Las 5 entradas más populares de la semana

Mostrando entradas con la etiqueta Biográfico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biográfico. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de noviembre de 2014

Crítica de "La Celia", de Santiago Castelo, Emilio Sagi y Jordi López

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de La Celia

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2014 (Maipo Kabaret)

Nivel: /8
(Falta 1 obra para completar el grupo de 3)


¿De qué se trata?: Memoria sentimental de Celia Gámez (1905-1992), una actriz, cantante y bailarina argentina que reinó en España.

El punto fuerte de la obra: Ivanna Rossi.

Y al llegar te diré: ‘Mírame’
Y al mirar me dirás: ‘Quiéreme’
(…)
Para hacerme feliz mírame
Para hacerme soñar mírame
Si me quieres matar, mírame

Sí, Celia Gámez fue una artista argentina radicada en España que se caracterizó por acaparar miradas. A lo largo del espectáculo, nos enteraremos de cómo imponía modas, suscitaba rumores sobre su vida amorosa y llenaba teatros durante décadas. Sin embargo, en el creativo programa de mano se nos aclara que estamos frente a una “memoria sentimental”, y la denominación es acertadísima. Esto se debe a que ver La Celia es mucho más que observar el discurrir de una vida: es hacer un viaje en el tiempo y encontrarse cara a cara con una estrella y rememorar un estilo artístico al que estamos poco acostumbrados a disfrutar en vivo en nuestro país. De hecho, como bien se dice en la obra, en la Argentina Celia no era tan conocida como en España. Los argentinos estamos mucho más familiarizados, por ejemplo, con Sara Montiel, otra indiscutida reina de la canción española (y que, al igual que Gámez, interpretó el “Pasacalle de los nardos”).

lunes, 15 de septiembre de 2014

Crítica de "Farinelli, el castrado: un musical barroco", de Rolo Sosiuk y Rodrigo Fornillo

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Farinelli, el castrado:
un musical barroco

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Empire).

Nivel: 5.5 /8
(Faltan 2 obras para completar el grupo de 3)


El punto fuerte de la obra: Georgina Frere.

¿Qué había dentro de aquella garganta? ¿Ángeles o demonios? He aquí el dilema del que parte este nuevo musical, que se pregunta si la destreza vocal que exhibía el castrato Farinelli era un don celestial o la causa de su perdición. Desde el minuto uno, la propuesta se inclinará por uno de estos dos costados (no es difícil imaginar por cuál). A partir de allí, la puesta de Rolo Sosiuk adoptará un acertado tono lúgubre, que se sostendrá en las canciones compuestas por Rodrigo Fornillo.

miércoles, 23 de julio de 2014

Crítica de "Orlando, despierta!", de Leo Bosio y Jano Piccardo

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Orlando, despierta!
Basada en la novela Orlando (1928), de Virginia Woolf

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Sala Siranush).

Nivel: /8
(Faltan 2 obras para completar el grupo de 3)


¿De qué se trata?: Una biografía en escena, donde su protagonista, Orlando (Pablo Martínez y Sabrina Macchi), atraviesa varios siglos sin envejecer, pero se somete a una transformación física inexplicable.

El punto fuerte de la obra: la estupenda actuación de Sabrina Macchi como Orlando.
Macchi está todo el tiempo en escena y asume dos roles distintos (el de biógrafa en la primera parte y el de Orlando en la segunda). Incluso cuando no encarna al protagonista, es ella quien lleva adelante gran parte del complejo ritmo de la obra y permite que sus compañeros se articulen a él. La asimilación de este pulso tan especial se percibe en su inteligencia para el manejo de la proyección de su voz hablada. Hay que tener en cuenta que le toca representar a un Orlando que está más psicológicamente enmarañado que el de Pablo Martínez, porque a la luz del extraño acontecimiento se despiertan en él/ella muchas preguntas, reflexiones, contradicciones y dudas. Macchi maneja esta situación con mucha expresividad, a tal punto que logra que le creamos perfectamente el concepto de “la misma persona; distinto sexo”. Además, acentúa la impulsividad de Orlando, demostrando que no hay que sobreactuar para ser pasional.

viernes, 7 de febrero de 2014

Crítica de "Al final del arcoiris", de Peter Quilter, en versión de Masllorens y González del Pino

 Categoría: OBRA CON MÚSICA

Crítica de Al final del arcoiris
Título original: End of the rainbow

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Apolo).

Calificación: /10 


¿De qué se trata?: En 1968, Judy Garland (Karina K) es convocada a Londres para dar una serie de conciertos. Se instala en un hotel con su quinto marido y manager, Mickey Deans (Federico Amador) y su pianista y confidente, Anthony (Antonio Grimau). Allí, tendrá que sobrellevar su mala situación financiera, su adicción a las pastillas y el alcohol y su complicada relación con la prensa y quienes la rodean para poder cumplir con su compromiso.

