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jueves, 8 de septiembre de 2016

Crítica de "Cerca del abismo", de Carla Liguori, Javier Raffa, Alejandro Brukman y Agustín Konsol

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Cerca del abismo

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2016 (Teatro El Cubo).


Al ingresar en la sala, el espectador se encuentra inmerso en un clima de futuro distópico. Este será el marco para un musical que utiliza esa supuesta distancia para tratar temas tan cercanos como el rol que ocupan los sentimientos en la búsqueda de la felicidad, el modo en que los anhelos determinan la forma de vivir y la relación entre la política, los mandatos sociales y la libertad. Para ello, el libro de Carla Liguori y Javier Raffa recurre a historias paralelas, que transcurren en diversos espacios: un lugar incierto, un país llamado Austerria y el Mundo Superior al que pertenece su clase gobernante. El texto es reflexivo y poético, pero a la vez entretenido y fácil de seguir. Los dramaturgos tienen la capacidad de narrar sin caer en una estructura obvia, y como son conocedores del género saben exactamente cuándo darle espacio a la música o al baile para que la historia se expanda con sus aportes.

Crítica de "Mío! Martita y los Matorrales", de Julieta Carrera, Lucía Bayá Casal y Damián Báez

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Mío! Martita y Los Matorrales

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2016 (Teatro El Marechal).


El concepto de "falso recital" ya se ha convertido en una especie de subgénero en sí mismo. Mío! Martita y Los Matorrales es un agradable espectáculo que podría pertenecer a esa clasificación. Por lo tanto, el público debe estar predispuesto a jugar; a creer que está viendo un concierto de una diva de la canción romántica latina: Martita, interpretada por Lucía Bayá Casal. Está actriz incluso se cambiará de ropa a la vista de los espectadores entre cuadro y cuadro sin que se rompa la ilusión. Bayá Casal tiene un manejo clownesco de su cuerpo y su composición de Martita es sumamente histriónica, por momentos caricaturesca. El personaje es algo inocente y verborrágico, tiene muletillas y vicios para hablar, y mantiene una dosis de energía alta. Este último punto se verifica también al cantar, porque Martita se compromete con cada canción y la utiliza como elemento catártico.

Crítica de "Las Noches Blancas", de Ariel Gurevich

Categoría: OBRA CON MÚSICA

Crítica de Las Noches Blancas

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2016 (El Cultural San Martín).


Se sabe que hay varias formas de adaptar una historia preexistente al teatro. Ariel Gurevich optó por el camino de los sentimientos para su transposición de la novela Noches blancas, de Fiódor Dostoievski. El resultado es un texto artesanal, en el que lo que se mantienen son las emociones que atraviesa cada personaje, pese al cambio de género de uno de ellos y a la alteración del tiempo y el espacio de los hechos. El devenir del relato es muy simple, y puede resumirse en escasas líneas, pero es el vuelo poético de la dramaturgia el que abre paso a ciertas aristas de estos seres, de otra forma insondables. Una tensión construida a base de sutilezas va marcando el ritmo, de la mano de la dirección de Gurevich. Lo que importa no es el realismo de las situaciones, dado que lo que vemos y escuchamos está siempre tamizado por la subjetividad de sus interlocutores. Así, por momentos narradores privilegiados y por otros participantes de la acción, los protagonistas van entrelazando sus percepciones, pensamientos y pasiones.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Crítica de "El Loco de Asís", de Manuel González Gil y Martín Bianchedi

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de El Loco de Asís

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro Margarita Xirgu – Espacio UNTREF) - 2014 (Teatro El Cubo).

Calificación: 7 /10 

2014
ATENCIÓN: AHORA EN EL TEATRO EL CUBO (PASAJE ZELAYA 3053)
LUNES A LAS 21 HS.
PRECIO DE LAS ENTRADAS: $80 y $140
PROMOCIONES: 2x1 con Club La Nación (tuentrada.com o boletería) y 2x1 con Clarín 365, Club Socios Personal y CuponStar (sólo en boletería)
CuponStar: enviá un sms con la palabra CUBO al 70709; vas a recibir otro sms, que tenés que presentar en boletería

www.atrapalo.com.ar/entradas/el-loco-de-asis-el-musical_e91300/
www.tuentrada.com


El punto fuerte de la obra: la calidad vocal de los intérpretes.
Debo confesar que, si esta fuera una obra nueva, hubiera elegido las teatrales y bellas melodías que compuso Martín Bianchedi, hace 30 años (si bien, para esta versión, una se agregó y otra se cambió). Estoy convencido de que la razón más importante por la que este musical conmueve es por el uso que hace de la música, y es por medio de ella que transmite el mensaje de Francisco. Además, la música incidental que Bianchedi compuso para acompañar las escenas de texto las refuerza y le da cohesión a toda la obra.
Pero cabe destacar que una de las sorpresas de esta versión son las voces del elenco, que ayudan a que la fuerza emotiva de la partitura pueda ser plasmada.
En primer lugar, porque cantan con solvencia mientras bailan, a pesar de que las coreografías de Rubén Cuello (con Carolina Pujal como coreógrafa repositora) demandan energía. Es cierto, no todos los miembros del elenco hacen esto con tanta habilidad, pero noté que muchos manejan muy bien el aire, a pesar de que lo que deben cantar no es muy sencillo.
En segundo lugar, porque para montar El Loco de Asís se necesita de un ajustado trabajo coral (los arreglos son de Eugenio Perpetua). En este caso, los coros suenan impecables, y suman mucho la hora de transmitir la fraternidad que pregonaba San Francisco. Si bien el sonido de la sala no es perfectamente nítido, se realizó un gran trabajo para permitir que todo sea perfectamente escuchado, y que se puedan lucir las distintas líneas melódicas contrapuestas, junto con las pistas con la música de Bianchedi (y los espectaculares arreglos del maestro Gerardo Gardelín).
También, hay momentos con solos destacados (gracias, nuevamente, a que Bianchedi pone vocalmente a prueba a algunos de los artistas), si bien son breves.
Todo el elenco funciona en forma integrada, y se distingue a un solo protagonista: Francisco. Más allá de que algunos tengan roles pequeños, la mayor parte del tiempo forman parte de un conjunto: el de los seguidores del santo, o franciscanos.
Así lo dispuso el libro de Manuel González Gil, que decidió no presentar una biografía de Francisco. Puede que los nerds religiosos (entre los que me incluyo) se queden con ganas de ver escenas clave de su vida si piensan en la obra como un relato convencional. Por eso, hay que considerarla como el musical conceptual que es, que trata de transmitir un concepto: la prédica de Francisco, su mensaje de amor y hermandad. Por ejemplo, se recalca su llamado austeridad y el escándalo que ocasionó en la sociedad de su tiempo (incluso dentro de la Iglesia). Lo tildaban de ocioso y lo consideraban un loco… y lo era, porque se jugó a vivir por un ideal con una entrega admirable.

