esos espectáculos que era difícil imaginar en Buenos Aires. Estrenado en Broadway hace 10 años, fue anunciado como una revue que rendía tributo a las canciones del dúo que conformaron Jerry Leiber y Mike Stoller (compositor y letrista, respectivamente). Leiber y Stoller fueron artífices de éxitos que atravesaron fronteras geográficas y resistieron al paso de los años, como “Hound Dog”, “Jailhouse Rock”, “Stand by Me” y “On Broadway”. A su vez, conformaron un prolífico cancionero en las décadas de los 50 y 60, explorando géneros como rock, pop, soul, gospel y jazz (sobre todo en su variante R&B o rhtythm and blues). Sus melodías fueron interpretadas por bandas como The Coasters y The Drifters, y también por solistas (varias de estas canciones fueron popularizadas por Elvis Presley). Sin embargo, en nuestro país no estamos tan familiarizados con la mayoría del repertorio de Leiber y Stoller como sí sucede en Estados Unidos. Ese era el primer riesgo de montar un show que consiste exclusivamente en una sucesión de canciones (podríamos decir que es un music hall, porque en Argentina tenemos un concepto muy distinto de “revista” que el de Broadway).

jueves, 27 de agosto de 2015

Crítica de "Burlesque al Cubo", de Nicolás Pérez Costa

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Burlesque al Cubo,
certamen de talentos

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro El Cubo)

Nivel: 6 /8


¿De qué se trata?: Los dueños de un teatro en quiebra hacen su último intento por salvarlo, convocando a sus antiguas amantes, ahora grandes estrellas, para montar un espectáculo que aseguran será un éxito. Esta será la excusa para transportarnos a un burlesque contemporáneo, donde se jugará con lo que ocurre delante y detrás de escena y además se llevará a cabo un verdadero certamen de talentos (a modo de reality show teatral).

El punto fuerte de la obra: Gabriela Bevacqua.


Siempre es interesante toparse con un espectáculo distinto de todo lo que uno ha visto. Seguramente, esto represente Burlesque al Cubo para la mayoría de los espectadores. Difícil de encasillar y ecléctico, resulta una propuesta original (incluso, distinta de una versión anterior que se había presentado con el mismo título). Tratemos de explicar un poco cuál es el espíritu de este music hall.
 Todo comienza a partir de una anécdota deliberadamente simple: los dos dueños de un teatro al borde de la quiebra deciden convocar a sus antiguas amantes para montar un show que reviva sus épocas de esplendor y atraiga inversores. Cada uno le envía la invitación a dos mujeres y, por supuesto, cuando todos se reúnan no faltarán desplantes, enredos y discusiones. Si esperan que esta historia tenga un desarrollo tradicional, saldrán decepcionados, porque este punto de partida no es más que un hilo conductor que le sirve de base a todo lo demás.

lunes, 9 de junio de 2014

Crítica de "Reina Reech: Sobre hombres y mujeres", de Reina Reech y Mauro García Barbé

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Reina Reech: Sobre hombres y mujeres

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Maipo Kabaret).

Calificación: 7.5 /10


 ¿De qué se trata?: Un music hall donde Reina Reech nos presenta estereotipos masculinos y femeninos, a través de coreografías, canciones, stripteases e interacción con el público.