El punto fuerte de la obra: la inmensa Karina K.
Al salir del teatro, escuché a una mujer decir “Me cansé de sólo ver el trabajo de esa mujer”. Lo decía en sentido positivo, porque reconocía el poder que tiene Karina K para hacer vivir a los espectadores emociones fuertes. Esto me remitió a una frase de Alejandra Boero que leí hace unas semanas en la revista “Noticias”, en una entrevista a Thelma Biral: “La gente no sabe, cuando va al teatro, cuánto va a tener que trabajar”. Y es probable que uno termine agotado y agradecido después de ver la actuación de Karina K, un verdadero tour de force, como se dice en teatro (un personaje difícil, que requiere destreza escénica y expone la habilidad de un artista).
Ella sabe empaparse de la esencia de sus personajes (cuentan que, para protagonizar Sweeney Todd, escuchaba hasta la grabación de la versión coreana), y se mete de lleno en el personaje de Judy, con todas sus facetas. En lo vocal, consigue rememorar su estilo inconfundible. Garland era una mujer de contrastes. Era capaz de sorprender al público al cantar, de repente, con mucha potencia, y luego volver a un tono más tranquilo, luciendo su registro amplio (a veces, también, jugando con el tempo). Por eso, la identificaba esa fuerza que tenía guardada dentro de un cuerpo pequeño y de 1,51 cm de alto, que parecía a punto de explotar cuando encaraba esas notas, pero se mantenía más firme que nunca. Me pregunto si esta forma de cantar no tenía que ver con su personalidad. Puede haber sido por su tendencia a mostrar cómo podía hacer todo al límite (lo mismo sucedía con las pastillas y el alcohol). Así, entregaba todo en escena y todavía tenía resto para más (como Karina K). También, puede haber sido una forma de mostrar seguridad, que ella podía hacer lo que quisiera en el escenario por sí misma, sin las presiones que tuvo que sufrir desde muy joven por parte de los estudios fílmicos MGM. Allí, la acomplejaban por su aspecto estético (por ejemplo, le ponían carillas sobre sus dientes torcidos o le indicaban cuándo y qué comer). También, según ella misma declaró, le daban pastillas para mantenerla enérgica por varias horas de rodaje y, luego, pastillas para que se pudiera dormir, hasta que la despertaran y le dieran nuevamente pastillas que la vigorizaban, como si fueran un robot con botón on/off. Entonces, su voz poderosa y su rebeldía le pudieron haber servido para mostrar que ella era mucho más de lo que aparentaba, y que era una mujer fuerte que nadie podía controlar (al menos, eso creía ella).
Karina K recrea con maestría y excelente técnica vocal a esa mujer frágil que se revitaliza en el escenario y, a la vez, hace catarsis. Versiones desgarradoras como las de “You Made Me Love You” y “Come rain or come shine” están cargadas de expresión, al igual que el emocionante final. Cuenta la anécdota que Judy grabó una canción para la película Nace una estrella en 27 tomas (durante 3 días) hasta conseguir la emoción esperada.
Desde lo actoral, adopta una postura para mostrar esa vulnerabilidad (además, bajó de peso) y mantiene una actitud sumamente hiperquinética, tanto al moverse como al hablar, o simplemente al agarrar un cigarrillo. Además, adopta el histrionismo de Judy, utilizando gestos característicos (que traen reminiscencias, también, de su hija Liza Minelli), y hace que sintamos pena por su debacle.


Antonio Grimau compone magníficamente, con sensibilidad y sutileza, a un pianista homosexual, logrando superar su gran actuación en El precio. Se anima, incluso, a cantar unas líneas.
Federico Amador tiene un rol difícil, al compartir escenario con dos grandes actores. Sin embargo, logra otorgarle a su personaje ciertas ambigüedades que requiere, que no es conveniente adelantar.

El texto de Peter Quilter, en una buena adaptación de los cotizados Fernando Masllorens y Federico González del Pino, es generoso con la actriz protagónica, a quien cede casi todo el peso de la obra (como ya le había pasado a Karina K en Souvenir). Aquí, no hay intriga por ver qué sucederá ni vueltas de tuerca, sino que la prioridad es pintar a una leyenda como Judy Garland en 1968, cuando estaba próxima a su muerte, de la mano de anécdotas interesantes. Un acierto es la forma en la que entremezcla el drama con el humor, y otro es la dosificación de las referencias al pasado de la artista durante la Era Dorada. Las canciones (cuyas versiones en castellano fueron hecha por Alberto Favero y Karina K) también están bien intercaladas. Por supuesto, está “Over the rainbow” (debo confesar que, a los 6 años, por culpa de mi mamá, yo era fanático de El Mago de Oz; tanto del libro como de la película, su versión teatral y el musical The Wiz). Particularmente, me gustó la inclusión de “Get happy”. Aclaro de vuelta: este no es un musical, sino una obra con música.
Hay cierta ironía en la forma que Judy Garland terminó convirtiéndose en el Norman Maine que su personaje trataba de proteger en Nace una estrella.


Alberto Favero aporta su profesionalismo en la dirección musical y en el piano, para darle vida a grandes melodías de la mano de Arturo Puertas (contrabajo) y Quintino Cinalli (batería).