Hace poco, hojeé un libro que Hermann Hesse escribió sobre San Francisco de Asís. Allí, decía que San Francisco vivió cotidianamente lo que predicaba, porque actuaba con absoluta coherencia con respecto a sus palabras. Esto me recordó a lo que está haciendo actualmente nuestro Papa Francisco, y también noté que esa es la conclusión que yo había sacado de El Loco de Asís. Me parece que González Gil quiso contar eso: la historia de un hombre que no traicionaba sus principios, y se animaba a llevar su mensaje a los demás, pese a las dificultades, porque sabía que todos estaban llamados a vivir felices. Se enamoró profundamente de Dios, y por eso se dice que fue el santo que vivió en forma más parecida a Jesús. Se apropió de las enseñanzas del Evangelio, y cultivó el amor al prójimo. Como diría el Papa Francisco, “hizo lío”; no se quedó en su posición acomodada, sino que salió al encuentro de los demás, y vivió en forma desprendida, siendo un modelo para muchas personas.
El multifacético Francisco Ruiz Barlett demuestra comprender ese espíritu, y brinda una destacada actuación como Francisco, con todo el compromiso emocional que requiere. Transmite su exaltación, sus ganas de cambiar al mundo, al actuar, cantar y bailar. Además, se muestra como un instrumento humilde de Dios.

El libro de González Gil, entonces, se concentra en los ideales de Francisco, y va directo a ese punto, sin desviarse. Por esto, la obra puede parecer un poco repetitiva, pero refuerza un mismo mensaje. A mí, me resultó un poco corta.
Los parlamentos no son particularmente elaborados, y se le da más importancia a las canciones, donde las letras de González Gil expanden el concepto. Me gustó la inclusión de la grandiosa oración “Hazme un instrumento de tu paz” y de palabras de San Francisco.

Se refleja, también, la vitalidad; la idea de una Iglesia viva y activa, gracias al entusiasmo de sus fieles. Se presenta la vida de los franciscanos como una constante celebración (sobre todo, durante la canción “Ven al baile del mundo”). La música tiene elementos de rock, y las coreografías son festivas.
La escena “Dios vendrá esta noche” me pareció la más emocionante.
Hay que decir que el clima varía por momentos, y que la música de Bianchedi acompaña estos cambios. Por ejemplo, cuando hay una alabanza más personal a Dios, o durante la canción “Apocalipsis”.

Como director, González Gil supo manejar el espacio, para que el relato no sea monótono. Una buena idea fue la forma en la que encaró la escena de los represores. Otra, la del citado cuadro “Dios vendrá esta noche”.
La escenografía de Jorge Ferrari es sencillísima, pero la posibilidad de trabajar en planos elevados ayuda al director.
El vestuario de Anahí Core y Sofía González Gil (que reemplazó al del cotizado Pablo Battaglia) es también muy simple, pero no se necesita más. Hay un dejo de contemporaneidad en la vestimenta, que podría sugerir que, hoy en día, también se puede vivir con el amor como principio. El hecho de que la puesta sea tan despojada va en sintonía con el concepto de austeridad.
La iluminación de Gonzalo Córdova es adecuada y aprovecha los recursos de la sala, aunque no cumple una función demasiado esencial.

Compré el CD en el teatro, a un buen precio: $40. En él, se puede apreciar mejor el trabajo coral y los arreglos de Gardelín, gracias a una prolija mezcla de sonido. Dura unos 48 minutos.

En resumen: Una obra que conmueve con su música, a partir de la cual se transmite el mensaje de amor de San Francisco. Es brillante el trabajo vocal del elenco, potenciado por los arreglos corales, que dan idea de fraternidad. Las coreografías son enérgicas y crean un clima festivo. Francisco Ruiz Barlett se sigue consolidando y se luce en el protagónico.

Más información (2013):
Dirección: Manuel González Gil.
Elenco: Francisco Ruiz Barlett, Anahí Core, Sergio Paglini, Elis García, Ana de Vicentiis, Antonela Fucci, Francisco González Gil, José García Alcázar, Ezequiel Fernanz, Julián Sierra, Iän Casas Paoloni, Matías Prieto Peccia, Anabella Simonetti, Alexia Martinovich y Melisa Fucci.
Teatro: Margarita Xirgu – Espacio UNTREF (Chacabuco 875). un paréntesis: quedó muy bien remodelado.
Duración: 1 hora y 20 minutos.
Precio de las entradas: $70, $90 y $120.
Recibió la distinción de interés cultural y social.

Fotos: https://www.facebook.com/locoDeAsis.El.Musical

Podés consultar también la crítica del genial CD de Fran Ruiz Barlett: "(Algo Más)", interpretado por cantantes de musicales.

Aclaración: El Loco de Asís no está actualmente en cartel (finalizó sus funciones el sábado 7 de diciembre). Todavía no está confirmado su regreso en 2014, pero ojalá que se pueda concretar.
En principio, esta nueva puesta tenía como destino una gira por muchos puntos del país. Cuando esta fue cancelada (en medio de su realización), el elenco decidió continuar con la obra, en una cooperativa. Para esto, recaudaron fondos a través de la página web Panal de Ideas. Quiero destacar su entusiasmo por el proyecto.

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, como consolar,
ser comprendido, como comprender,
ser amado, como amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Crítica de "La Extraviada", de Alejandro Viola, con música de "La Traviata", de Giuseppe Verdi

Categoría: COMEDIA CON MÚSICA

Crítica de La Extraviada

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (El Portón de Sánchez).

Calificación: 8/10 



¿De qué se trata?: Del contrapunto entre dos vestuaristas en el taller de un teatro estatal donde se ensaya la ópera La Traviata (de Verdi), enfrentadas por un puesto de trabajo y un amor. Y, como se canta en la célebre escena del brindis de La Traviata, “el amor es rápido y fugitivo/Es una flor que nace y muere”, y por eso tanto Olga como Zulema saben que deben actuar con rapidez... y sin escrúpulos.