El punto fuerte de la obra: el regreso al escenario de Reina Reech.
Creo haber dicho ya que recuerdo la etapa en la que Reina se dedicaba al público infantil, y una de sus canciones decía “Atención con el modelo”. En su nuevo espectáculo, el modelo le sigue importando, porque nos muestra otra vez estereotipos de la sociedad moderna (ya no con un tono aleccionador, sino para que podamos sentirnos identificados y reírnos de nosotros mismos). No es casual la referencia a los musicales infantiles, porque Sobre hombres y mujeres se encuentra en la vereda opuesta. Esto es destacable porque Reina es de las pocas actrices que ha podido despertar el aprecio tanto de los más pequeños como de los adultos, en roles disgregados. [Ahora que me acuerdo, Xuxa también pudo a partir de su película pornográfica.]
¿Por qué me detengo en esto? Porque en Sobre hombres y mujeres el público confía en Reina tal como los chicos que la llamaban por teléfono (como el que decía tener una duda, repetido varias veces en programas de archivo y con miles de vistas en YouTube). Este clima no se daba tanto en Las Reinas del Marabú (espectáculo anterior dirigido por Reina, pero que no la tenía sobre las tablas). En él, también se interactuaba con el público, pero este era más reacio a contestar a las preguntas que se le hacían, pese a la gran solvencia de la presentadora. Ahora, la figura de Reina impone un grado de familiaridad y seguridad, y la gente se suelta más: un hombre le cuenta que le gustaría que lo pinchara un enfermerito, un matrimonio confiesa que festejó la noche de bodas con un trío, una mujer de unos 60 años dice que a su marido le encanta el disfraz de cocinera... Un espectador, incluso, la agarra de la cintura (“No me toques, papi”, le marca ella, ante las risas de los presentes) y otros se animan a suspirar ante el micrófono.
Reina adquiere cierta autoridad dentro de la sala, y esto le permite pedirle a un espectador que diga en voz alta lo que comentó en susurros con alguien o advertirle a otro: “Vos no te rías mucho que ya te voy a agarrar con alguna pregunta”.
Por lo demás, Reech es la maestra de ceremonias de la velada, presentando cada cuadro con un cambio de ropa distinto (de Claudia Arce). Además, se comporta como la madre artística de los miembros del elenco, felicitando sus performances.
Su participación se completa con un strip dance en pareja inteligentemente coreografiado por la talentosa Vanesa García Millán. Reina mantiene intacta su sensualidad al bailar y me sorprendieron su coordinación y oído musical.

Siguiendo con las coreografías, son de la creatividad y elegancia habitual de García Millán. La novedad está en que supo aprovecha la inclusión de hombres para algunos números que requieren mayor destreza acrobática (como el de Peter Pan). Así, logró llevar al plano del baile las diferencias entre los sexos de las que habla el libro, representadas con distintas energías y estilos (los hombres se mueven de forma más avasallante y las mujeres son más delicadas). Incluso, tuvo el desafío de coreografiar un cuadro con dos cantantes y supo aprovechar la posibilidad de desplazamientos que supone una silla con rueditas.
Hay que advertir que se repiten algunos de los mejores cuadros de Las Reinas del Marabú (así como sus respectivas presentaciones). En lo personal, esto no me molestó, pero entiendo que algunos puedan tener sus reparos en cuanto a este punto.

El elenco (Evangelina Bourbon, Gisele Takakuwa, Laura Gerolimetti, Verónica Pérez, Ariel Juin, Damián García y Martín Pico) estuvo muy bien seleccionado y se destaca por su rigurosidad al bailar y por su trabajo expresivo, jugando con lo que se sugiere y lo que se muestra (no me detendré en este punto porque recuerdo haberlo hecho ya en la crítica de Las Reinas del Marabú).

Mauro García Barbé (compositor de la pegadiza música) se sube al escenario para cantar y encarnar algunos personajes. Está secundado por Ana Paula Rodríguez, muy cómoda interpretando canciones pop (y transitando varias notas por sílaba).
 El diseño de video de Pablo Rodino interactúa con lo que sucede en escena. Así, por ejemplo, aparecen sombras de los artistas que se independizan de ellos, se estampa una trama a los cuerpos durante un baile o se le da un marco a la historia del hombre obsesionado con la tecnología (el video mejor realizado).
 César Jurisich supervisó cuidadosamente el vestuario, fundamental para que nos creamos cada pequeño relato y cuya buena confección se vuelve un requisito indispensable para realizar un striptease estético y sin fallas. Cuando la ropa comienza a escasear, es vital que todo esté acomodado en su lugar para no arruinar el acto.

