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lunes, 30 de noviembre de 2015

Crítica de "Los Monstruos", de Emiliano Dionisi y Martín Rodríguez

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Los Monstruos
Proyecto ganador de la Bienal de Arte Joven en la categoría de musical

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro Picadero)

Nivel: 7.5 /8


¿De qué se trata?: Claudio y Sandra son dos padres que no se conocen, pero sus hijos tienen algo en común: acaban de entrar al mismo colegio y sufren de ciertos problemas de adaptación.


Todos tuvimos padres en algún momento. Sin embargo, en nuestra infancia probablemente no tomábamos dimensión de lo que implicaba asumir ese rol, lleno de miedos y responsabilidades. A este universo nos quiere llevar Los Monstruos, para repensar cómo repercuten las acciones de los padres sobre una etapa tan frágil como la niñez. Todo esto, a través de la historia de Claudio y Sandra, quienes se conocen fortuitamente y descubren que sus respectivos hijos acaban de ser admitidos en el mismo colegio. Los chicos tienen algunas dificultades para adaptarse a la institución, y la obra irá siguiendo los esfuerzos de los protagonistas por afrontar esta realidad.

Emiliano Dionisi, director y dramaturgo de la propuesta, decidió exponer a estos dos personajes durante todo el espectáculo, dado que los actores nunca salen del cuadrilátero que delimita la escenografía. En definitiva, nadie puede escapar del rol de padre o madre, y de la dependencia que genera el tener a otra persona completamente a cargo. Por eso, Dionisi acertó al considerar que no necesitamos ver a los hijos en escena para saber que están presentes. Entonces, el libro se convierte en un ejercicio interesante para los intérpretes: deben construir vínculos profundos a través del diálogo con chicos que tanto ellos como el público tienen que imaginar.

En ese sentido, tanto Natalia Cociuffo como Mariano Chiesa brindan los mejores trabajos de sus carreras. Desde la soltura para la comedia hasta el compromiso para la entrega visceral, estas criaturas los hacen atravesar matices muy atractivos. Además, el texto los tiñe de verosimilitud, porque aborda situaciones cotidianas fácilmente identificables y sentimientos universales, y lo hace sin recurrir a demasiado lirismo. Gracias al manejo de las inflexiones vocales y de la expresión corporal, los actores delinean el contexto en el que se ven inmiscuidos (y, ocasionalmente, representan a los personajes infantiles con notable ductilidad). También es crucial para marcar las transiciones el diseño de iluminación de Claudio del Bianco. A Claudio y a Sandra los vemos siempre muy cerca, pero pocas veces interactúan, sino que sus historias se desarrollan en forma paralela. Tal vez sean incapaces de ver lo que sucede a su alrededor, encerrados en su propia visión sobre sus hijos. Con el correr de escenas que muestran charlas con la directora del colegio, berrinches o un cumpleaños en un pelotero, se va revelando la personalidad de los padres, junto con monólogos que nos transportan a su mente.

Pero cuando la obra realmente quiere penetrar en la esencia y las sombras de estos seres es cuando surge la música de Martín Rodríguez. Las melodías, cambiantes y bellas, encajan perfectamente con las letras y con los sentimientos que se quiere transmitir, enriqueciendo la composición de los personajes. Los músicos en vivo acompañan sincrónicamente el vigor de los intérpretes y sus idas y vueltas emocionales. El resultado de esta mixtura son momentos musicales de pura pasión y vuelo estético. Solos como “Equipo ganador” y “¿Por qué a mamá?” resultan desgarradores.

Algunos espectadores objetarán que hay situaciones hacia el final que atentan levemente contra la verosimilitud precedente, pero lo central es el contundente simbolismo que conllevan. En definitiva, es difícil no empatizar con esta obra surgida de la Bienal de Arte Joven, que prueba las nuevas generaciones pueden realizar trabajos de gran calidad.


Más información:
Teatro: El Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857)
Funciones: quedan 3 funciones (miércoles 2/12 y 9/12 a las 20:30 hs. y, como función especial, el domingo 6/12 a las 20:30 hs.)
Precio de las entradas: $120
Duración: 1 hora y 40 minutos

Dirección general y dramaturgia: Emiliano Dionisi
Dirección musical: Martín Rodríguez
Intérpretes: Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa
Músicos en vivo: Juan Pablo Schapira (teclado y guitarra electroacústica), Matías Menárguez (batería), Martín Rodríguez (guitarra) y Gianluca Bonfanti Mele (bajo)
Directores asistentes: Juan José Barocelli y Julia Gárriz
Diseño de iluminación: Claudio del Bianco
Producción ejecutiva: Sebastián Ezcurra y Compañía Criolla
Fotografía Akira Patiño
Vestuario: Marisol Castañeda
Escenografía: Compañía Criolla
Asesor de arte en fotos y vestuario: Ezequiel Galeano
Asistencia de iluminación: Martín Fernández Paponi
Agencia de prensa: Bienal de Arte Joven / Tommy Pashkus
Fotos: www.fb.com/Los-Monstruos-117571068588835/

miércoles, 6 de mayo de 2015

Crítica de "Esa Palabra", de Manuela Perin y Lautaro Metral

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Esa Palabra

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (El Método Kairós-Función única)

Nivel: 6.5 /8 
¿De qué se trata?: Una mujer reflexiona sobre su presente durante un vuelo de avión en el que recibe una noticia sorpresiva. Lo hace a través de canciones en italiano, inglés y castellano.