El punto fuerte de la obra: la fantástica dramaturgia de Alejandro Viola. Él demuestra que sabe perfectamente como hacer una comedia inteligente, con originalidad y diálogos desopilantes. El divertido texto presenta, además, una acertada dosificación del humor, que se aprecia en el muy buen ritmo del relato. Son oportunas las referencias al interesante mundo de la ópera (por ejemplo, la anécdota de la noche de estreno de La Traviata) y a lo que sucede detrás de escena.

Por supuesto, Viola (también el director) no podría haber logrado un resultado tan bueno si no se hubiera rodeado de un elenco perfecto para el relato que quería contar. Todos son grandes comediantes, y tienen suficientes recursos actorales como para potenciar el texto. No se quedan en que la frase que tienen que decir sea graciosa, sino que van más allá y hacen suyo el texto, con su voz y su cuerpo, produciendo más risas. Este tipo de actores que se meten en sus personajes son los que nunca se descolocan ante los imprevistos, y los que pueden darle relieve a un espectáculo.
Alicia Muxo es una Olga brillante, porque es capaz de transitar por los trazos gruesos sin que el personaje pierda verosimilitud. Tanto ella como su compañera Vivian El Jaber (Zulema) tienen un genial timing, y hacen un manejo ejemplar del tono de voz y la postura.
Roberto Romano (Rodolfo), Ariel Gangemi (Marcelo) y Alejandra Ríos (Graciela) también se destacan, todos ellos en actuaciones ajustadas, que salen del estereotipo en el que podrían haber caído.
En esta fascinante dirección de actores se nota el oficio de Alejandro Viola, en su faceta de director.

Una idea interesante de Viola fue la inclusión de una cantante lírica (Verónica Díaz Benavente, que muestra técnica y expresividad vocal). Este es, de hecho, el factor que llevó a que La Extraviada sea analizada en este blog que, si bien se dedica principalmente a los musicales, también trata la interacción del lenguaje musical dentro del teatral, y viceversa (en el caso de los music hall o ciertos conciertos).
Principalmente, los momentos de canto lírico son una buena decisión para crear un clima, oscureciendo el relato. Funcionan para el espectador como la caída de las tijeras para Olga: como un augurio. Sobre todo, porque son evocaciones que los personajes hacen en su mente (a veces, acompañando sus sentimientos de una forma más explícita que otras). La Traviata los va absorbiendo sin que lo noten, y se van compenetrando cada vez más con la tragedia. Es muy interesante ver representado ese apasionamiento que puede darse detrás de escena, porque uno comprende que, para lograr que una obra salga bien, todos tienen que trabajar en función de un mismo objetivo, dando lo mejor con los recursos que cuentan.
El recurso de integrar arias de La Traviata, es también, una oportunidad para encontrarse con extraordinarias canciones (compuestas por Giuseppe Verdi). El material más popular que la ópera posee es, sin lugar a dudas, “Libiamo nel’lieti calici”, número conocido como “El brindis”. Reconozco que es la única pieza de esta ópera que escucho con cierta frecuencia (un paréntesis: la música que escucho siempre contrastó con el reggaeton y la música electrónica que escuchan mis vecinos, dos estilos a los que soy ajeno, pero no tengo ni los parlantes lo suficientemente potentes ni la falta de criterio en cuanto a los decibeles tolerables como para contrarrestarlo). Por eso, La extraviada es un buen espacio para redescubrir esas melodías.

La frase de Víctor Hugo (gran escritor, por cierto) que acompaña el programa dice “Lo sublime es una combinación de lo bello y lo grotesco”. Por eso, La Traviata es sublime, porque evoca muchas emociones con sus contrastes. La Extraviada quiso rescatar un poco la idea de los contrastes, pero a través de la introducción de ribetes tragicómicos (sobre el final), logrando un buen desenlace.
Siempre es reconfortante (por lo menos para mí) buscarle el lado cómico a lo que puede resultar incómodo en la vida. Aunque sea, así se obtienen buenas anécdotas.

El diseño de vestuario y escenografía de Cristina Villamor posibilita un uso adecuado del espacio y ayuda mucho a dar vida al taller donde trabajan los protagonistas.
El diseño de luces de Gustavo Dimas es discreto y ayuda a lograr el cambio de clima en los momentos donde interviene la cantante lírica.

En resumen: Una comedia desopilante y original, escrita y dirigida por Alejandro Viola. Cuenta con actuaciones divertidas y completas, gracias a la presencia de actores con muchos recursos, que enriquecen el texto. Las intervenciones de la cantante lírica contribuyen a generar climas y permiten disfrutar de las arias que Verdi compuso para La Traviata.


Nota aclaratoria: La Extraviada no es un musical (por eso su nota no es comparable a las del resto de las obras del ranking). No obstante, utiliza música de La Traviata (de Verdi) dentro de su dramaturgia. Así, las melodías son una forma más de expresión, que contribuyen al desarrollo del factor trágico de la historia. Como dato adicional, la genial ópera de Verdi no es ajena a los musicales, dado que en ella se basó la muy buena película Moulin Rouge!


Más información:
Dirección: Alejandro Viola.
Teatro: El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034); 4863-2848.
Duración: 1 hora 20 minutos.
Precio de las entradas: $80. Para jubilados y estudiantes universitarios (con acreditación), $60.
Funciones: domingos a las 17 hs. (durante septiembre y octubre).
Piano (en off): Santiago Rosso.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar).


Fotos: Facebook.com/LaExtraviada


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Crítica de "Esgarabal, es una sensación distinta", de Ricky Pashkus (libro), Gonzalo Demaría (letras) y Gaby Goldman (música)

Categoría: MUSICAL JUVENIL

Crítica de Esgarabal, es una sensación distinta

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Centro Cultural Borges).

Calificación: 7/10


¿De qué se trata?: Del detrás de escena de una obra musical, desde el ensayo hasta el estreno, desde el punto de vista de una compañía juvenil.