Si bien, como dije antes, el libro de Reina Reech repite algunos tramos de Las Reinas del Marabú (donde se celebraba a la mujer), el concepto general está orientado a la clásica e inoxidable “guerra de los sexos”. Es innegable, estos opuestos se atraen, se enfrentan pero no pueden concebir la vida sin el otro (y después la unión se vuelve más fuerte, y etc., etc.). Si alguien hace una mala maniobra con el auto... seguro es una mujer. Si alguien ensució la cocina... seguro fue un hombre. Los prejuicios están más pegados a la sociedad que el obelisco al cruce de las avenidas Corrientes y 9 de julio. Napoleón Bonaparte dijo “Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo”, y yo suscribo en parte a sus palabras, pero agrego que nos encanta que las mujeres no dejen de perseguirnos mientras intentamos huir de sus ‘batallas’. Por eso es que no coincido con Reina en cuanto a lo que dice sobre la autosatisfacción, pero ese es otro tema.
Volviendo a nuestro asunto, los cuadros coreográfico-musicales dan cuenta de los arquetipos femeninos y masculinos (la mujer fálica, la geisha, el hombre obsesionado con los superhéroes, el que no quiere crecer, una pareja en su noche de bodas, etc.) y hay tributos a figuras ícono de la masculinidad/feminidad como Zeus, Adán y Eva o las tres Gracias. Algunas escenas son más narrativas que otras. También hay números de parejas del mismo sexo.

Varias personas me preguntaron por mail si había desnudos integrales en Las Reinas del Marabú, así que lo aclaro para este espectáculo. Si bien hay un par de desnudos integrales, ninguno es explícito, y el más notorio es femenino (el masculino se ve según el ángulo donde uno se siente y es muy breve). Por supuesto, sí hay muchas escenas donde los miembros del elenco están con el torso desnudo. De todas formas, más allá de la coreografía y la dirección (de Reina Reech), el tratamiento de la iluminación (nuevamente de Reina) garantiza que ningún desnudo sea vulgar.


Más información:
Dirección: Reina Reech
Teatro: Maipo Kabaret (Esmeralda 449); teléfono: 5352-8383
Duración: 1 hora y 15 minutos
Funciones: $220 a $300
Precio de las entradas: jueves a sábado 21:30 hs. y domingo 21 hs. A partir del 19/6: jueves a sábado 21 hs. y domingo 20:30 hs.
Promoción: 2x1 con Club La Nación Premium

Coreografía: Vanesa García Millán.
Coreógrafa adjunta: Carla Lanzi. Asistente coreográfica: Evangelina Bourbon
Producción ejecutiva: RE! Producciones (Juana Repetto-Eugenia Puggioni)
Producción general: Lino Patalano
Mezcla y mastering: Gonzalo Bernal
Prensa: Duche-Zarate
www.facebook.com/reinareechsobrehombresymujeres

Dibujo que aparece en este artículo: http://cdn.funnie.st/wp-content/uploads/2013/11/menandwomen.jpg

jueves, 29 de mayo de 2014

Crítica de "Signum", de Sean McKeown y Gerardo Gardelín

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Signum

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro El Nacional).

Calificación: /10
  

¿De qué se trata?: Un music hall donde se propone un viaje a través de cuadros en los que se despliegan múltiples disciplinas circenses. 

El punto fuerte de la obra: el cuadro de “El Potro Ballet”, de Javier e Isaac Gardella.

La ovación del público en la función a la que asistí prueba que este es tal vez el único momento donde el show pasa de asombrar a conmover. Un malambo bailado con un talento sobrehumano y acompañado con boleadoras. Imagínense el esfuerzo de sincronización que representa una rutina de estas características si es difícil coordinar el ritmo de dos de los antiguos tiki-taka. Son varios los bailarines en escena repitiendo los mismos pasos con ritmo y pasión, y que el número sale perfecto.