Original premisa la que se le ocurrió a Manuela Perin: situar un musical en un avión. Como antecedente, solo se me ocurre una escena de Tell Me On A Sunday (de Andrew Lloyd Webber y Don Black), con una canción en la que se habla del vuelo como un “refugio”. En un pasaje, la letra remarca “Por ocho horas enteras mi vida no está en mis manos”, y esta idea nos puede servir como puntapié para adentrarnos en Esa Palabra. Básicamente, porque en este espectáculo compartimos el viaje con una mujer cuya vida ha dado un vuelco, y el destino parece someterla a encontrar una respuesta a sus preocupaciones antes de aterrizar (el concepto del avión como espacio catártico tiene su refuerzo en el uso de la voz en off). Así, a la protagonista no le queda otra alternativa que hacerse planteos en ese espacio tan lejano y aislado, pero tan propicio para las revelaciones.
En espejo con el viaje en tres escalas de Manuela, yo también estructuraré el resto de esta crítica en tres escalas.

sábado, 7 de febrero de 2015

Crítica de "Caprichos deliciosos", de Darío Bonheur

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Caprichos deliciosos

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (La Biblioteca Café, 2º temporada)

Nivel: /8 


¿De qué se trata?: Una cantante y un pianista que comparten el escenario y la intimidad desde hace nueve años le cuentan su historia al público, de la mano de canciones de películas (en su mayoría, musicales).

El punto fuerte de la obra: la voz de Marisa Ini.

“¿Quién podría pedir algo más?”, dice el estribillo de esa eterna canción de los hermanos Gershwin llamada “I Got Rhythm” (que, como creo haber mencionado anteriormente, siempre me hace sentir más feliz). Lo que la letra pregona no es conformismo, sino agradecimiento. Del mismo modo, uno podría preguntarse qué más se le puede pedir a un entretenimiento redondo como el que brinda Caprichos deliciosos. La respuesta del público parece ser “nada más”, porque el show cumple con su cometido de crear una noche agradable (y, de hecho, el único pedido que se oye una vez terminado es el famoso grito de “¡Otra!”). Entonces, solo queda el agradecimiento.

martes, 22 de abril de 2014

Crítica de "Desde mis ojos, una zambita cruel", de Juan Álvarez Prado, Franco Moretti y Hernán López Sosa

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Desde mis ojos, una zambita cruel

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Gargantúa).

Calificación: 7.5 /10

Una imagen que armé inspirada en la obra

¿De qué se trata?: Situada en Buenos Aires, en los años 50. Un rígido dueño de estancia y su hija adolescente, marcados por la tragedia, reciben a Lucas, el primo de la joven, que ha llegado de la ciudad para trabajar en el campo. Con el transcurso de los días, surgirá un amor prohibido, del que será testigo un caballo que los primos intentan domar. De hecho, veremos esta historia desde sus ojos.

El punto fuerte de la obra: la dirección de Juan Álvarez Prado.
El creador y director de Embarazados, ecografía de una espera (uno de los mejores musicales off que recuerdo haber visto en los últimos años) regresa con un material muy distinto, pero reafirma su efectividad para contar una historia. Sin dudas, un rasgo positivo de Desde mis ojos es que logra crear una atmósfera, y esto sólo puede suceder cuando se cuidan todos los detalles. Así, la pieza envuelve al espectador en un ambiente áspero, severo y salvaje. No necesitamos ver demasiado del campo para sentir que estamos en él. Tampoco requerimos que haya animales en escena.
En manos de algún creador desprevenido, es muy probable que el efecto no hubiera sido tan subyugante, porque varios han explorado ese espacio con bastante artificialidad. Pero Álvarez Prado parece conocer la esencia del ámbito rural lo suficientemente bien como para recrearlo en pocos metros cuadrados, en pleno Colegiales. A esto se suma el hecho de que no sólo quiere que viajemos en el espacio, sino también en el tiempo. Entonces, es ahí cuando el marco adquiere una rigidez mayor, propia de los códigos sociales de los años 50… aunque muchos de los prejuicios siguen siendo los mismos. Me detuve en todo esto para mostrar lo bueno que es tomarse un tiempo para crear una base sólida y decidir qué es lo que una obra pretende ser para lograr mejores resultados.

Retomando lo importante de la sugestión para transportar al público, nos topamos con la memorable interpretación de Patricio Witis, en la piel de un caballo. Algunos musicales de Broadway ya han usado actores para hacer de animales. Es el caso de Cats, El Rey León y El Mago de Oz. No obstante, estos siempre estaban inmersos en un mundo inverosímil, en el que podían hablar. Desde mis ojos plantea otro desafío: que un actor interprete a un caballo dentro de un entorno realista y que, para colmo, el caballo pueda oficiar de narrador y hasta cantar. Lo que podría haber sido ridículo o bizarro y hacer virar el registro de la obra hacia el absurdo está trabajado de tal forma que este detalle es sumamente poético. Además, está perfectamente integrado al espacio, dado que uno le cree a Witis que es un caballo y que vive en un corral. Tampoco esperen ver una versión argentina de Mr. Ed, porque este animal no se comunica verbalmente con los humanos, sino que atestigua lo que sucede y reflexiona con seriedad.
Como se verá, es un personaje complejo, y Witis cumple en exceso (apuntalado por Álvarez Prado). Con el torso desnudo, prescinde de cualquier referencia a un equino desde el vestuario, sino que compone desde lo físico. Captura movimientos reconocibles en los caballos y los reproduce con una combinación de habilidad y sensibilidad. Atraviesa, así, distintos estados del animal, como su brusquedad, su sufrimiento, su vínculo con las personas y su fuerza. Siempre mira hacia el frente, y permanece prácticamente toda la obra en escena.