El punto fuerte de la obra: el diseño coreográfico de Mariano Botindari, Lucila De Stéfano, Milagros Michael, Diego Hodara y Leandro Bassano, todos ellos experimentados y muy buenos profesionales.
El hecho es que Esgarabal adquiere un vuelo especial cuando sus jóvenes intérpretes transmiten a partir de coreografías. La expresión corporal se vuelve, entonces, un arma fundamental que todos los integrantes del elenco dominan.
Es notorio el trabajo en equipo, dado que las coreografías no se verían tan bien si no se hicieran en conjunto. Por eso, los coreógrafos comprendieron la importancia del mensaje que había que transmitir: Esgarabal (una obra dentro de la obra) sólo se puede lograr cuando se integran los “mambos” individuales, para lograr un “mambo propio” (como nos dice el slogan). Una de las ideas que se desarrollan es, entonces, que son las diferencias entre las potencialidades de los artistas las que logran el resultado buscado.
Por esta razón, el director Leandro Bassano pautó momentos donde sale a la luz la personalidad propia a través de la improvisación (más que nada, gestual). Corre por cuenta de cada uno de los chicos aprovecharlo (algunos demuestran ser histriónicos), dado que el texto es breve y no hay otra forma de lograr que cada uno se sienta individualizado dentro de un grupo grande si no es realmente adoptando un personaje y sosteniéndolo más allá del parlamento.
Otra cosa que noté de las coreografías es el continuo pasaje de los movimientos lentos y delicados a los movimientos bruscos. Mayormente, esto acompaña la explosión juvenil, la manifestación repentina de la energía acumulada.

A las casi omnipresentes coreografías se suma el desafío de cantar en vivo al mismo tiempo que se baila. Es ahí donde entra la tarea de Fernanda Martínez Mina, la coach vocal, que tuvo que unir todas las muchas voces (además de entrenar a chicos que no tenían su fuerte en el canto) y trabajar con armonías. Además, dispone de sólo 10 micrófonos, y los chicos son 19. El juego de voces se destaca en el atractivo número “Esgarabal, es una sensación distinta”. El resultado vocal general es digno, aunque con algunos miembros del elenco que están claramente por encima de otros en esta disciplina.

En cuanto al libro (de Ricky Pashkus, director del Proyecto Educativo), Esgarabal es un musical conceptual, porque no se desarrolla una trama en forma definida, sino que se hace a través de cuadros aislados (y diálogos aislados), que tratan de transmitir un mismo concepto. Lo aclaro porque algunos espectadores que no conocen este tipo de musicales quedaron desconcertados. En realidad, si bien lo que se quieren mostrar son los entretelones de una obra (las audiciones, los ensayos y el estreno; es decir, se representa al teatro dentro del teatro), hay dos conceptos que son importantes y recurrentes:
1. La no discriminación (los personajes de Esgarabal se ríen de ellos mismos, y de lo que los hace únicos y los diversifica). Esto va unido a la idea de que todos tienen derecho a expresarse a través del arte, sin prejuicios.
2. El teatro está lleno de competencia, y hay que trabajar para llegar a ser bueno.

También, hay guiños al mundo de los musicales (como las referencias al ensamble o a los compositores que incluyen muchas palabras por compás).
Las letras de Gonzalo Demaría van de la mano de los conceptos que expliqué y tratan de hacer referencia a un universo delirante y a diversos musicales.
La simpática música de Gaby Goldman es difícil de encasillar en un solo estilo. Algunas melodías son pegadizas.

Pablo Battaglia, desde el vestuario, también ayudó a los chicos a encontrar su “mambo propio”, porque le dio a cada uno una prenda distintiva, de acuerdo con su personalidad. Hay que recalcar que, cuando los chicos se sacan estas prendas y quedan todos vestidos de la misma forma, están simbolizando la unión que les brinda el hecho de estar todos juntos en el escenario, funcionando como una compañía, donde ninguno tiene privilegios, y se entregan despojados al arte.

El diseño de luces de David Seldes es correcto (sobre todo, en la variación en el tono durante la escena donde los artistas “entregan su corazón”), teniendo en cuenta que la sala Astor Piazzola del Centro Cultural Borges no cuenta con un amplio equipamiento lumínico. Las transiciones resultan un tanto abruptas.

Se debería ajustar el sonido en las sucesivas funciones (quedan 2), por respeto a los chicos que están en escena (y a su trabajo previo) y deben esforzarse para ser escuchados.

Por último, Leandro Bassano (el director) demuestra su compromiso con la docencia, al asumir el desafío de dirigir a 19 adolescentes; la mayoría, debutantes. Valoro su determinación por darle la posibilidad de pasar por el escenario a tantos chicos. Él es el motor de Esgarabal, dado que se encargó de reunir a todos sus gestores para poder hacer esta nueva versión.

En resumen: Esgarabal, un musical conceptual que habla de cómo se gesta, precisamente, un musical, funciona como una vidriera de talento joven. Su numeroso elenco se destaca en las coreografías en conjunto, a las que les imprimen energía. Se nota, detrás de ellos, la dedicación de su director Leandro Bassano.


Más información:
Pueden leer la nota que le hice a dos actrices del elenco: Camila Martin y Ailén Kazakevich (a propósito, la primera tiene una interesante presencia escénica y un muy buen dominio vocal y la segunda está afianzada en el baile y en la expresión gestual)... parte 1 y parte 2.

Foto: https://www.facebook.com/pages/Esgarabal-es-una-sensación-distinta/

Director: Leandro Bassano.
Elenco: Delfina Arrizabalaga, Juan José Araya, Rocío Caldés, Celeste Dondero, Vicky Goldstein, Luca Calaterra, Celeste Condoleo, Nicolás Di Pace, Federico Ferreyra, Ezequiel Giannoni, Ailén Kazakevich, Franco Rau, Anabella Reggi, Gala Schneider, Facundo Ullúa, Max Romero, Camila Martin, Jeremías Sapire, Triana Pena
Teatro: Centro Cultural Borges (Viamonte 525, esq. San Martín).
Duración: 40 minutos (observación intrascendente: esta obra del Proyecto Educativo de Ricky Pashkus justo dura como una hora de clase).
Funciones: el sábado 21 y el 28 de este mes, a las 16 hs.
Precio de las entradas: $60, $70 y $80.
Promoción: 2x1 con Club La Nación.

Nota: Para la calificación, tomé en cuenta que la obra entra dentro de la categoría “juvenil”, y se mide con otros parámetros que las obras destinadas a adultos. Por esto, su nota no es comparable con las de los musicales del ranking normal.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Crítica de "Reinas del Marabú", de Reina Reech y Mauro García Barbe

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de Reinas del Marabú

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Maipo Kabaret).