Tanto la dirección de Ricky Pashkus como la escenografía (de Héctor Calmet) y el vestuario (de Pablo Battaglia) podrían sintetizarse en una sola palabra: realismo. La obra es muy humana, y por eso conmueve.
La iluminación de David Seldes sirve para marcar la transformación de Judy en el escenario, en contraste con su vida en el hotel.

En resumen: Karina K encarna a Judy Garland con una entrega conmovedora, y se sigue consolidando como una de las mejores actrices de nuestra escena. Desde lo vocal, logra versiones desgarradoras y poderosas de algunos clásicos de la artista. La dirección de Ricky Pashkus se focaliza en darle realismo a la obra.
 -.-.-.Espectador Crítico de Musicales.-.-.-

Más información:
Dirección general: Ricky Pashkus
Producción general: Javier Faroni
Teatro: Apolo (Av. Corrientes 1372) – Tel.: 4371-9454
Desde el 11/9: Teatro Astros (Av. Corrientes 750)
Precio de las entradas: $180 y $200. Ahora: $180, $220 y $240.
Funciones: jueves y viernes 21 hs, sábado 21:30 hs. y domingo 20 hs.
Duración: 1 hora y 40 minutos
Promociones: 2x1 con Club La Nación y 15% de descuento con Visa Citi

Para cerrar, les dejo algunas frases de Judy que encontré en Internet, y que reflejan algo de lo que se ve en la obra:

“Yo quería creer e intentaba creer con todas mis fuerzas en el arcoiris que trataba de de atravesar y no podía. ¿Y qué? Muchas personas tampoco pueden”

“En cuanto a mis sentimientos hacia “Over the rainbow” [de El Mago de Oz], esa canción se convirtió en parte de mi vida. Es tan simbólica sobre mis sueños y deseos que estoy segura de que es por eso que, a veces, asoman lágrimas en los ojos de las personas cuando la escuchan”

“Cuando viviste la vida que yo viví, cuando amaste y sufriste, y estuviste locamente feliz y desesperadamente triste... bueno, ahí es cuando te das cuenta de que nunca vas a poder sentar cabeza y establecerte en un lugar. Tal vez es mejor morirse antes”

“Soy una mujer que quiere estirar sus abrazos y acoger a 40 millones de personas entre sus brazos”

“Soy una leyenda. Entonces, ¿por qué estoy tan sola?”

“Detrás de una nube, hay otra nube”

“Siempre tenés que ser una versión propia de primera clase, en vez de una versión ajena de segunda clase”

“¿Creés que podés hacerme cantar? Podés llevarme allí, claro, pero ¿podés hacerme cantar? Yo canto por mí misma. Canto cuando quiero, sólo para mí. Canto por mi propio placer, cuando quiero. ¿Entendés eso?”

Nota: esta última frase contrasta con lo que el personaje de Judy dice en la obra (que canta para la gente). Yo creo que el público la devolvía a la realidad y le daba aliento. De hecho, fue él quien la inmortalizó. No obstante, esta frase muestra su costado indomable (eso que yo había percibido en su forma de cantar). Cuando ella veía que la gente quería que cantara, ella tenía ganas de de cantar, y ese era el “placer” al que puede referirse: el de compartir una conexión secreta con el público, que hiciera felices a ambas partes.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Crítica de "El Loco de Asís", de Manuel González Gil y Martín Bianchedi

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de El Loco de Asís

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro Margarita Xirgu – Espacio UNTREF) - 2014 (Teatro El Cubo).

Calificación: 7 /10 

2014
ATENCIÓN: AHORA EN EL TEATRO EL CUBO (PASAJE ZELAYA 3053)
LUNES A LAS 21 HS.
PRECIO DE LAS ENTRADAS: $80 y $140
PROMOCIONES: 2x1 con Club La Nación (tuentrada.com o boletería) y 2x1 con Clarín 365, Club Socios Personal y CuponStar (sólo en boletería)
CuponStar: enviá un sms con la palabra CUBO al 70709; vas a recibir otro sms, que tenés que presentar en boletería

www.atrapalo.com.ar/entradas/el-loco-de-asis-el-musical_e91300/
www.tuentrada.com