Asimismo, el caballo es sólo uno de los elementos campestres que le sirven a Álvarez Prado (también autor del libro) para construir metáforas que enriquecen la narración. Tal es así que, en la última escena, termina conectando toda la historia con la idea de lo rural, pero no voy a adelantar más. Además, desarrolla la clásica tensión entre campo y ciudad, el romance juvenil, los conflictos familiares, la viudez y, como se dijo anteriormente, las convenciones de los años 50.
Otro tema que trata es el de la música (en este caso, folklórica) y su capacidad para transformar la realidad. Es por esto que las canciones no desentonan, al margen de que no son tantas. Por otra parte, un acompañamiento instrumental en guitarra (tocada en vivo por el compositor, Franco Moretti) marca el ritmo de varios momentos de acción dramática, y está más presente.
Acerca de las canciones, el género folklórico le sienta bien al relato. Me gustaría destacar dos piezas por su belleza compositiva: el solo de Lucas (donde el tempo rápido parece sugerir el veloz desplazamiento de los distintos paisajes a través de la ventana del tren) y el dúo entre los primos (acorde al romance blando que viven). Si bien se escucha folklore (a veces, con reminiscencias de la rama más moderna), hay también una zamba, que le da al espectáculo su subtítulo.
Hernán López Sosa es el letrista de las canciones, y sigue la línea de Álvarez Prado al incluir metáforas y reflexiones. Se nota que las canciones no están porque sí, sino para que los personajes puedan hablar a través de ellas (véase la relación especial que tienen el caballo y el tío de Lucas con la música y cómo van reaccionando ante ella).

Julián Rubino (Lucas), que había sido el cover masculino en Embarazados, maneja correctamente el equilibrio entre la inocencia de su personaje y su costado más impulsivo, y canta y toca la guitarra con seguridad y expresividad. Celeste Sanazi (Soledad) se va ablandando progresivamente como exige el guión, y tiene buena química con Rubino y una voz dulce. Mariano Muente (padre de Soledad) aporta la tensión en la historia. Se nota que se trabajó la unión del grupo en los ensayos, algo que suele suceder en proyectos off con pocos actores. Otro aspecto para señalar es la buena proyección vocal de todos, puesto que no usan micrófono pero se los escucha perfectamente.

La iluminación marca el día y la noche, pero siempre con tonos que nos alejan de la ciudad. La mencionada escenografía (de Alocarte), pese a ser sintética, logra generar tres espacios en un escenario reducido, a partir de la elección de componentes clave. El vestuario es sencillo.

Por último, las coreografías de Florencia López Mañan tienen una particularidad: no apuntan al baile folklórico, sino que permiten resolver ciertos desplazamientos que son difíciles de mostrar (por ejemplo, el juego de Lucas y Soledad con el caballo o la cabalgata).

En resumen: Una obra fantásticamente dirigida por Juan Álvarez Prado, que envuelve al espectador en la áspera atmósfera de un campo en los años 50. Un trabajo memorable de Patricio Witis, un texto con ecos poéticos, bellas canciones folkóricas y muy buenas interpretaciones garantizan que Desde mis ojos ya se posicione como uno de los espectáculos off más destacados del 2014. Una zambita cruel para vernos reflejados en nuestro lado más animal. Recomendada incluso para los no amantes del género musical.

¿Qué se puede aprender viendo esta obra?: Cómo sugerir un espacio y una atmósfera, a partir de pocos recursos, teniendo un planteo claro.


Más información:
Dirección: Juan Álvarez Prado.
Teatro: Gargantúa (Jorge Newbey 3563, Colegiales) – 4555-5596 info@teatrogargantua.com.ar
Funciones: lunes a las 21 hs.
Duración: 1 hora y 10 minutos.
Precio de las entradas: $70.
Fotografía: Bruno Moretti.
Diseño gráfico: Juan Ignacio Bruzzo.
Producción ejecutiva: Fiorella Costadoni.
Prensa: Daniel Falcone.
http://www.facebook.com/pages/Da-Capo-Producciones/462455630522166


Dato de color: si les gusta lo laberíntico, no se pierdan la oportunidad de subir al baño antes de entrar a la sala (es decir, al del bar).

viernes, 7 de febrero de 2014

Crítica de "Al final del arcoiris", de Peter Quilter, en versión de Masllorens y González del Pino

 Categoría: OBRA CON MÚSICA

Crítica de Al final del arcoiris
Título original: End of the rainbow

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Apolo).

Calificación: /10 


¿De qué se trata?: En 1968, Judy Garland (Karina K) es convocada a Londres para dar una serie de conciertos. Se instala en un hotel con su quinto marido y manager, Mickey Deans (Federico Amador) y su pianista y confidente, Anthony (Antonio Grimau). Allí, tendrá que sobrellevar su mala situación financiera, su adicción a las pastillas y el alcohol y su complicada relación con la prensa y quienes la rodean para poder cumplir con su compromiso.