Calificación: 8/10


¿De qué se trata?: Un music hall que celebra a la mujer, a través de distintos cuadros sugerentes que la presentan en varias facetas, plantean fantasías o resaltan estereotipos. Hay muchos stripteases, y se hace hincapié en el baile.

El punto fuerte de la obra: las excelentes coreografías de Vanesa García Millán, una creadora todoterreno, que sabe dotar a los espectáculos donde trabaja de buen gusto y creatividad (por más disímiles que sean entre sí).
La coreógrafa es capaz de integrar las clásicas figuras de ballet a movimientos que tienen que ver con el burlesque y el striptease. Sí, hay rond de jambes, grand écarts y développés (y más de esas palabras en francés que sé pronunciar pero que tengo que googlear antes de escribir), y se combinan dentro de un trazado coreográfico magnífico, que es el alma de la puesta. Es gracias a Vanesa García Millán que el espectáculo adquiere esa estética especial, depurada. Se nota que hay talento detrás de cada cuadro, y que se cuidaron los detalles para elevar la calidad, en vez de elegir el camino más fácil y caer en una propuesta igual a muchas otras. García Millán es una experta en la expresión con el cuerpo, y su participación marca la diferencia para que las “Reinas del Marabú” revelen todo su potencial y liberen su energía femenina. Quiero destacar un fabuloso número de tango. La asistente de coreografía es Evangelina Bourbon.
Por supuesto, la coreografía se puede lucir gracias a la presencia de prolijas bailarinas, a la altura de las exigencias. Todas demuestran que pueden bailar con un estilo pulido y consolidado, y un estilo sólo se afianza por medio del trabajo y la constancia. Además, un aspecto fundamental es que saben sumar seducción a la técnica.
Por otra parte, Emiliano Pi Álvarez, el único varón, sorprende por su línea y su destreza en el caño.
María Laura Cattalini es la encargada de llevar adelante el ritmo del espectáculo (por cierto, muy bien pautado por su directora y cumplido por Griselda Martínez, la stage manager). Cattalini tiene una gran facilidad para entablar una conexión con el público, con el que interactúa con carisma. Incluso, sabe “remar” las respuestas ambiguas de la audiencia, y sacar varias risas. Todo esto, entre muchos cambios de vestuario. Ella es, también, quien carga con el texto de la obra, haciendo un buen manejo de su voz para enfatizar ciertas partes o generar expectativa.
Martina Lupardo, por su parte, canta algunas canciones y lo hace muy bien. La música original es de Mauro García Barbe. El sonido (operado por Cristian Beldevere) no tiene fallas.

Antes de pasar a Reina Reech, quiero hacer un paréntesis: encontré entre mis cassettes uno de los de Reina (“La familia de colores”), donde canta, en una de las canciones “Todos tenemos un sueño/ guardado en una cajita”. Y me puse a pensar que “Reinas de Marabú” es la exteriorización de esa cajita de sueños, de esas cosas sobre las que los espectadores pueden haber fantaseado.
Cattalini (la presentadora) anuncia que será una noche para despojarse de los prejuicios y reflexionar con libertad sobre temas pudorosos, relacionados al sexo (como la masturbación, las fantasías sexuales o las relaciones con más de dos integrantes). Reina Reech quiso exponer en el escenario a la mujer como es, con todas sus facetas (y, de paso, burlarse un poco del hombre, también). Es decir, la obra apunta a celebrar a la mujer por el hecho de ser mujer, riéndose de los estereotipos. El libro, escrito por Reech, tiene planteos divertidos e interesantes sobre la sexualidad moderna y la relación entre el hombre y la mujer (la creadora se inspiró en un seminario de Marcela Luchetta). El texto es imprescindible para llamar la atención del espectador y resulta un apoyo importante para los cuadros que siguen a cada intervención de Cattalini.
Reech diseñó cuadros con un criterio amplio, incluyendo diversos aspectos de la femineidad y distintos tipos de mujeres, como la geisha, la hermafrodita, las porristas lesbianas, las ejecutivas workaholic, las adictas al shopping, las que son presas de vampiros, las diosas, entre otras ocurrencias. Así, en la mutación (y la alternancia de las bailarinas), el espectáculo resulta siempre atractivo. En fin, sólo falta un par de gemelas.
En su rol de directora, Reech acierta al apostar por sugerir algunas cosas y no ir a lo explícito. Nunca cae en lo vulgar, sino que busca la elegancia, el homenaje al cuerpo femenino. Otra buena decisión fue la de las marcaciones para las entradas (por distintas puertas). Reech es, también, la diseñadora de la iluminación, que sigue la misma línea que la dirección, es funcional y crea un buen marco estético. Va variando los tonos de la luz, y así llama la atención.

Por otro lado, el vestuario (perteneciente al Maipo y a Ámbar La Fox) es muy atrayente y fundamental para aportar brillo. La dirección de vestuario es de César Juricich.
Por último, es interesante el uso de la pantalla (el diseño de video es de Pablo Rodino), del que no se abusa. El momento que más me gustó relacionado a la pantalla fue el del final.

Entonces, el mayor mérito de este espectáculo es el de llevar adelante la práctica del strip dance con refinamiento. De hecho, hay un solo desnudo completo. Aseguro que no hay vulgaridades. Y eso que quien escribe esto es cristiano e integra dos grupos misioneros. Siempre me pregunté si se podía transmitir algo al desnudarse en un escenario fuera del contexto de una historia, y “Reinas del Marabú” es un ejemplo de que se puede lograr un music hall con despliegue artístico y diversión a partir del striptease. Vale recordar que este espectáculo (que ya lleva más de 200 funciones) emprenderá pronto una gira que lo llevará a Europa, así que quedan pocas funciones para disfrutarlo en la acogedora sala del Maipo Kabaret.


En resumen: Un music hall donde la estrella son las espléndidas coreografías de la genial Vanesa García Millán. Con un texto divertido, Reina Reech, la directora de la propuesta, logra desnudar a la mujer (en todos los sentidos), y lo acompaña con la desnudez física en cuadros con pautas diversas, que involucran técnica de baile, destreza, sensualidad, habilidad para sacarse la ropa, histrionismo y canto. Las bailarinas (y el bailarín) demuestran erotismo para el arte del striptease y línea y estilo para el baile en general. Una propuesta sofisticada y poco frecuente, pero ciertamente muy bienvenida. Atrae tanto a hombres como a mujeres.