El punto fuerte de la obra: la calidad vocal de los intérpretes.
Debo confesar que, si esta fuera una obra nueva, hubiera elegido las teatrales y bellas melodías que compuso Martín Bianchedi, hace 30 años (si bien, para esta versión, una se agregó y otra se cambió). Estoy convencido de que la razón más importante por la que este musical conmueve es por el uso que hace de la música, y es por medio de ella que transmite el mensaje de Francisco. Además, la música incidental que Bianchedi compuso para acompañar las escenas de texto las refuerza y le da cohesión a toda la obra.
Pero cabe destacar que una de las sorpresas de esta versión son las voces del elenco, que ayudan a que la fuerza emotiva de la partitura pueda ser plasmada.
En primer lugar, porque cantan con solvencia mientras bailan, a pesar de que las coreografías de Rubén Cuello (con Carolina Pujal como coreógrafa repositora) demandan energía. Es cierto, no todos los miembros del elenco hacen esto con tanta habilidad, pero noté que muchos manejan muy bien el aire, a pesar de que lo que deben cantar no es muy sencillo.
En segundo lugar, porque para montar El Loco de Asís se necesita de un ajustado trabajo coral (los arreglos son de Eugenio Perpetua). En este caso, los coros suenan impecables, y suman mucho la hora de transmitir la fraternidad que pregonaba San Francisco. Si bien el sonido de la sala no es perfectamente nítido, se realizó un gran trabajo para permitir que todo sea perfectamente escuchado, y que se puedan lucir las distintas líneas melódicas contrapuestas, junto con las pistas con la música de Bianchedi (y los espectaculares arreglos del maestro Gerardo Gardelín).
También, hay momentos con solos destacados (gracias, nuevamente, a que Bianchedi pone vocalmente a prueba a algunos de los artistas), si bien son breves.
Todo el elenco funciona en forma integrada, y se distingue a un solo protagonista: Francisco. Más allá de que algunos tengan roles pequeños, la mayor parte del tiempo forman parte de un conjunto: el de los seguidores del santo, o franciscanos.
Así lo dispuso el libro de Manuel González Gil, que decidió no presentar una biografía de Francisco. Puede que los nerds religiosos (entre los que me incluyo) se queden con ganas de ver escenas clave de su vida si piensan en la obra como un relato convencional. Por eso, hay que considerarla como el musical conceptual que es, que trata de transmitir un concepto: la prédica de Francisco, su mensaje de amor y hermandad. Por ejemplo, se recalca su llamado austeridad y el escándalo que ocasionó en la sociedad de su tiempo (incluso dentro de la Iglesia). Lo tildaban de ocioso y lo consideraban un loco… y lo era, porque se jugó a vivir por un ideal con una entrega admirable.

Hace poco, hojeé un libro que Hermann Hesse escribió sobre San Francisco de Asís. Allí, decía que San Francisco vivió cotidianamente lo que predicaba, porque actuaba con absoluta coherencia con respecto a sus palabras. Esto me recordó a lo que está haciendo actualmente nuestro Papa Francisco, y también noté que esa es la conclusión que yo había sacado de El Loco de Asís. Me parece que González Gil quiso contar eso: la historia de un hombre que no traicionaba sus principios, y se animaba a llevar su mensaje a los demás, pese a las dificultades, porque sabía que todos estaban llamados a vivir felices. Se enamoró profundamente de Dios, y por eso se dice que fue el santo que vivió en forma más parecida a Jesús. Se apropió de las enseñanzas del Evangelio, y cultivó el amor al prójimo. Como diría el Papa Francisco, “hizo lío”; no se quedó en su posición acomodada, sino que salió al encuentro de los demás, y vivió en forma desprendida, siendo un modelo para muchas personas.
El multifacético Francisco Ruiz Barlett demuestra comprender ese espíritu, y brinda una destacada actuación como Francisco, con todo el compromiso emocional que requiere. Transmite su exaltación, sus ganas de cambiar al mundo, al actuar, cantar y bailar. Además, se muestra como un instrumento humilde de Dios.

El libro de González Gil, entonces, se concentra en los ideales de Francisco, y va directo a ese punto, sin desviarse. Por esto, la obra puede parecer un poco repetitiva, pero refuerza un mismo mensaje. A mí, me resultó un poco corta.
Los parlamentos no son particularmente elaborados, y se le da más importancia a las canciones, donde las letras de González Gil expanden el concepto. Me gustó la inclusión de la grandiosa oración “Hazme un instrumento de tu paz” y de palabras de San Francisco.

Se refleja, también, la vitalidad; la idea de una Iglesia viva y activa, gracias al entusiasmo de sus fieles. Se presenta la vida de los franciscanos como una constante celebración (sobre todo, durante la canción “Ven al baile del mundo”). La música tiene elementos de rock, y las coreografías son festivas.
La escena “Dios vendrá esta noche” me pareció la más emocionante.
Hay que decir que el clima varía por momentos, y que la música de Bianchedi acompaña estos cambios. Por ejemplo, cuando hay una alabanza más personal a Dios, o durante la canción “Apocalipsis”.

Como director, González Gil supo manejar el espacio, para que el relato no sea monótono. Una buena idea fue la forma en la que encaró la escena de los represores. Otra, la del citado cuadro “Dios vendrá esta noche”.
La escenografía de Jorge Ferrari es sencillísima, pero la posibilidad de trabajar en planos elevados ayuda al director.
El vestuario de Anahí Core y Sofía González Gil (que reemplazó al del cotizado Pablo Battaglia) es también muy simple, pero no se necesita más. Hay un dejo de contemporaneidad en la vestimenta, que podría sugerir que, hoy en día, también se puede vivir con el amor como principio. El hecho de que la puesta sea tan despojada va en sintonía con el concepto de austeridad.
La iluminación de Gonzalo Córdova es adecuada y aprovecha los recursos de la sala, aunque no cumple una función demasiado esencial.