Vale decir que si hay algo que sobra en Signum es destreza, y eso le permite jugar con la capacidad de sorpresa que manejan las compañías internacionales de circo contemporáneo. Hoy en día, el foco del circo está puesto en las acrobacias y la preparación física de los artistas. No tengo idea de cómo reunieron al elenco de Signum, pero la selección fue un hallazgo. Como ejemplo se puede citar a un malabarista atípico (Jonatan “Espejo” Reynoso), que nos hace redescubrir esta disciplina y hace quedar a un sinnúmero de payasos que animan cumpleaños infantiles como un grupo de estafadores. Fuera de broma, sus malabares toman un vuelo artístico inconmensurable cuando maneja las clavijas de tal forma que sus manos parecen imantadas.

No vale la pena adelantar cada uno de los números en detalle, pero quiero destacar originalidad del cuadro “Trompo Wall” y la inclusión de la disciplina roue cyr, que no se ha visto muchas veces en nuestro país. Hay acrobacia aérea para todos los gustos (en telas, aros, cintas y cuerdas) y contorsiones, que tanto nos fascinan porque nos permiten descubrir hasta dónde puede flexionarse el cuerpo.

En cuanto a Hernán Piquín, es interesante verlo en un lugar distinto del que venía ocupando en sus últimos espectáculos, donde era la figura principal. Si bien esto puede defraudar a sus seguidores, habla bien  de él que le deje lugar al resto del elenco. Aquí, entonces, Piquín es uno más (con apariciones esporádicas) y baila sin partenaire. Ni siquiera habla, pero es sólido en sus intervenciones. Tiene una presencia especial dada por el manejo de su cuerpo con liviandad, gracia y técnica (sobre todo para giros y saltos, en este caso). En Signum, alterna con la danza clásica un poco de acrobacia aérea.

Gerardo Gardelín se encargó de la música original y de la letra de las canciones. En un estilo pomposo alejado de lo que venía trabajando en los últimos años, Gardelín logró que la música unificara el estilo del espectáculo mucho más de lo que lo hace la historia. La partitura recurre a subrayados para intensificar lo que sucede en escena, y hace un muy buen uso de la percusión. Hay momentos instrumentales y canciones. Las letras de estas últimas son convencionales (lidian con el tema de la liberación de los sueños y los sentidos), aunque no se pueden captar en su totalidad porque están siempre en un segundo plano. Esto se debe a que a Gardelín le atrajo el concepto de ‘lenguaje universal’ reflejado a través de distintos idiomas, dialectos y fonaciones varias. Por lo tanto, interesa más la idea de variedad que lo que están realmente diciendo los personajes. Una particularidad es que el inicio de la obra recuerda un poco a la famosísima puesta del musical El rey león que montó Julie Taymor, tanto por la música africana como por los movimientos de los bailarines entre la platea.
Las canciones líricas vibran en las cuerdas vocales de Alexia Martinovich, Cristian Zabala y Patricio Witis, y cada uno tiene al menos un gran solo (resalto el de Witis porque, si bien lo había escuchado cantar antes, nunca había sido en esta faceta).
El hilo conductor que se usa como excusa para el viaje que propone Signum empieza bien, generando sorpresa entre los espectadores por estar bien planeada. Sin embargo, se va desinflando hasta llegar a una conclusión absurda. Esto nos asegura que el atractivo del show va por otro lado y que la anécdota sirve más como un puntapié inicial que como un elemento para dar coherencia a la sucesión de cuadros.
Por lo demás, la dirección experimentada de Sean McKeown (un australiano que estuvo trabajando como director artístico del “Cirque du Soleil”) estipula que nada esté fuera de lugar y la calidad artística sea alta. Por supuesto, se apoyó en la coreografía de Andrea Candela, quien tuvo el desafío de salir del esquema puramente clásico.

Signum está repleto de estímulos visuales. Sobresale el elaborado vestuario de Marcelo Péndola. La escenografía de Lili Diez y Carlos Junco es bastante simple, salvo durante el último número. Signum no necesita mucha parafernalia escenográfica para impactar, sino que se vale del talento de sus 45 artistas. Eso sí, se hace un uso constante de elementos multimediales: proyecciones que enmarcan el escenario y pantallas que crean escenarios atemporales (relacionados, por ejemplo, con el cosmos). La iluminación de Gustavo Perezlindo explora con dos tonos intercalados (con los focos ubicados en la parte de atrás del escenario), balanceados con la luz que dirige desde el exterior.