Foto: Paula Dalia.

Más información:
Dirección: Reina Reech.
Elenco: Flor Beltramo, Evangelina Bourbon, Sol Camardella, Maria Laura Cattalini, Sabrina Lis Gay, Martina Lupardo, Martina Nikolle, Barbara Reali, Maria Valencia y Emiliano Pi Alvarez.
Teatro: Maipo Kabaret (Esmeralda 443); tel.:5352-8383.
Duración: 1 hora y 25 minutos.
Funciones: miércoles a viernes a las 21 hs.; sábado a las 21 hs. y a las 23 hs.; domingo a las 20:30 hs.
Precio de las entradas: desde $190 a $250.
Promoción: 2x1 con Club La Nación.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar)

martes, 18 de junio de 2013

Crítica de "Los Locos Addams", de Andrew Lippa (letra y música), Marshall Brickman y Rick Elice (libro), en versión de Enrique Pinti

Crítica de Los Locos Addams, el musical

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro Ópera Citi).

Calificación: 7/10



¿De qué se trata?: Merlina Addams se enamora de un joven “normal”, Tomás Beineke, y quiere que las familias se conozcan. Los Beneike son, entonces, invitados a la estrafalaria mansión Addams, pero las cosas se complicarán…

El punto fuerte de la obra: en este caso, es difícil de determinar por los siguientes factores…

1* Es evidente que se trabajó en los rubros técnicos en forma superlativa, y eso se destaca inobjetablemente. El problema es que nunca me gustó juzgar una obra por su escenografía, porque un buen musical debería usarla como complemento y no como la atracción central. Y eso sólo se logra con bases fuertes, de la que el material original carece. Por supuesto, lo que se ve en escena no deja de ser impresionante estéticamente e inventivo. Es verdad que uno se puede conectar con la historia a través de un buen ambiente escenográfico, pero el teatro es mucho más que eso. Mucha gente festeja recursos efectistas con aplausos que no destinan para otros cuadros, y ahí se evidencia lo endeble de hacer principal lo que debe ser secundario. Por eso es que, aunque la escenografía y los rubros técnicos sean increíbles, no los puedo elegir como el punto más fuerte de la obra.
Al salir del teatro, algunos se preguntaban quién había sido el escenógrafo, por eso cabe aclarar que el decorado es una copia del original de Broadway, que seguramente fue traído desde Brasil a la Argentina por la productora T4F. El diseño del telón, que se va amoldando para mostrar distintas secciones del escenario, es absolutamente funcional a las transiciones escénicas y crea marcos muy lindos para las acciones. El teatro Ópera (uno de mis preferidos) es especial para este despliegue, que me gusta apreciar desde el superpullman.
La escenografía es muy dinámica, pues los decorados (por ejemplo, el cementerio, el jardín o el comedor; todos maravillosos) cambian constantemente (vemos, además, distintos ambientes de la casa y ángulos del jardín) y se introducen nuevos recursos. Todo esto sucede sin quiebres gracias a los técnicos que trabajan detrás de escena y a los integrantes del ensamble. El manejo de efectos y títeres y el recurso del tío Cosa también enriquecen visualmente la puesta. Además, el sonido es bueno, aunque evidencia las diferencias de técnica vocal en números donde cantan varios personajes. Seguro se irá ajustando.
El maquillaje (también un calco del de Broadway) es realmente detallado y asombroso. Permite, junto con el vestuario, dotar a todos los personajes de su personalidad. Es un componente esencial para dotar de vida a las criaturas.
La iluminación tiene momentos muy logrados, aprovechando la extensión del escenario y jugando con el tiempo (en las escenas en las que el tío Lucas dialoga con el público o cuando Merlina lanza la flecha). El cuadro “La Luna y yo” resulta muy atractivo por sus recursos lumínicos.



2* Si no hay historia, la escenografía no tiene sentido. Y el libro original no es muy sólido. De hecho, me sorprendió lo flojo que es el segundo acto desde la escritura. El punto más alto de se encuentra en la segunda mitad del primer acto, culminando en la escena mejor lograda de la obra: “La verdad desnuda”. La traducción de un texto que debe ser humorístico,  pero no propone tanta creatividad, debía ser encargado a alguien que pudiera dotarlo de interés, originalidad y gracia. Por eso, la adaptación del libro y las canciones de Enrique Pinti me parece digna de valoración. Con su estilo reconocible, apuntes humorísticos para adultos y referencias a la cultura argentina (algunas más ocurrentes que otras), logra sacar varias sonrisas y carcajadas a los espectadores. Los Locos Addams se publicita como “El musical más divertido de Broadway”, y está muy lejos de ser eso. Si bien divierte con varias situaciones, recurre demasiadas veces al chiste fácil, a lo obvio. El mérito de Pinti es que la versión argentina tenga personalidad, y algunos diálogos inspirados. No obstante, no creo que sea el punto fuerte de la obra por la carencia de un libro muy consistente. Gran parte del humor e ingenio del original está puesto en las canciones, que Pinti adaptó con solvencia.



Por todo esto, me quedo, como lo más destacado de la obra, con la brillante actuación de Dolores Ocampo como Alice Beineke (la madre del novio de Merlina). Había escuchado mucho de esta intérprete del circuito off, y ella realmente se roba algunas escenas. Logra la difícil tarea de destacarse en la comedia con un personaje estereotipado, pero desopilante y muy bien compuesto, y lo hace desde que entra a escena, con mucha intuición actoral. Su actuación logra risas genuinas, por la forma en que ella enuncia su texto. Su gran momento es durante el cuadro “La verdad desnuda”/“Esperando” (que cierra el primer acto), donde explota su talento como actriz y cantante en un momento de desborde magníficamente interpretado.
Me pareció, además, la mejor escena del musical porque se produce un interesante juego escénico entre todos los actores de la obra, que cautiva al espectador, con un buen ritmo e intervención adecuada de la partitura.