Compré el CD en el teatro, a un buen precio: $40. En él, se puede apreciar mejor el trabajo coral y los arreglos de Gardelín, gracias a una prolija mezcla de sonido. Dura unos 48 minutos.

En resumen: Una obra que conmueve con su música, a partir de la cual se transmite el mensaje de amor de San Francisco. Es brillante el trabajo vocal del elenco, potenciado por los arreglos corales, que dan idea de fraternidad. Las coreografías son enérgicas y crean un clima festivo. Francisco Ruiz Barlett se sigue consolidando y se luce en el protagónico.

Más información (2013):
Dirección: Manuel González Gil.
Elenco: Francisco Ruiz Barlett, Anahí Core, Sergio Paglini, Elis García, Ana de Vicentiis, Antonela Fucci, Francisco González Gil, José García Alcázar, Ezequiel Fernanz, Julián Sierra, Iän Casas Paoloni, Matías Prieto Peccia, Anabella Simonetti, Alexia Martinovich y Melisa Fucci.
Teatro: Margarita Xirgu – Espacio UNTREF (Chacabuco 875). un paréntesis: quedó muy bien remodelado.
Duración: 1 hora y 20 minutos.
Precio de las entradas: $70, $90 y $120.
Recibió la distinción de interés cultural y social.

Fotos: https://www.facebook.com/locoDeAsis.El.Musical

Podés consultar también la crítica del genial CD de Fran Ruiz Barlett: "(Algo Más)", interpretado por cantantes de musicales.

Aclaración: El Loco de Asís no está actualmente en cartel (finalizó sus funciones el sábado 7 de diciembre). Todavía no está confirmado su regreso en 2014, pero ojalá que se pueda concretar.
En principio, esta nueva puesta tenía como destino una gira por muchos puntos del país. Cuando esta fue cancelada (en medio de su realización), el elenco decidió continuar con la obra, en una cooperativa. Para esto, recaudaron fondos a través de la página web Panal de Ideas. Quiero destacar su entusiasmo por el proyecto.

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, como consolar,
ser comprendido, como comprender,
ser amado, como amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

sábado, 24 de agosto de 2013

Crítica de "Manzi, la vida en orsai", de Betty Gambartes, Diego Vila y Bernardo Carey, con letras de Homero Manzi

Crítica de Manzi, la vida en orsai

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 - 2014 (Teatro La Comedia).

Calificación: 8/10



¿De qué se trata?: Este musical ahonda en aspectos de la vida del autor de tangos y milongas Homero Manzi, para descubrir al hombre detrás de la poesía nostálgica. Sobre todo, se centra en su relación prohibida y turbulenta con la cantante Nelly Omar, y cómo su pasión lo llevó a vivir con el alma “en orsai”.

El punto fuerte de la obra: la impresionante dupla Jorge Suárez - Julia Calvo, dos grandes actores que transmiten la intensidad necesaria, y se animan al musical. En el caso de Suárez, por primera vez (para mí, es el claro favorito en la categoría de revelación de los Premios Hugo), y con muchísimo profesionalismo.
Su voz es perfecta para encarnar a Manzi durante el canto. Si bien no soy un experto en tango (ni un fanático), yo siempre pensé que este estilo musical tenía mucho que ver con expresarse a través de los contrastes. Los cantantes de tango atacan algunas notas con una potencia arrolladora, y luego pasan inmediatamente a otras en un tono de voz más bajo (a veces, recitado o en un susurro), incluso variando el ritmo y la estridencia del acompañamiento instrumental. Me gusta imaginarme que esto refleja, en cierto modo, parte de la idiosincrasia argentina, que tiene que ver con estar siempre en los extremos (por ejemplo, para el argentino promedio, siempre hace demasiado calor o demasiado frío) y con un sentimiento apasionado, que puede ser muy blanco y cambiar a muy negro. Tal vez todo esto sea toda una fantasía, pero lo importante es la teatralidad que le imprime Suárez a su Manzi cuando canta con vigor sin abusar de este recurso, contrastándolo con pasajes musicales más calmos, llenos de nostalgia, romance y dulzura. En las escenas de texto, su tono arrabalero y sus gestos son vitales para componer un Manzi consistente.

La orquesta en vivo (con Diego Vila en el piano, en un gran trabajo, junto a Gabriel Rivano tocando el bandoneón y Damián Bolotin o Mariana Atamas el violín) acompaña a la perfección los tangos que se cantan, y reflejan la fuerza repentina que estos poseen (como comenté anteriormente), que toma por sorpresa a quien los escucha (y por eso pueden variar tanto según quien lo cante y lo que sienta en ese momento, cuando son interpretados por buenos cantantes). Los músicos alcanzan también vuelo propio durante las transiciones musicales.