El punto fuerte de la obra: la inmensa Karina K.
Al salir del teatro, escuché a una mujer decir “Me cansé de sólo ver el trabajo de esa mujer”. Lo decía en sentido positivo, porque reconocía el poder que tiene Karina K para hacer vivir a los espectadores emociones fuertes. Esto me remitió a una frase de Alejandra Boero que leí hace unas semanas en la revista “Noticias”, en una entrevista a Thelma Biral: “La gente no sabe, cuando va al teatro, cuánto va a tener que trabajar”. Y es probable que uno termine agotado y agradecido después de ver la actuación de Karina K, un verdadero tour de force, como se dice en teatro (un personaje difícil, que requiere destreza escénica y expone la habilidad de un artista).
Ella sabe empaparse de la esencia de sus personajes (cuentan que, para protagonizar Sweeney Todd, escuchaba hasta la grabación de la versión coreana), y se mete de lleno en el personaje de Judy, con todas sus facetas. En lo vocal, consigue rememorar su estilo inconfundible. Garland era una mujer de contrastes. Era capaz de sorprender al público al cantar, de repente, con mucha potencia, y luego volver a un tono más tranquilo, luciendo su registro amplio (a veces, también, jugando con el tempo). Por eso, la identificaba esa fuerza que tenía guardada dentro de un cuerpo pequeño y de 1,51 cm de alto, que parecía a punto de explotar cuando encaraba esas notas, pero se mantenía más firme que nunca. Me pregunto si esta forma de cantar no tenía que ver con su personalidad. Puede haber sido por su tendencia a mostrar cómo podía hacer todo al límite (lo mismo sucedía con las pastillas y el alcohol). Así, entregaba todo en escena y todavía tenía resto para más (como Karina K). También, puede haber sido una forma de mostrar seguridad, que ella podía hacer lo que quisiera en el escenario por sí misma, sin las presiones que tuvo que sufrir desde muy joven por parte de los estudios fílmicos MGM. Allí, la acomplejaban por su aspecto estético (por ejemplo, le ponían carillas sobre sus dientes torcidos o le indicaban cuándo y qué comer). También, según ella misma declaró, le daban pastillas para mantenerla enérgica por varias horas de rodaje y, luego, pastillas para que se pudiera dormir, hasta que la despertaran y le dieran nuevamente pastillas que la vigorizaban, como si fueran un robot con botón on/off. Entonces, su voz poderosa y su rebeldía le pudieron haber servido para mostrar que ella era mucho más de lo que aparentaba, y que era una mujer fuerte que nadie podía controlar (al menos, eso creía ella).
Karina K recrea con maestría y excelente técnica vocal a esa mujer frágil que se revitaliza en el escenario y, a la vez, hace catarsis. Versiones desgarradoras como las de “You Made Me Love You” y “Come rain or come shine” están cargadas de expresión, al igual que el emocionante final. Cuenta la anécdota que Judy grabó una canción para la película Nace una estrella en 27 tomas (durante 3 días) hasta conseguir la emoción esperada.
Desde lo actoral, adopta una postura para mostrar esa vulnerabilidad (además, bajó de peso) y mantiene una actitud sumamente hiperquinética, tanto al moverse como al hablar, o simplemente al agarrar un cigarrillo. Además, adopta el histrionismo de Judy, utilizando gestos característicos (que traen reminiscencias, también, de su hija Liza Minelli), y hace que sintamos pena por su debacle.


Antonio Grimau compone magníficamente, con sensibilidad y sutileza, a un pianista homosexual, logrando superar su gran actuación en El precio. Se anima, incluso, a cantar unas líneas.
Federico Amador tiene un rol difícil, al compartir escenario con dos grandes actores. Sin embargo, logra otorgarle a su personaje ciertas ambigüedades que requiere, que no es conveniente adelantar.

El texto de Peter Quilter, en una buena adaptación de los cotizados Fernando Masllorens y Federico González del Pino, es generoso con la actriz protagónica, a quien cede casi todo el peso de la obra (como ya le había pasado a Karina K en Souvenir). Aquí, no hay intriga por ver qué sucederá ni vueltas de tuerca, sino que la prioridad es pintar a una leyenda como Judy Garland en 1968, cuando estaba próxima a su muerte, de la mano de anécdotas interesantes. Un acierto es la forma en la que entremezcla el drama con el humor, y otro es la dosificación de las referencias al pasado de la artista durante la Era Dorada. Las canciones (cuyas versiones en castellano fueron hecha por Alberto Favero y Karina K) también están bien intercaladas. Por supuesto, está “Over the rainbow” (debo confesar que, a los 6 años, por culpa de mi mamá, yo era fanático de El Mago de Oz; tanto del libro como de la película, su versión teatral y el musical The Wiz). Particularmente, me gustó la inclusión de “Get happy”. Aclaro de vuelta: este no es un musical, sino una obra con música.
Hay cierta ironía en la forma que Judy Garland terminó convirtiéndose en el Norman Maine que su personaje trataba de proteger en Nace una estrella.


Alberto Favero aporta su profesionalismo en la dirección musical y en el piano, para darle vida a grandes melodías de la mano de Arturo Puertas (contrabajo) y Quintino Cinalli (batería).

Tanto la dirección de Ricky Pashkus como la escenografía (de Héctor Calmet) y el vestuario (de Pablo Battaglia) podrían sintetizarse en una sola palabra: realismo. La obra es muy humana, y por eso conmueve.
La iluminación de David Seldes sirve para marcar la transformación de Judy en el escenario, en contraste con su vida en el hotel.

En resumen: Karina K encarna a Judy Garland con una entrega conmovedora, y se sigue consolidando como una de las mejores actrices de nuestra escena. Desde lo vocal, logra versiones desgarradoras y poderosas de algunos clásicos de la artista. La dirección de Ricky Pashkus se focaliza en darle realismo a la obra.
 -.-.-.Espectador Crítico de Musicales.-.-.-

Más información:
Dirección general: Ricky Pashkus
Producción general: Javier Faroni
Teatro: Apolo (Av. Corrientes 1372) – Tel.: 4371-9454
Desde el 11/9: Teatro Astros (Av. Corrientes 750)
Precio de las entradas: $180 y $200. Ahora: $180, $220 y $240.
Funciones: jueves y viernes 21 hs, sábado 21:30 hs. y domingo 20 hs.
Duración: 1 hora y 40 minutos
Promociones: 2x1 con Club La Nación y 15% de descuento con Visa Citi

Para cerrar, les dejo algunas frases de Judy que encontré en Internet, y que reflejan algo de lo que se ve en la obra:

“Yo quería creer e intentaba creer con todas mis fuerzas en el arcoiris que trataba de de atravesar y no podía. ¿Y qué? Muchas personas tampoco pueden”

“En cuanto a mis sentimientos hacia “Over the rainbow” [de El Mago de Oz], esa canción se convirtió en parte de mi vida. Es tan simbólica sobre mis sueños y deseos que estoy segura de que es por eso que, a veces, asoman lágrimas en los ojos de las personas cuando la escuchan”

“Cuando viviste la vida que yo viví, cuando amaste y sufriste, y estuviste locamente feliz y desesperadamente triste... bueno, ahí es cuando te das cuenta de que nunca vas a poder sentar cabeza y establecerte en un lugar. Tal vez es mejor morirse antes”

“Soy una mujer que quiere estirar sus abrazos y acoger a 40 millones de personas entre sus brazos”

“Soy una leyenda. Entonces, ¿por qué estoy tan sola?”