Más información:
Teatro: El Nacional (Av. Corrientes 960).
Dirección: Sean McKeown.
Dirección musical: Gerardo Gardelín.
Entrenador de trampolín: Alejandro “Toro” Cuenca.
Músicos: Gerardo Gardelín (piano), Jorge Caldelari (violín), Urkell (guitarras), Gonzalo Fuertes (bajo eléctrico), Fernando Valles (batería) y Ezequiel Finger (percusión).
Fotografías: Estudio Machado-Cicala.
Prensa y comunicación: Alejandro Veroutis. Asistente: Alejandro Andolfi.

Duración: 1 hora y 35 minutos.
Funciones: miércoles a domingo a las 21 hs.
Entradas: desde $230 a $300.


https://www.facebook.com/SignumOk

sábado, 18 de enero de 2014

Crítica de "BULeBU in concert", de Diego Reinhold

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de BULeBU in concert

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Sala Siranush) - 2015 (Teatro Bar de Villa Carlos Paz)

Calificación: 8.5 /10 


¿De qué se trata?: Un music hall humorístico con Diego Reinhold, Sebastián Codega, Déborah Turza y una banda de jazz, enmarcado en una transmisión radial ficticia a la que el público asiste, con reminiscencias de los años 50 y 60.

El punto fuerte de la obra: el guión de Diego Reinhold, Alejandro Zucchi, Sebastián Codega, Ivanna Rossi y Diego Betancor.
Como se puede notar, BULeBU in concert es el resultado de un trabajo en equipo. Si bien la idea inicial fue de Reinhold, él permitió que tanto los artistas que lo iban a acompañar como su stage manager y un colaborador creativo aportaran su visión... y no se equivocó, porque el resultado es más que favorable.
Aunque la dramaturgia fue confeccionada a varias manos, BULeBU in concert es un espectáculo perfectamente fluido e integrado, a pesar de desarrollarse en cuadros, como buen music hall. Esto se logra porque sigue una misma línea de humor blanco, que se aleja resueltamente de lo chabacano para brindar un entretenimiento franco, que puede ser disfrutado por tipos muy distintos de público (como pude observar en una Sala Siranush casi repleta). Proliferan los juegos de palabras ocurrentes, algo a lo que Reinhold ya nos tiene acostumbrados.
Hay varias escenas desopilantes. Por ejemplo, la del radioteatro “Historias del Corazón”, el monólogo de Reinhold utilizando apellidos de políticos para reemplazar palabras y la de “Alarm Parker” (lo escribo en código porque no conviene adelantarla).
Durante la función, Reinhold califica a su obra como “sofisticada”, y me parece un adjetivo adecuado. Sobre todo, si uno tiene en cuenta que, más allá de ser un espectáculo, BULeBU es una experiencia. Implica sumergirse en un ambiente especial, puesto que se propone rememorar una transmisión de radio (con interrupciones para publicidades y noticias). A la vez, permite recrear por momentos un club de jazz de las décadas de los 50 y 60. Todo esto, enmarcado en un lugar tan asombroso como la Sala Siranush (también detenida en el tiempo).