Lo interesante de este musical es que, como toda buena biografía (así como el espectacular musical de Frida Kahlo que comenté hace unas semanas), explora cómo la vida de un artista influye en sus creaciones. Y los “exabruptos” del tango a los que me referí y su tono melancólico definen en esta obra a un cantante que vive con el alma “en orsai”, como el título de la obra nos adelanta. Y el Homero Manzi que se nos presenta es un hombre intenso, lleno de pasión (sobre todo durante la segunda mitad de la obra) y reflexivo. Ya sea por su militancia (tanto en el radicalismo como en el peronismo), por su vida laboral (fue director de cine, letrista y poeta) o su relación con su amante, la cantante Nelly Omar. Ese amor, como dice el programa de mano, puede considerarse “torturado”, por estar vedado y ser, sin embargo, muy verdadero. Ese amor le da vida al poeta, pero también lo hace sufrir y lo desconcierta; lo hace desdoblarse.
Ese sentimiento de estar “en orsai” se encara por el lado de la nostalgia, del alma que sufre por amor, y desnuda su corazón en un tango, como muestra la canción “Che, bandoneón”:

Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en "orsai", che bandoneón.

Betty Gambartes, Diego Vila y Bernardo Carey, responsables del libro, quisieron hacer un musical donde lo central fuera reflejar de dónde salía esta amargura que se canalizaba en los versos, en vez de una biografía rigurosa, y fue una decisión acertada, porque hace a esta obra más interesante. De hecho, disponen de sólo cinco personajes, si bien lo principal es, durante la mayor parte, la relación de Manzi y su amante. El texto contiene también momentos donde evoca la poesía de Manzi, para integrarla a su vida. Además, hace bien en recordar que el letrista escribió “florando” en vez de “flotando”, en su canción “Sur”, e invita a reflexionar sobre sus canciones. Por ejemplo, nos revela que, también en “Sur” (musicalizada por Aníbal Troilo), en una nota, estaba puesto todo el recuerdo. Las canciones les permiten expresarse tanto a Manzi como a Nelly, y sin este uso la obra perdería firmeza y expresividad.

Betty Gambartes es también la directora de la puesta. En cuanto al entrelazamiento del lenguaje teatral con el musical, tuvo algunas marcaciones muy buenas, como la de cantar acostado o interpretar melodías distintas en simultáneo. También, trabajó lo estrictamente actoral, sobre todo desde la emotividad (como la escena de Mazi con su hijo), la desesperación y el enojo.

Julia Calvo regala una actuación brillante, así como varios ejemplos de cómo sentir un tango (tal como su compañero Suárez). Prueba que es una actriz sumamente versátil. Su escena en ropa de cama es fantástica desde lo actoral y vocal.

Néstor Caniglia asume tres personajes (Cátulo Castillo, el Correligionario Santoro y Aníbal Troilo) con notable ductilidad. Sin dudas, Troilo es el más entrañable, y eso se nota en la respuesta del público.

La despojada escenografía de Gonzalo Córdoba invita al sentimiento de evocación de un mito, puesto que los personajes surgen bajando una escalera, como si se los trajera al mismísimo espíritu de Manzi y a quienes se vincularon con él directamente del pasado o de un lugar onírico. Unos pocos elementos bastan para marcar el espacio. La iluminación (de Córdoba) no tiene un rol protagónico, pero ayuda a marcar algunos climas al cambiar los colores de la pantalla de fondo o con sutilezas (por ejemplo, cuando Manzi se mira repentinamente al espejo).
El vestuario de Mini Zuccheri es tanto adecuado como variado, y ayuda a situarse en la época.

Lo único que me queda por decir es que varias personas se sienten movidas a cantar partes de los tangos desde sus butacas y lo hacen (cuando me iba del teatro, incluso escuché a una señora diciendo que le habían dado ganas de bailar en plena función). Esto demuestra que un amplio sector del público que queda indudablemente cautivo (sobre todo, aquel que disfruta del tango). Pero, sin embargo, en esta obra hay una historia más allá del tango: la historia de una pasión y de un creador.

En resumen: Llevado adelante por dos grandes y comprometidos actores (Jorge Suárez y Julia Calvo) este musical indaga en la intensa vida de Homero Manzi, y le muestra al espectador cómo vivir con el alma “en orsai” influyó en su exitosa carrera como autor de tangos y milongas. Él mismo lo dijo: “Sólo puedo escribir sobre las cosas que me han pasado”.


Más información:
Dirección: Betty Gambartes.
Teatro: La Comedia (Rodríguez Peña 1062).
Duración: 1 hora y 24 minutos.
Funciones: jueves y viernes a las 20 hs., sábado a las 20 y a las 22:30 hs. y domingo a las 20 hs.
Precio de las entradas: $180.

Promoción: 2x1 con Club La Nación; 30% de descuento con Banco Nación.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar)

NOTA: Especificaciones 2014
Funciones: jueves y viernes a las 21 hs., sábado a las 20:30 y 22:45 hs. y domingo a las 20:30 hs.
Precio de las entradas: $200.
https://www.plateanet.com/Obras/manzi--la-vida-en-orsai

Un último contraste de Manzi, de la canción “Sur” (percibimos primero la nostalgia de un amor subyugante y luego la desesperanza absoluta):

La esquina del herrero barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.
(...)
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé.

martes, 30 de julio de 2013

Crítica de "Frida, entre lo absurdo y lo fugaz", de Carla Liguori, Javier Raffa y Agustín Konsol

Crítica de Frida, entre lo absurdo y lo fugaz

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro La Comedia).