“Detrás de una nube, hay otra nube”

“Siempre tenés que ser una versión propia de primera clase, en vez de una versión ajena de segunda clase”

“¿Creés que podés hacerme cantar? Podés llevarme allí, claro, pero ¿podés hacerme cantar? Yo canto por mí misma. Canto cuando quiero, sólo para mí. Canto por mi propio placer, cuando quiero. ¿Entendés eso?”

Nota: esta última frase contrasta con lo que el personaje de Judy dice en la obra (que canta para la gente). Yo creo que el público la devolvía a la realidad y le daba aliento. De hecho, fue él quien la inmortalizó. No obstante, esta frase muestra su costado indomable (eso que yo había percibido en su forma de cantar). Cuando ella veía que la gente quería que cantara, ella tenía ganas de de cantar, y ese era el “placer” al que puede referirse: el de compartir una conexión secreta con el público, que hiciera felices a ambas partes.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Crítica de "El hijo del fin del mundo... el origen", de Lautaro Metral

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de El hijo del fin del mundo… el origen

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro El Ópalo).

Calificación: 6.5 /10 


¿De qué se trata?: Una fábula musical que transcurre en un mundo post-apocalíptico y en crisis. Un grupo de pintorescos personajes viaja en una caravana flotante, buscando dónde instalarse. En eso, se les une un nuevo integrante: un actor fugitivo.

El punto fuerte de la obra: la actuación de Renzo Morelli como el “Loco”.
Aunque tiene a cargo un rol secundario, Morelli puede destacarse gracias a que sabe interpretar la extravagancia de su personaje y se apropia de ella durante toda la obra. Su mirada y el movimiento de su mano se vuelven partes indispensables de su composición. Además, es el integrante del elenco que demuestra tener mayor proyección vocal, tanto al cantar como al hablar.

El elenco (Lionel Arostegui, Leandro Bassano, Marta Mediavilla y Renzo Morelli) funciona como un equipo, y todos comparten el mismo entusiasmo por la obra. Bassano es quien lleva adelante la mayor parte de la acción, y lo hace con convicción.

Por otra parte, el texto de Lautaro Metral es delirante. La obra se promociona como una fábula musical, pero yo diría que, además, es un musical surrealista. Ciertamente, el ambiente es onírico y, por lo menos a mí, me pareció que se exploraba el inconsciente (aunque, por supuesto, el contenido de semejante locura está sujeto a múltiples interpretaciones). Como ya he dicho en otro caso, lo de locura lo digo cariñosamente.
Entonces, el espectador debe descifrar qué le está diciendo la obra, porque no todo es explícito. Esto puede desalentar (y hasta horrorizar) a los espectadores más conservadores. Reconozco que a mí me costó un poco acostumbrarme al estilo de la obra durante los primeros minutos. Metral sabe que esto puede pasar y lo blanquea, dado que el personaje de Leandro Bassano actúa como un intérprete para que el público no se confunda (aunque esto seguirá siendo relativo). No obstante, después de ese período inicial, me acostumbré y pude disfrutar del relato y de su originalidad.
Metral quiere hacernos pensar, y busca que seamos cómplices de eso. Por ejemplo, dispara reflexiones a través de paradojas o propone situaciones que, aunque están enmarcadas en un mundo de fábula y post-apocalíptico, resultan ser una crítica o una alusión a una particularidad de nuestro mundo. También, juega con las palabras y hace hablar a sus personajes en verso. Entonces, crea los códigos de su propio universo, y eso es algo interesante, aunque el espectador deberá completar la información que se provee con su imaginación.
En las letras de canciones, mantiene el espíritu alocado. Gracias a la conjunción entre la letra y la música con fines humorísticos, logra una consumar gran escena, donde el personaje de Leandro Bassano se une a la caravana, y debe conseguir un pasaporte, un préstamo y una vocación.
Las melodías están en sintonía con la obra, en vez de buscar el lucimiento vocal a cualquier precio. En ese sentido, Metral comprende cómo crear una obra artística completa, con coherencia entre sus partes.
Es por esto que los intérpretes no tienen muchos momentos para destacarse por su pericia vocal, pero no resulta necesario. Lo importante es contar la historia. No obstante, aunque está fuera del contexto del relato, el solo de Leandro Bassano, “Cuatro paredes”, es uno de los mejores momentos de la obra. La letra reflexiona sobre la magia del teatro y su experiencia lúdica; sobre cómo esas cuatro paredes son en realidad tres.
Por otro lado, la canción “Caravana” resulta sumamente efectiva y pegadiza.
Me gustó que hubiera un tecladista en vivo.
Como la función se realiza sin micrófonos, a veces los intérpretes pierden la posibilidad de que los escuchemos cantar o hablar en un tono más bajo, para darle matices a su interpretación. No es que no lo hagan, pero puede que esos instantes no sean perfectamente audibles. Por suerte, esto no pasa durante toda la obra, y el texto se puede seguir sin problemas, gracias al esfuerzo de los actores (sobre todo, como ya he explicado, por parte de Renzo Morelli). Además, la sala es chica como para requerir micrófonos.
Eso sí, yo estuve de pie al fondo toda la función (el 30/9). Parece que las entradas se habían sobrevendido. Aclaro que todos los presentes pagamos nuestras entradas. Calculo que este error no se habrá repetido. De todas formas, a mí no me molestó, pero entiendo que alguien se pueda quejar. Pude estar al lado de Metral (también de pie) y ver sus reacciones, y se lo notaba muy comprometido con la obra, disfrutándola.

 Lucila Rojo se encargó de la escenografía y el vestuario, que se caracterizan por la extrema simpleza. Esto se debe a que, para esta corta temporada de la obra en El Ópalo, se decidió hacer una versión más intimista, sin gastos que encarezcan innecesariamente la producción, con un solo músico y con escaso maquillaje. Por eso, se agregó la frase “el origen” al título, puesto que se recrea el clima de los ensayos. Es una decisión interesante, que refuerza que la importancia del texto y las canciones por sobre la puesta. Aunque los actores pasan un tiempo considerable sentados, se las arreglan para desplazarse en el pequeño espacio disponible, gracias a la dirección de Lautaro Metral. El recurso de la lamparita de luz estuvo bien planteado.