La dirección de arte y escenografía de Alejandro Goldstein y el diseño de video Lautaro Azcuy logran instalar una estética depurada. Tanto el diseño de luces de Reinhold y Zucchi como el vestuario (de la misma dupla más Héctor Ferreira) se mantienen en sintonía con esa propuesta. Incluso, hay un cuadro con pelucas de latex, con una estética más kitsch (que tiene un pasaje con un breve homenaje al "Club del Clan").
Hay números muy creativos. Me gustaría señalar dos que utilizan tecnología de períodos distintos: el del juego con las proyecciones/mapping para mostrar la historia de un pez y el del Theremín (un instrumento electrónico extraño, con una antena, inventado en 1919; en este video se puede ver a su creador tocándolo). En este último, Reinhold interpreta “Over the rainbow”, de El Mago de Oz.
Lautaro Azcuy fue también el encargado del citado mapping. En “La gata bajo la lluvia”, aporta nuevamente atractivo visual.
Por cierto, si bien lo que más se destaca del show es el humor, hay cuadros donde sobresale el desempeño vocal (algo esperable, dada la preparación integral de los intérpretes). En ese sentido, y sin lugar a dudas, las intervenciones de Déborah Turza son las más impactantes, sobre todo durante sus solos “Perdere l’amore” y “La gata bajo la lluvia”.


La confianza de Reinhold en el escenario, su gracia para dirigirse a la platea y su timing para llevar adelante un monólogo lo convierten en el anfitrión adecuado.
Por su parte, Sebastián Codega, que completa el trío de artistas, es carismático y un buen bailarín.

La interacción con el público se vuelve central para la obra. Fue acertada la idea de usar la pantalla de video para fomentar la respuesta de los espectadores, pidiéndoles, por ejemplo, “Aplausos”, como en un antiguo estudio de radio. Un momento muy divertido, que tiene que ver con esto, es el de “Esclerosis múltiple”. Además, quienes posean celulares con acceso a Twitter tienen la posibilidad de twittear durante la función, utilizando el hashtag #BULEBU. Algunos mensajes son leídos en pleno show.

Claramente, BULeBU no se podría haber hecho sin su impresionante banda de jazz/swing, que brinda el irremplazable placer de escuchar música agradable en vivo. Más allá del jazz, los músicos demuestran poder encarar canciones tan distintas como la cortina musical de “Almorzando con Mirtha Legrand”, “La Marcha de San Lorenzo”, “Aurora” (versión jazz), “Monta mi caballito”, “Despeinada” (de Palito Ortega) e “Il Ballo Del Mattone” (de Rita Pavone), por nombrar algunas. La dirección musical es de Nicolas Sorin.
Las coreografías son de Reinhold, Zucchi y Codega, y se ajustan al período que se retrata. El mejor número coreográfico es el de tap.

En resumen: Plagado de gags ocurrentes y juegos de palabras, este music hall es un gran entretenimiento para todo público. Sostenidos por una puesta sofisticada y una buena cuota de originalidad, Reinhold, Codega, Turza y una banda de jazz/swing convierten la salida al teatro en una experiencia especial. Una placentera combinación de humor y buena música.


Nota: La Sala Siranush brinda un servicio de cena, que es opcional (obviamente, no está incluido en el precio de la entrada).

Más información:
Dirección músical: Nicolas Sorin
Producción general: Diego Reinhold
Arreglos vocales: Gaby Goldman
Músicos: Mariano Gianni (piano), Milton Alonso (bajo), Mariano Sáenz Tejeira (batería), Leonardo Paganini (saxo tenor), Pablo Puntoriero (saxo alto y clarinete), Juan Suárez Smink (trompeta) y Nathan Lane (trombón).
Realización escenográfica: Carlos Junco
Peinados: Daniel Veiga
Jefe técnico: Ariel Pérez
Diseño de sonido: Mariano Luna
Fotografía: Alejandra Viviana Aranda
Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar)

Teatro: Sala Siranush (Armenia 1353). Verano 2015: Teatro Bar (Gral. Paz 27, Villa Carlos Paz) - Teléfono: (03541) 42-2897. Elenco: Diego Reinhold, Déborah Turza y Federico Salles
Duración: 1 hora 25 minutos
Funciones: viernes a las 22 hs. (2013) Verano 2015: martes a domingos 22:30 hs. (sábado doble función: 22:30 y 00:15 hs.)
Entradas: $120 y $150. (2013)
Promociones: 2x1 con Club La Nación PREMIUM (límite de 20 cupos); descuento de Banco Supervielle (ver página web de Ticketek)
Informes y reservas: 4899-4101 / reservas@salasiranush.com.ar

O por Ticketek: 5237-7200 / http://www.ticketek.com.ar/newsite/bulebu

NOTA (2014): Ahora los sábados a las 20 hs. Entradas: $160 y $180.