Calificación: 9/10



¿De qué se trata?: Un recorrido por los hitos más destacados de la vida de la pintora mexicana Frida Kahlo, tanto desde un punto de vista intimista como en contacto comprometido con su entorno. Se exploran sus relaciones con, por ejemplo, Diego Rivera, Tina Modotti, Chavela Vargas y León Trotsky.

El punto fuerte de la obra: la dirección general de Carla Liguori. Ella es el motor de este espectáculo (además de su gestora), garantizando que nada esté fuera de lugar, y la creadora detrás de las brillantes decisiones artísticas. Su tarea es titánica, porque no solo tuvo que coordinar a 40 artistas en escena (sí, son realmente 40), sino que tuvo que estar en cada detalle de una obra que desborda creatividad, y se nota que no se hizo al azar. El esfuerzo está puesto para que todos los recursos sean teatrales y enriquezcan la historia, y la increíble fuerza visual no es gratuita, no es un simple efecto (me referiré a esto más adelante). Se nota que hay búsqueda artística, que se quiso hacer algo distinto, en vez de tomar la salida más fácil. En este caso, la búsqueda fue exitosa, porque potencia lo que se quiere contar. Todo está muy integrado gracias a la dirección; todos los elementos están atravesados por la original visión de Liguori.

Las coreografías de Nadia Savl son impactantes. Logró desarrollar tres estilos muy diferenciados entre los integrantes del ensamble que conforman el cuerpo de baile. Esos estilos se dan dentro de tres grupos: las seis bailarinas que representan a la muerte (con una técnica asombrosa), los bailarines del cuadro “Gringolandia” (con un estilo jazzero) y los bailarines mexicanos (se mueven con mucha gracia y pasión). De todos, el que más me gustó fue el de las bailarinas de la muerte, porque presentan movimientos muy imaginativos (sobre todo los que hacen afirmadas en una sola pierna) y figuras fantásticas (y difíciles de hacer), efectuando contorsiones con sorprendente naturalidad. Utilizan tanto la media punta como la punta. El uso de estas bailarinas (que, en una interesantísima decisión, reciben a los espectadores apenas entran a la sala) se vuelve muy simbólico y efectivo a lo largo de la obra. Hay que mencionar que el enriquecedor entrenamiento acrobático y la asistencia coreográfica estuvieron a cargo de Aldana Queirolo. Es cierto que no se puede definir qué estilo es el que bailan (por momentos, danza contemporánea, mezclada con elementos de clásico, y por otros, danza acrobática). Incluso, un espectador que tenía a unas butacas de distancia comentaba que le hacía acordar a Cats. Pero yo lo interpreté como un aspecto de la imprevisibilidad de la muerte, por momentos delicada y sigilosa y por otros violenta y abrupta.
Pero, más allá de esos tres grupos, la coreografía está presente en marcaciones para otros personajes, como para los jóvenes revolucionarios  durante “Juventud ardiente” (donde, además, se integraron muy bien los libros al baile) o en el cuadro “Torcida”, donde adquiere también un simbolismo fuerte (acompaña perfectamente lo que se dice, pero también sugiere más allá de las palabras).


La dirección de arte de Mariano Pauplys y el trabajo del encargado del contenido audiovisual, Guido Tondo, se lucen durante todo el espectáculo, y constituye un ejemplo de cómo apelar a la inteligencia para resolver la escenografía con pocos recursos, así como aprovechar el espacio. Esto se debe a que los escenarios (muchas veces, abstractos y originales) se proyectan en tres pantallas, ubicadas en distintos planos (para facilitar las transiciones al entrar y salir los personajes). Complementa perfectamente la historia, e ilustra el universo creativo de la mente de Frida (por ejemplo, durante “Lo que el agua me dio”, siendo el agua, además, tan importante para la pintura), pero, además, se adentra en cuestiones más complejas y dolorosas con audacia. También, permite mostrar fragmentos de la obra de Frida y algunos de la de Diego Rivera.
Me gustaría sugerir (sin dar muchos detalles) tres momentos donde se hace un uso muy interesante de las pantallas: las escenas del tranvía, la del mural donde Diego Rivera incluye a Lenin y la de los clavos.
Más allá de las pantallas, se utilizan elementos como sillas, mesas y una cama para la escenografía.