Hay que decir que, por ahora, no hay más funciones de El hijo del fin del mundo… el origen. Sin embargo, es muy probable que, dada su repercusión, vuelva por una nueva temporada. En la función a la que asistí, hubo gente que quedó fuera de la sala, por lo que Renzo Morelli bromeó, al final, “Les pedimos que no recomienden la obra”.

También debo remarcar que Marta Mediavilla ganó el Premio Hugo a la mejor actriz de un espectáculo off por esta obra. Dato cholulo: su madre, Patricia Sosa, me cargó por haber llevado un sweater, con el calor que hacía, y se rió porque ella había hecho lo mismo.

Quería cerrar haciendo alusión a un excelente cuento de Cortázar llamado “La autopista del sur”. No es parecido a El hijo del fin del mundo, porque Cortázar introduce lo fantástico en un contexto realista, y la trama es distinta. No obstante, hay algo del sentimiento del personaje del actor (que interpreta Bassano) durante el final de la obra que me remitió a cómo se siente el protagonista del cuento en el desenlace. Si tienen tiempo, les recomiendo que lo lean, porque es increíble. Lo pueden encontrar completo acá:

En resumen: Un texto delirante de Lautaro Metral, que transcurre en un universo de fábula, propone una experiencia lúdica e invita a la reflexión. La puesta es despojada, y la acción dramática es llevada adelante por cuatro intérpretes, acompañados por un tecladista para las canciones. Una de las propuestas off más interesantes del año.

Más información:
Dirección: Lautaro Metral.
Teatro: El Ópalo (Junín 380) – elopaloteatro@gmail.com.
Duración: 1 hora.
Precio de las entradas: $60.

Producción: Pim Pum Pam Têatre.

sábado, 24 de agosto de 2013

Crítica de "Manzi, la vida en orsai", de Betty Gambartes, Diego Vila y Bernardo Carey, con letras de Homero Manzi

Crítica de Manzi, la vida en orsai

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 - 2014 (Teatro La Comedia).

Calificación: 8/10



¿De qué se trata?: Este musical ahonda en aspectos de la vida del autor de tangos y milongas Homero Manzi, para descubrir al hombre detrás de la poesía nostálgica. Sobre todo, se centra en su relación prohibida y turbulenta con la cantante Nelly Omar, y cómo su pasión lo llevó a vivir con el alma “en orsai”.

El punto fuerte de la obra: la impresionante dupla Jorge Suárez - Julia Calvo, dos grandes actores que transmiten la intensidad necesaria, y se animan al musical. En el caso de Suárez, por primera vez (para mí, es el claro favorito en la categoría de revelación de los Premios Hugo), y con muchísimo profesionalismo.
Su voz es perfecta para encarnar a Manzi durante el canto. Si bien no soy un experto en tango (ni un fanático), yo siempre pensé que este estilo musical tenía mucho que ver con expresarse a través de los contrastes. Los cantantes de tango atacan algunas notas con una potencia arrolladora, y luego pasan inmediatamente a otras en un tono de voz más bajo (a veces, recitado o en un susurro), incluso variando el ritmo y la estridencia del acompañamiento instrumental. Me gusta imaginarme que esto refleja, en cierto modo, parte de la idiosincrasia argentina, que tiene que ver con estar siempre en los extremos (por ejemplo, para el argentino promedio, siempre hace demasiado calor o demasiado frío) y con un sentimiento apasionado, que puede ser muy blanco y cambiar a muy negro. Tal vez todo esto sea toda una fantasía, pero lo importante es la teatralidad que le imprime Suárez a su Manzi cuando canta con vigor sin abusar de este recurso, contrastándolo con pasajes musicales más calmos, llenos de nostalgia, romance y dulzura. En las escenas de texto, su tono arrabalero y sus gestos son vitales para componer un Manzi consistente.

La orquesta en vivo (con Diego Vila en el piano, en un gran trabajo, junto a Gabriel Rivano tocando el bandoneón y Damián Bolotin o Mariana Atamas el violín) acompaña a la perfección los tangos que se cantan, y reflejan la fuerza repentina que estos poseen (como comenté anteriormente), que toma por sorpresa a quien los escucha (y por eso pueden variar tanto según quien lo cante y lo que sienta en ese momento, cuando son interpretados por buenos cantantes). Los músicos alcanzan también vuelo propio durante las transiciones musicales.

Lo interesante de este musical es que, como toda buena biografía (así como el espectacular musical de Frida Kahlo que comenté hace unas semanas), explora cómo la vida de un artista influye en sus creaciones. Y los “exabruptos” del tango a los que me referí y su tono melancólico definen en esta obra a un cantante que vive con el alma “en orsai”, como el título de la obra nos adelanta. Y el Homero Manzi que se nos presenta es un hombre intenso, lleno de pasión (sobre todo durante la segunda mitad de la obra) y reflexivo. Ya sea por su militancia (tanto en el radicalismo como en el peronismo), por su vida laboral (fue director de cine, letrista y poeta) o su relación con su amante, la cantante Nelly Omar. Ese amor, como dice el programa de mano, puede considerarse “torturado”, por estar vedado y ser, sin embargo, muy verdadero. Ese amor le da vida al poeta, pero también lo hace sufrir y lo desconcierta; lo hace desdoblarse.
Ese sentimiento de estar “en orsai” se encara por el lado de la nostalgia, del alma que sufre por amor, y desnuda su corazón en un tango, como muestra la canción “Che, bandoneón”:

Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en "orsai", che bandoneón.