Pasando al resto de los actores, tenía mis dudas con respecto a la pareja central: Homero (Gabriel “El Puma” Goity) y Morticia Addams (Julieta Díaz), porque siempre dudo cada vez que se convoca a artistas que no tienen experiencia en comedia musical. Hay muchos que tienen experiencia en comedia musical, pero siguen sin cantar bien y otros que sorprenden siendo principiantes. Eso sí, haciendo un paréntesis, hay castings descabellados (por ejemplo, el rumor de que Moria Casán integrará la reposición de Sor-presas).
Luego de ver Los Locos Addams, me parece que la actuación de Goity es comparable a la de Francella en Los productores o El joven Frankenstein. Al cantar, si bien asume unas pocas notas un poquito más arriesgadas (la partitura tampoco le brinda muchas), no convence. Se queda en el recitado o en algo mesurado, y está bien que así sea, antes de que se arriesgue a hacer algo que no puede. Tiene algunos vicios, que buscan ocultar falta de técnica. De esta forma, sus canciones no son precisamente melodiosas, pero él las encara astutamente desde el humor. Sin embargo, me pregunto, ¿era necesario que Homero cantara bien? A juzgar por el resultado de la obra, no. Goity es un muy buen actor cómico, y sabe que ese es su fuerte. Y eso es lo que el personaje requiere. Tal vez alguien que sí sabe cantar bien y que podría haber obtenido el rol no tiene su timing o carisma para llegar al público como él. Al no ser un musical exigente vocalmente, Goity no se destaca cuando canta pero no queda tan expuesto. En cambio, en los momentos de texto, busca la complicidad con los espectadores y se divierte en escena, explotando la locura que le exige su personaje y jugando con gestos y acentos. Su forma de decir algunos diálogos los hace graciosos aunque no lo sean. Obviamente, también está atrapado en el problema de no contar con un texto con enredos imaginativos, pero tiene varias líneas escritas por Pinti a su favor. Se defiende bailando el “Tango de amor”.
Precisamente en el baile se destaca Julieta Díaz, que como cantante también deja que desear, pero tiene mucha gracia para moverse. Compone bien a una Morticia misteriosa desde su postura, y asume su personaje con convicción y buen manejo de la voz (hablada), replicando algunos gestos de personificaciones anteriores.
Debo aclarar que vi la obra en la avant premiere del lunes, y todavía es una etapa en la que no está todo dicho, y puede que tanto Goity como Díaz se vayan perfeccionando en el canto.



Laura Esquivel sí demuestra que tiene una buena voz, y se destaca su proyección vocal. Actúa con seguridad, y su particular estilo gestual e histriónico al cantar no desentona, en pos de la locura general de la familia. También sale airosa bailando en un par de ocasiones. Se luce cantando en “Un nuevo camino”, donde aprovecha la fuerza que adquiere la melodía en su voz. Lleva adelante la obra en más de una ocasión.

En la función a la que asistí, Pericles fue interpretado por Kevin Tomás La Bella, del cual destaco la constante mirada de abatimiento que requiere el personaje y el compromiso con su solo (“¿Y si?”), en el que también brinda un buen desempeño vocal (tiene una nota final con cierta complejidad y él la encara bien), solo en el escenario.
Gabi Goldberg (Abuela) y Marcelo Albamonte (Largo) tienen papeles pequeños que no les dan suficientes chances para destacarse, pero se desenvuelven correctamente. Santiago Ríos (Tío Lucas) hace un buen manejo de la voz de su personaje cuando actúa, pero no tiene solvencia para el canto. Su “historia de amor” le permite hacer uso del humor.
Alejandro Viola (Mauricio Beineke) realiza un muy buena y convincente interpretación como el padre del novio de Merlina, Tomás (Marco Dimónaco, cuyo personaje tampoco le da muchas oportunidades de lucimiento). La idea de mostrar que todas las familias son anormales es interesante, pero todo se resuelve demasiado rápido, sin profundizar y sin originalidad.
El ensamble (con algunos artistas experimentados) está lamentablemente desaprovechado por el texto original, y queda demasiado relegado.

Las canciones no son un aspecto sólido de este musical. Si bien sirven para expandir el humor, las melodías no se destacan (tal vez la más interesante sea “Un nuevo camino”, interpretada por Merlina, aunque se pierda el juego de palabras de la original, “Pulled”), ni cumplen siempre una función teatral (sí lo hace “La verdad desnuda”).
No obstante, la orquesta, dirigida por el siempre excelente Gerardo Gardelín resulta uno de los componentes esenciales, sobre todo porque, hoy en día, no es frecuente que haya tantos músicos en el foso (por eso es valioso que T4F invierta en tener a muchos artistas tocando en vivo, así como arriba del escenario, y varios técnicos detrás de él). Lamentablemente, hay gente que sigue considerando que la obertura es música de fondo, y habla encima de ella, pero el desenvolvimiento de los músicos es intachable.

De la dirección (de Jerry Saks) se puede mencionar el buen ritmo impreso al relato.


En resumen: La versión argentina del musical se propone mejorar el texto original (de base endeble) a través de la efectiva adaptación de Enrique Pinti, y se focaliza en el humor, bien llevado por Gabriel Goity, más que en lo estrictamente musical. Laura Esquivel se luce cantando, Julieta Díaz sorprende bailando y Dolores Ocampo brinda la mejor interpretación. La escenografía y los rubros técnicos son excelentes. Logra entretener a un público variado.

Más información:
Dirección: Jerry Saks.
Teatro: Ópera Citi (Av. Corriente 860).
Duración: 2 horas 35 minutos (incluyendo un intervalo de 15 minutos).
Funciones: jueves (20:30), viernes (20:30), sábado (17:00 y 21:00) y domingo (19:00).
Entradas: $70, $90, $130, $190, $250, $320 y $350.
Promociones: 15% de descuento con Citi y descuento en localidades de platea en "Tickets Bs. As." (Cerrito y Diagonal Norte).

Fotos:
http://ar.omg.yahoo.com/fotos/los-locos-adams-en-argentina-1370975458-slideshow/
http://www.facebook.com/LosLocosAddamsMusical
http://www.redteatral.com.ar/versiones-musicales-los-locos-addams-13927&id_generos=
 

martes, 11 de junio de 2013

Crítica de "Forever Young", de Eric Gedeon, en versión de Paco Mir, Joan García, Carlos Sans, Pablo Kompel, Sebastián Bultrach y Daniel Casablanca

Crítica de Forever Young

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2012 – 2013 (Teatro El Picadero) – 2014 (Teatro Metropolitan Citi).