Desde lo actoral, Carla Liguori es una Frida muy convincente, que muestra distintos matices al actuar y cantar. Es un personaje complejo, que ella aborda siempre desde la fortaleza, aunque no le escapa a la emotividad. Sus vínculos fueron muy importantes para su obra, y la actriz logra establecer relaciones significativas. Tiene la tarea de explorar diferentes aspectos, por ejemplo, la juventud revolucionaria y apasionada que marcaría su vida, el cinismo y la audacia, la extraña relación con su marido Diego Rivera (“incomprensible para los extraños”, según el programa), la militancia desde la adultez, el reconocimiento como pintora y la tragedia. Liguori está casi todo el tiempo en escena, y tiene la responsabilidad de llevar adelante el ritmo de la obra. Se nota que hubo mucha investigación para componer a un personaje tan rico.

Por supuesto, el guión de la misma Carla Liguori y Javier Raffa ayuda mucho. Hace un buen resumen de los acontecimientos y facetas más importantes de la vida de Frida, permitiendo entender por qué fue una persona transgresora, que dejó una huella en la historia, y cómo su vida influyó en su pintura. También, se propone ilustrar la consigna de una vida marcada por “lo absurdo y lo fugaz”. Además, a pesar de que el espectáculo es relativamente largo y no tiene intermedio, no aburre, y es muy dinámico e interesante. Hay un equilibrio muy bueno entre las escenas más intimistas y las grupales.
La misma dupla escribió las letras, que permiten adentrarse en la mente de los personajes, que el entorno de la pintora refleje situaciones importantes o incluso situar el contexto de la acción. Algunas letras tienen metáforas muy buenas.



La música es de Carla Liguori y Agustín Konsol, y su variedad la hace atractiva. Adquiere fuerza y expresividad al transitar tanto los graves como los agudos dentro del mismo motivo musical, plasmando probablemente las ya comentadas facetas que presenta Frida y otros personajes centrales. Todos fueron trabajados desde su condición de humanos ante un contexto convulsivo y un destino adverso, ante el que no son indiferentes. La preparación vocal es de Maia Barrio, y me sorprendió el alto nivel vocal que demuestran tener muchos de los miembros del elenco, lo que demuestra que las audiciones fueron rigurosas (lo mismo se ve en el baile). Los arreglos corales del experimentado Gabriel Giangrante garantizan que en las escenas donde muchos personajes cantan a la vez realmente se escuche que hay muchas voces, con variaciones que enriquecen la partitura. Lo interesante de la música es que no busca generar melodías pegadizas, sino acompañar el relato.
A propósito, el sonido (de Lavecchia Sonido, operado por Abel Zamundio) es muy bueno.
Volviendo a un tema de dirección, la distribución espacial está muy bien pensada, sobre todo para resolver cuadros numerosos, donde se aprovecha el ancho y la profundidad del escenario. Otra decisión acertada para contribuir a la estética es la de las telas que operan las bailarinas de la muerte (acompañadas correctamente con lo que se proyecta, para estremecer, en una escena que no conviene adelantar).

Ariel Leyra es un estupendo Diego Rivera, sobre todo en lo actoral. Muestra un compromiso constante y se conecta muy bien con Liguori.
Del resto del elenco (que tuvo entrenamiento actoral con Zaida Rico), si bien todos aprovechan sus pequeñas intervenciones (Frida y Diego son los que más tiempo están en escena, y el resto va rotando), me gustaría destacar a dos intérpretes. La primera, Diana Amarilla como Matilde Kahlo (una de las hermanas de Frida), que demuestra sensibilidad y destreza vocal. La segunda, Sabrina Artaza (como Tina Modotti), principalmente porque resulta una revelación en lo actoral y vocal (ya se sabe que es buena bailarina), y porque su personaje tiene la frescura necesaria.

El vestuario del estudio Saldiva-Spiridone sobresale por su diversidad (hay varios cambios de ropa), y es sorprendente, así como el maquillaje de Sofía Núñez (sobre todo para las bailarinas de la muerte) y el peinado de Claudia Penas (se hizo un buen trabajo con el pelo del Frida).

La iluminación de Magdalena Berretta Miguez está en sintonía con lo que se proyecta (se prioriza que no tape la pantalla). Un muy buen recurso lumínico se utiliza en la escena del funeral.

En resumen: Este musical de fuerte estética e impronta visual, comandado por la visión creativa de su directora, Carla Liguori, brinda una entretenida biografía de la pintora mexicana Frida Kahlo, que además permite comprenderla en sus múltiples facetas.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar).

Fotografía: Gonzalo Guerechit Ratti.

https://www.facebook.com/fridaentreloabsurdoylofugaz

Más información:
Dirección: Carla Liguori.
Teatro: La Comedia (Rodríguez Peña 1062).
Duración: 2 horas y 15 minutos.
Funciones: lunes a las 20:30 hs.
Entradas: $100.
Promoción: 2x1 con Club La Nación.

Elenco: Carla Liguori, Ariel Leyra, Marisa Provenzano, Manuel Feito, Candela Cibrián, Diana Amarilla, Carolina Díaz Codeso, Javier Belay, Pilar Miori, José Luis Marinelli, Sabrina Artaza, Eugenia Encina, Carlos Micelli, Pamela Tello, Eduardo M. Blanco, Pato Chaneton, Juan Otero Ramos y ensamble. Reemplazos femeninos: Florencia Bobadilla.