Betty Gambartes, Diego Vila y Bernardo Carey, responsables del libro, quisieron hacer un musical donde lo central fuera reflejar de dónde salía esta amargura que se canalizaba en los versos, en vez de una biografía rigurosa, y fue una decisión acertada, porque hace a esta obra más interesante. De hecho, disponen de sólo cinco personajes, si bien lo principal es, durante la mayor parte, la relación de Manzi y su amante. El texto contiene también momentos donde evoca la poesía de Manzi, para integrarla a su vida. Además, hace bien en recordar que el letrista escribió “florando” en vez de “flotando”, en su canción “Sur”, e invita a reflexionar sobre sus canciones. Por ejemplo, nos revela que, también en “Sur” (musicalizada por Aníbal Troilo), en una nota, estaba puesto todo el recuerdo. Las canciones les permiten expresarse tanto a Manzi como a Nelly, y sin este uso la obra perdería firmeza y expresividad.

Betty Gambartes es también la directora de la puesta. En cuanto al entrelazamiento del lenguaje teatral con el musical, tuvo algunas marcaciones muy buenas, como la de cantar acostado o interpretar melodías distintas en simultáneo. También, trabajó lo estrictamente actoral, sobre todo desde la emotividad (como la escena de Mazi con su hijo), la desesperación y el enojo.

Julia Calvo regala una actuación brillante, así como varios ejemplos de cómo sentir un tango (tal como su compañero Suárez). Prueba que es una actriz sumamente versátil. Su escena en ropa de cama es fantástica desde lo actoral y vocal.

Néstor Caniglia asume tres personajes (Cátulo Castillo, el Correligionario Santoro y Aníbal Troilo) con notable ductilidad. Sin dudas, Troilo es el más entrañable, y eso se nota en la respuesta del público.

La despojada escenografía de Gonzalo Córdoba invita al sentimiento de evocación de un mito, puesto que los personajes surgen bajando una escalera, como si se los trajera al mismísimo espíritu de Manzi y a quienes se vincularon con él directamente del pasado o de un lugar onírico. Unos pocos elementos bastan para marcar el espacio. La iluminación (de Córdoba) no tiene un rol protagónico, pero ayuda a marcar algunos climas al cambiar los colores de la pantalla de fondo o con sutilezas (por ejemplo, cuando Manzi se mira repentinamente al espejo).
El vestuario de Mini Zuccheri es tanto adecuado como variado, y ayuda a situarse en la época.

Lo único que me queda por decir es que varias personas se sienten movidas a cantar partes de los tangos desde sus butacas y lo hacen (cuando me iba del teatro, incluso escuché a una señora diciendo que le habían dado ganas de bailar en plena función). Esto demuestra que un amplio sector del público que queda indudablemente cautivo (sobre todo, aquel que disfruta del tango). Pero, sin embargo, en esta obra hay una historia más allá del tango: la historia de una pasión y de un creador.

En resumen: Llevado adelante por dos grandes y comprometidos actores (Jorge Suárez y Julia Calvo) este musical indaga en la intensa vida de Homero Manzi, y le muestra al espectador cómo vivir con el alma “en orsai” influyó en su exitosa carrera como autor de tangos y milongas. Él mismo lo dijo: “Sólo puedo escribir sobre las cosas que me han pasado”.


Más información:
Dirección: Betty Gambartes.
Teatro: La Comedia (Rodríguez Peña 1062).
Duración: 1 hora y 24 minutos.
Funciones: jueves y viernes a las 20 hs., sábado a las 20 y a las 22:30 hs. y domingo a las 20 hs.
Precio de las entradas: $180.

Promoción: 2x1 con Club La Nación; 30% de descuento con Banco Nación.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar)

NOTA: Especificaciones 2014
Funciones: jueves y viernes a las 21 hs., sábado a las 20:30 y 22:45 hs. y domingo a las 20:30 hs.
Precio de las entradas: $200.
https://www.plateanet.com/Obras/manzi--la-vida-en-orsai

Un último contraste de Manzi, de la canción “Sur” (percibimos primero la nostalgia de un amor subyugante y luego la desesperanza absoluta):

La esquina del herrero barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.
(...)
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé.

sábado, 29 de junio de 2013

Crítica de "Borracho, un after musical", de Leo Bosio (libro) y Jano, Flor Benítez y Hernán Segret (letra y música)

Crítica de Borracho, un after musical

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Sala Siranush).

Calificación: 6/10



¿De qué se trata?: Un musical conceptual, de estructura no convencional, que sumerge al espectador en un bar, donde dos parejas viven idas y vueltas en su vida amorosa, acompañadas por música y tragos. Así, el alcohol desatará sus emociones y les abrirá un nuevo panorama.

El punto fuerte de la obra: Josefina Scaglione.
La rosarina que protagonizó West Side Story en Broadway sigue deslumbrando y probando que es uno de los grandes talentos jóvenes. Desde su entrada vigorosa, cantando una maravillosa versión de “Poker Face”, se gana con creces el reconocimiento del público. Su pulida técnica vocal es indiscutible, pero también sabe cantar con matices, porque es una excelente actriz, y es esa condición de artista integral la que transmite tanto. Por supuesto, su postura y su baile también suman. Nunca sale de personaje (hay que reconocer que los otros intérpretes tampoco), al que compone en forma muy verosímil. Improvisa sin problemas, moviéndose con una naturalidad destacable e interactuando con el público sin caer en excesos. Es sorprendente ver a una actriz que realmente vive la situación que le toca asumir en una obra, trascendiendo lo que solo es correcto o esperable para buscar nuevas formas expresivas. Por eso, es muy intuitiva. Esto se habrá logrado, seguramente, como resultado de un trabajo de taller previo para desarrollar la obra, bajo la dirección de Leo Bosio, quien también escribió el delirante libro (por momentos, intencionalmente incoherente).
Su puesta es sumamente creativa, y lo reafirma como creador imaginativo, que además hace que sus recursos sean teatrales, funcionales a la trama (en realidad, al concepto). Es, en efecto, un musical que busca crear una atmósfera (y evocar sensaciones en el espectador), antes que presentar una historia delimitada. Es decir, al menos yo interpreté (porque está claro que Bosio prefirió dejar muchas cosas a libre interpretación) que se quería introducir al espectador en el mundo de la borrachera, asociada al romance. Sí, la obra quiere que experimentemos lo que se siente estar alcoholizado en un bar, sufriendo por amor, y, probablemente, buscar identificación. Y logra transportarnos a un mundo extraño, bastante bizarro, por momentos onírico.