Para cerrar la nota, decidí sacar una foto que siguiera el estilo de la obra, con algunos discos de vinilo y las figuras de los protagonistas asomando de uno de ellos. Abajo a la izquierda, se puede ver el programa de mano. A la derecha, una lapicera inspirada en BULeBU que improvisé.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Crítica de "Reinas del Marabú", de Reina Reech y Mauro García Barbe

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Reinas del Marabú

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Maipo Kabaret).

Calificación: 8/10


¿De qué se trata?: Un music hall que celebra a la mujer, a través de distintos cuadros sugerentes que la presentan en varias facetas, plantean fantasías o resaltan estereotipos. Hay muchos stripteases, y se hace hincapié en el baile.

El punto fuerte de la obra: las excelentes coreografías de Vanesa García Millán, una creadora todoterreno, que sabe dotar a los espectáculos donde trabaja de buen gusto y creatividad (por más disímiles que sean entre sí).
La coreógrafa es capaz de integrar las clásicas figuras de ballet a movimientos que tienen que ver con el burlesque y el striptease. Sí, hay rond de jambes, grand écarts y développés (y más de esas palabras en francés que sé pronunciar pero que tengo que googlear antes de escribir), y se combinan dentro de un trazado coreográfico magnífico, que es el alma de la puesta. Es gracias a Vanesa García Millán que el espectáculo adquiere esa estética especial, depurada. Se nota que hay talento detrás de cada cuadro, y que se cuidaron los detalles para elevar la calidad, en vez de elegir el camino más fácil y caer en una propuesta igual a muchas otras. García Millán es una experta en la expresión con el cuerpo, y su participación marca la diferencia para que las “Reinas del Marabú” revelen todo su potencial y liberen su energía femenina. Quiero destacar un fabuloso número de tango. La asistente de coreografía es Evangelina Bourbon.
Por supuesto, la coreografía se puede lucir gracias a la presencia de prolijas bailarinas, a la altura de las exigencias. Todas demuestran que pueden bailar con un estilo pulido y consolidado, y un estilo sólo se afianza por medio del trabajo y la constancia. Además, un aspecto fundamental es que saben sumar seducción a la técnica.
Por otra parte, Emiliano Pi Álvarez, el único varón, sorprende por su línea y su destreza en el caño.
María Laura Cattalini es la encargada de llevar adelante el ritmo del espectáculo (por cierto, muy bien pautado por su directora y cumplido por Griselda Martínez, la stage manager). Cattalini tiene una gran facilidad para entablar una conexión con el público, con el que interactúa con carisma. Incluso, sabe “remar” las respuestas ambiguas de la audiencia, y sacar varias risas. Todo esto, entre muchos cambios de vestuario. Ella es, también, quien carga con el texto de la obra, haciendo un buen manejo de su voz para enfatizar ciertas partes o generar expectativa.
Martina Lupardo, por su parte, canta algunas canciones y lo hace muy bien. La música original es de Mauro García Barbe. El sonido (operado por Cristian Beldevere) no tiene fallas.