Calificación: 7.5/10


¿De qué se trata?: Un musical con un amplio repertorio de canciones de los 70s, 80s y 90s, que cuenta un día en la vida de seis ancianos que han sido artistas y viven juntos en un geriátrico. Las canciones les sirven para combatir el aburrimiento y no perder la vitalidad, enfrentando la vejez de la mejor manera (con alegría), y aprovechan para divertirse con ellas cada vez que la enfermera se ausenta.
Basada en la versión catalana (del grupo Tricicle) de un musical noruego (Evig Ung).


El punto fuerte de la obra: las interpretaciones. Sin dudas, los actores son el alma de esta obra, que probablemente no sería tan efectiva si no se hubieran confiado los roles a actores tan buenos, todos experimentados en teatro musical. Parece una paradoja, pero muchas veces se priorizan otras cosas antes que la formación de un actor o lo que transmite en escena, y tiene un gran valor que la producción haya elegido a estos artistas.
Ivanna Rossi, Martín Ruiz, Melania Lenoir, Omar Calicchio, Walter Canella, Andrea Lovera y Dan Breitman son un derroche de histrionismo, y humanizar sus caricaturas. La composición de los personajes está abordada desde la actuación, que la fortalece, y por eso funciona. Los personajes tienen matices, relieves, son cercanos al público, que puede identificarse con ellos. El director, Daniel Casablanca, seguramente tuvo mucho que ver con esto y con la forma en que se vinculas los viejitos, que permanecen toda la obra en escena. Todos los actores saben plantarse y moverse en el escenario con oficio, siempre en personaje, al que habitan. Atraviesan pasajes que requieren de distintas pautas con solvencia, como la rutina de ejercicios, el baile, la reacomodación de cada uno en su lugar o la gran escena con parlamentos de Shakespeare, y tienen el manejo del humor sumamente afianzado.
Gimena Riestra ya ha sido alabada por muchos críticos por su papel de enfermera, y se merece la ovación que recibe. Demuestra intuición escénica, timing y una buena voz para cantar. Su personaje le permite desplegar su talento, presentar a los personajes, generar constantemente situaciones distintas, y dar un vuelco hacia el final de la historia. Hace grande un rol secundario.
Gaby Goldman, por su parte, sigue demostrando que es un pianista y arreglador brillante, pero suma una faceta actoral, en la que se mueve muy bien, en pequeñas intervenciones.


Debo decir que cuando leí cómo estaba estructurado el musical, todo parecía indicar que sería un divertimento chato, porque las canciones aparecían sin tener relación directa con una trama (esta obra carece de un argumento tradicional), como sí sucede en cualquier musical hecho y derecho. No obstante, la resolución de este problema me sorprendió gratamente, si bien es cierto que las canciones no sirven para hacer avanzar la trama ni tienen relación directa con lo que sucede en escena, son fundamentales para dotar de diversión la vida de los protagonistas, cambiando su forma de afrontar la vida. En ese contexto, los personajes no podrían vivir sin música. Además, algunas marcan climas, potenciadas por los arreglos (como “Smells Like Teen Spirit”, que logra transmitir mucho a partir de cómo se canta). También, es notable que una canción como “Barbie Girl” llegue a dar escalofríos gracias a su uso dentro de la obra. Otro momento destacable es la interpretación de “Forever Young” (por Melania Lenoir) que viene después de esa escena, y adquiere un sentido renovado a la luz de lo que pasa.
La selección de canciones fue realmente muy buena y amplia (conviven “El lago de los cisnes”, “Una lágrima sobre el teléfono”, "Notti Magiche", “Roxanne”, “Chiquitita”, “0303456” y “El Rock del Gato” por dar ejemplos de su heterogeneidad), dado que traviesa varias generaciones y géneros. Es por eso que la versión argentina (de Paco Mir, Joan García, Carlos Sans, Pablo Kompel, Sebastián Bultrach y Daniel Casablanca) es creatividad pura, y esto se traslada también a los momentos del libro donde no se canta. La obra hace un manejo ejemplar del humor, puesto que hay gags efectivos permanentemente. El staff de adaptadores argentinos partió de un concepto catalán (basado en la obra original noruega), pero lo dotó de originalidad, personalidad e identidad argentina, apelando al público local con las canciones (el cuadro de rock nacional es un gran momento) y los chistes, buscando su identificación. Hace unos meses, estuve presente en los premios Florencio Sánchez, donde Gimena Riestra subrayó lo importante de apropiarse del material, y abordarlo con creatividad antes que encararlo desde lo superficial (no recuerdo exactamente las palabras que usó, pero Pepe Cibrián se dio por aludido, tras su regular pieza Excalibur, y, por las dudas aclaró que su dramaturgia tenía corazón, sólo que sus obras eran más caras).
Volviendo al libro, este culmina con un giro interesantísimo, e invita a la reflexión y la emoción (ambas en forma sincera y desprejuiciada) en su último tramo.
Por poner un ejemplo de los localismos, despierta carcajadas la mención de Guillermo Francella (aunque ya está cremado y reducido a cenizas, siguen repitiendo Casados con hijos), Julio Chávez (en el borda) y Les Luthiers (vivos, de gira entre Madrid y Buenos Aires).
La escenografía de María Oswald es vistosa, y tiene pósters de comedias musicales argentinas que llamarán la atención de todo fanático del género. El vestuario es simpático y el maquillaje y las pelucas son indispensables para construir la lograda apariencia de los viejitos.
La coreografía simple de la siempre efectiva Elizabeth de Chapeaurouge aporta momentos divertidos.


En resumen: Una obra sencilla, que aborda un tema complejo (envejecer) y nos hace enfrentarnos a él y reflexionar desde el humor. Está apoyada en excelentes interpretaciones de artistas reconocidos del género y una gran adaptación del libro, pensada para el público local, llena de ingenio y gags y manejada con buen timing por el director Daniel Casablanca.

Más información:
Dirección: Daniel Casablanca.
Teatro: El Picadero (Pasaje Discépolo 1857).
Duración: 1 hora 35 minutos.
Funciones: miércoles a domingos.
Entradas: $170 a $200.

NOTA: INFORMACIÓN 2014
Elenco: Walter Canella, Christian Giménez, Melania Lenoir, Andrea Lovera, Mariela Passeri y Germán Tripel. Pianista: Pablo Bronzini.
Teatro: Metropolitan Citi (Av. Corrientes 1343).
Precio de las entradas: desde $180 hasta $240.
Funciones y promociones: consultar en https://www.plateanet.com/Obras/forever-young