Nos mezclamos en el ámbito de los personajes, sintiéndonos cercanos a ellos, y hasta asfixiados por sus preocupaciones, en un bar donde todo parece ser posible. Para esto, es importante la disposición de los asientos de la sala. Quienes se sientan adelante se ubican en sillones, que forman livings (por eso, es recomendable tratar de conseguir las entradas con cierta anticipación), entre los que los actores se mueven, creando un efecto fantástico. Se borran, así, las barreras, y los artistas involucran al público en la historia. Por eso, se suben pocas veces al escenario propiamente dicho. Indudablemente, la puesta (que es promocionada como una “intervención teatral”) tiene personalidad, y es un acierto.
La obra promete retratar “La borrachera no patológica como estado de lucidez del alma y de la mente” y retratar la premisa “Perderse para encontrarte”. Entonces, se desarrollan una serie de cuadros (algunos aparentemente inconexos), a los que el espectador debe dotar de sentido. Los parlamentos no caen en lo explícito. Esto puede generar inconvenientes con los espectadores más conservadores, pero ciertamente genera un clima distinto y entretiene en el proceso (tal vez, hasta llega a oprimir).
En esa línea, me gustaría destacar la última escena, con la canción “Deewangi Deewangi” (http://www.youtube.com/watch?v=VzLG6OqOcn8), que brinda un momento desopilante, al hacerle preguntar al espectador “¿De verdad está pasando esto?”, y tiene un gran trabajo coreográfico de la creativa Seku Faillace.

Se trabaja con los quiebres, tal vez por ser propios de las lagunas que genera la borrachera, o para plantear hasta qué punto las escenas son como las vemos, o son modificadas por la ebriedad.
En cuanto a la selección de la música (algunas son canciones originales y otras no), es peculiar. No diría que es funcional a la trama, pero sí desconcierta al espectador, algo que es fundamental para generar contrastes que ilustren las “revelaciones” que evoca la bebida. Aparte de los cuadros donde canta Scaglione, también se destaca la expresiva voz de Flor Benítez, y su sólida actuación. Ella también tiene posibilidad de destacarse como compositora.
La participación de Jano (en un mini-recital) es un momento que se disfruta. Él se revela como un artista interesante y apasionado, y muestra sus dotes como músico tocando el piano y la guitarra. Además, hasta actúa un poco.
Leo Bosio y Pablo Martínez tienen menos posibilidades para lucirse durante sus canciones, pero brindan muy buenas actuaciones, demostrando que el equipo está muy consolidado, y que todos tienen incorporados no sólo a sus personajes, sino a los de los demás, sabiendo interactuar de manera precisa.
Hernán Segret compuso la canción “Bailese quien pueda”, cuyo videoclip se proyecta al inicio (http://www.youtube.com/watch?v=GCpaOR3pgBY), y que es luego cantada por Jano. Tanto la canción como el videoclip logran sembrar el clima gris del desamor previo al encuentro en el bar, y sirve para marcar un nuevo contraste.
Y, hablando de videoclips, mientras el espectador espera a que comience el espectáculo, puede disfrutar de una selección de divertidos videos de canciones de décadas pasadas. Cabe aclarar que, si bien se ofrece comida y bebida, no es obligatoria la consumición.
La iluminación es un ejemplo más de saber aprovechar los recursos disponibles de la mejor manera.
Lo único que me gustaría objetar (como lo hice en la crítica de tick, tick, ¡BOOM!) es el excesivo uso de humo. Entiendo que ayuda a enmarcar el delirio, pero no es necesario y dificulta el canto y molesta a los espectadores. En realidad, otra cosa que no me convenció (pero por gusto personal) fue el horario. Me parece que hay ciertas personas a las que se les complica que la obra empiece a las 23 (no se notó, de todas formas, en la sala llena), sobre todo para los que viven más lejos. Al menos porque, en la función del 13 de junio, el espectáculo recién empezó a las 00:08 (por un recital de Diego Frenkel programado antes de la función) y terminó a la 1:28 aproximadamente, hora en la que la frecuencia de colectivos es menor. El horario de inicio es, no obstante, comprensible, porque desde la semana próxima tanto Scaglione como Bosio participarán de la esperada Vale todo (Anything goes), que también tendrá función los jueves.
Nota: De todas formas, esto no empaña el resultado artístico, y es solo una paranoia de alguien que ese día fue víctima de la inseguridad (aunque no cerca de la zona del teatro), y aunque pudo correr y no ser alcanzado por ninguno de los cuatro individuos (la adrenalina activa las habilidades atléticas, aunque en otras ocasiones sean pocas), pero llegó a la Sala Siranush con el pantalón roto y la rodilla lastimada.

En resumen: Un viaje hacia la conflictiva mente de cuatro personajes desilusionados o esperanzados con respecto al amor, mientras se encuentran en un bar (al que el público asiste), y ven las cosas distintas a partir del alcohol y la música. Gran interpretación de Josefina Scaglione e imaginativa puesta de Leo Bosio, que rodea al espectador con una atmósfera particular. Una obra sencilla que tiene la virtud de no ser pretenciosa.

Más información:
Dirección: Leo Bosio.
Teatro: Sala Siranush (Armenia 1353).
Duración: 1 hora 15 minutos.
Funciones: jueves a las 23 hs.
Entradas: $100.
Promociones: 2x1 con Club La Nación (límite de 30 cupos).


Fotos: https://www.facebook.com/BorrachoUnAfterMusical y ticketek.com.ar