Antes de pasar a Reina Reech, quiero hacer un paréntesis: encontré entre mis cassettes uno de los de Reina (“La familia de colores”), donde canta, en una de las canciones “Todos tenemos un sueño/ guardado en una cajita”. Y me puse a pensar que “Reinas de Marabú” es la exteriorización de esa cajita de sueños, de esas cosas sobre las que los espectadores pueden haber fantaseado.
Cattalini (la presentadora) anuncia que será una noche para despojarse de los prejuicios y reflexionar con libertad sobre temas pudorosos, relacionados al sexo (como la masturbación, las fantasías sexuales o las relaciones con más de dos integrantes). Reina Reech quiso exponer en el escenario a la mujer como es, con todas sus facetas (y, de paso, burlarse un poco del hombre, también). Es decir, la obra apunta a celebrar a la mujer por el hecho de ser mujer, riéndose de los estereotipos. El libro, escrito por Reech, tiene planteos divertidos e interesantes sobre la sexualidad moderna y la relación entre el hombre y la mujer (la creadora se inspiró en un seminario de Marcela Luchetta). El texto es imprescindible para llamar la atención del espectador y resulta un apoyo importante para los cuadros que siguen a cada intervención de Cattalini.
Reech diseñó cuadros con un criterio amplio, incluyendo diversos aspectos de la femineidad y distintos tipos de mujeres, como la geisha, la hermafrodita, las porristas lesbianas, las ejecutivas workaholic, las adictas al shopping, las que son presas de vampiros, las diosas, entre otras ocurrencias. Así, en la mutación (y la alternancia de las bailarinas), el espectáculo resulta siempre atractivo. En fin, sólo falta un par de gemelas.
En su rol de directora, Reech acierta al apostar por sugerir algunas cosas y no ir a lo explícito. Nunca cae en lo vulgar, sino que busca la elegancia, el homenaje al cuerpo femenino. Otra buena decisión fue la de las marcaciones para las entradas (por distintas puertas). Reech es, también, la diseñadora de la iluminación, que sigue la misma línea que la dirección, es funcional y crea un buen marco estético. Va variando los tonos de la luz, y así llama la atención.

Por otro lado, el vestuario (perteneciente al Maipo y a Ámbar La Fox) es muy atrayente y fundamental para aportar brillo. La dirección de vestuario es de César Juricich.
Por último, es interesante el uso de la pantalla (el diseño de video es de Pablo Rodino), del que no se abusa. El momento que más me gustó relacionado a la pantalla fue el del final.

Entonces, el mayor mérito de este espectáculo es el de llevar adelante la práctica del strip dance con refinamiento. De hecho, hay un solo desnudo completo. Aseguro que no hay vulgaridades. Y eso que quien escribe esto es cristiano e integra dos grupos misioneros. Siempre me pregunté si se podía transmitir algo al desnudarse en un escenario fuera del contexto de una historia, y “Reinas del Marabú” es un ejemplo de que se puede lograr un music hall con despliegue artístico y diversión a partir del striptease. Vale recordar que este espectáculo (que ya lleva más de 200 funciones) emprenderá pronto una gira que lo llevará a Europa, así que quedan pocas funciones para disfrutarlo en la acogedora sala del Maipo Kabaret.


En resumen: Un music hall donde la estrella son las espléndidas coreografías de la genial Vanesa García Millán. Con un texto divertido, Reina Reech, la directora de la propuesta, logra desnudar a la mujer (en todos los sentidos), y lo acompaña con la desnudez física en cuadros con pautas diversas, que involucran técnica de baile, destreza, sensualidad, habilidad para sacarse la ropa, histrionismo y canto. Las bailarinas (y el bailarín) demuestran erotismo para el arte del striptease y línea y estilo para el baile en general. Una propuesta sofisticada y poco frecuente, pero ciertamente muy bienvenida. Atrae tanto a hombres como a mujeres.


Foto: Paula Dalia.

Más información:
Dirección: Reina Reech.
Elenco: Flor Beltramo, Evangelina Bourbon, Sol Camardella, Maria Laura Cattalini, Sabrina Lis Gay, Martina Lupardo, Martina Nikolle, Barbara Reali, Maria Valencia y Emiliano Pi Alvarez.
Teatro: Maipo Kabaret (Esmeralda 443); tel.:5352-8383.
Duración: 1 hora y 25 minutos.
Funciones: miércoles a viernes a las 21 hs.; sábado a las 21 hs. y a las 23 hs.; domingo a las 20:30 hs.
Precio de las entradas: desde $190 a $250.
Promoción: 2x1 con Club La Nación.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar)