Las 5 entradas más populares de la semana

Mostrando entradas con la etiqueta El Picadero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Picadero. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de noviembre de 2015

Crítica de "Los Monstruos", de Emiliano Dionisi y Martín Rodríguez

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Los Monstruos
Proyecto ganador de la Bienal de Arte Joven en la categoría de musical

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro Picadero)

Nivel: 7.5 /8


¿De qué se trata?: Claudio y Sandra son dos padres que no se conocen, pero sus hijos tienen algo en común: acaban de entrar al mismo colegio y sufren de ciertos problemas de adaptación.


Todos tuvimos padres en algún momento. Sin embargo, en nuestra infancia probablemente no tomábamos dimensión de lo que implicaba asumir ese rol, lleno de miedos y responsabilidades. A este universo nos quiere llevar Los Monstruos, para repensar cómo repercuten las acciones de los padres sobre una etapa tan frágil como la niñez. Todo esto, a través de la historia de Claudio y Sandra, quienes se conocen fortuitamente y descubren que sus respectivos hijos acaban de ser admitidos en el mismo colegio. Los chicos tienen algunas dificultades para adaptarse a la institución, y la obra irá siguiendo los esfuerzos de los protagonistas por afrontar esta realidad.

Emiliano Dionisi, director y dramaturgo de la propuesta, decidió exponer a estos dos personajes durante todo el espectáculo, dado que los actores nunca salen del cuadrilátero que delimita la escenografía. En definitiva, nadie puede escapar del rol de padre o madre, y de la dependencia que genera el tener a otra persona completamente a cargo. Por eso, Dionisi acertó al considerar que no necesitamos ver a los hijos en escena para saber que están presentes. Entonces, el libro se convierte en un ejercicio interesante para los intérpretes: deben construir vínculos profundos a través del diálogo con chicos que tanto ellos como el público tienen que imaginar.

En ese sentido, tanto Natalia Cociuffo como Mariano Chiesa brindan los mejores trabajos de sus carreras. Desde la soltura para la comedia hasta el compromiso para la entrega visceral, estas criaturas los hacen atravesar matices muy atractivos. Además, el texto los tiñe de verosimilitud, porque aborda situaciones cotidianas fácilmente identificables y sentimientos universales, y lo hace sin recurrir a demasiado lirismo. Gracias al manejo de las inflexiones vocales y de la expresión corporal, los actores delinean el contexto en el que se ven inmiscuidos (y, ocasionalmente, representan a los personajes infantiles con notable ductilidad). También es crucial para marcar las transiciones el diseño de iluminación de Claudio del Bianco. A Claudio y a Sandra los vemos siempre muy cerca, pero pocas veces interactúan, sino que sus historias se desarrollan en forma paralela. Tal vez sean incapaces de ver lo que sucede a su alrededor, encerrados en su propia visión sobre sus hijos. Con el correr de escenas que muestran charlas con la directora del colegio, berrinches o un cumpleaños en un pelotero, se va revelando la personalidad de los padres, junto con monólogos que nos transportan a su mente.

Pero cuando la obra realmente quiere penetrar en la esencia y las sombras de estos seres es cuando surge la música de Martín Rodríguez. Las melodías, cambiantes y bellas, encajan perfectamente con las letras y con los sentimientos que se quiere transmitir, enriqueciendo la composición de los personajes. Los músicos en vivo acompañan sincrónicamente el vigor de los intérpretes y sus idas y vueltas emocionales. El resultado de esta mixtura son momentos musicales de pura pasión y vuelo estético. Solos como “Equipo ganador” y “¿Por qué a mamá?” resultan desgarradores.

Algunos espectadores objetarán que hay situaciones hacia el final que atentan levemente contra la verosimilitud precedente, pero lo central es el contundente simbolismo que conllevan. En definitiva, es difícil no empatizar con esta obra surgida de la Bienal de Arte Joven, que prueba las nuevas generaciones pueden realizar trabajos de gran calidad.


Más información:
Teatro: El Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857)
Funciones: quedan 3 funciones (miércoles 2/12 y 9/12 a las 20:30 hs. y, como función especial, el domingo 6/12 a las 20:30 hs.)
Precio de las entradas: $120
Duración: 1 hora y 40 minutos

Dirección general y dramaturgia: Emiliano Dionisi
Dirección musical: Martín Rodríguez
Intérpretes: Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa
Músicos en vivo: Juan Pablo Schapira (teclado y guitarra electroacústica), Matías Menárguez (batería), Martín Rodríguez (guitarra) y Gianluca Bonfanti Mele (bajo)
Directores asistentes: Juan José Barocelli y Julia Gárriz
Diseño de iluminación: Claudio del Bianco
Producción ejecutiva: Sebastián Ezcurra y Compañía Criolla
Fotografía Akira Patiño
Vestuario: Marisol Castañeda
Escenografía: Compañía Criolla
Asesor de arte en fotos y vestuario: Ezequiel Galeano
Asistencia de iluminación: Martín Fernández Paponi
Agencia de prensa: Bienal de Arte Joven / Tommy Pashkus
Fotos: www.fb.com/Los-Monstruos-117571068588835/

lunes, 5 de mayo de 2014

Crítica-diálogo de "La Parka, el musical", de Diego Corán Oria, Federico Scarpelli y Jorge Soldera

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de La Parka, el musical
Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Picadero).

Calificación: /10


 No me pregunten cómo hice, pero conseguí una entrevista con La Parka. Eso sí, me dijo que, para hablar de la obra, tenía que someterme a una edición especial del juego “La Opción”. Yo acepté responder sus 7 preguntas, y esta es la transcripción de lo que sucedió:

La Parka: Primera pregunta… ¿puede el secuaz de un personaje principal ganar peso propio?

Espectador Crítico de Musicales: Definitivamente. La composición de Facundo Rubiño como Gladiolo es lo más destacado de la obra. Su timing es perfecto, y su forma de decir el parlamento ya causa carcajadas, independientemente de la comicidad del texto. Además, supo darle a este engendro con tonada cordobesa (lo digo por Gladiolo, no por Facundo) una voz distintiva, con inflexiones en el tono, una sonrisa perversa, una postura encorvada, una forma particular de caminar (con el pie derecho doblado hacia afuera siendo arrastrado por el escenario), una mirada excitada y una personalidad entrañable. Para un actor, es invaluable poder crear un personaje con trazos tan firmes porque así es más difícil abandonarlo. Gladiolo interactúa con los demás con mucha naturalidad, aún en un entrono inverosímil.
El Ahorkado: ¡Correcto!



L.P.: Espero que Gladiolo no te haya soplado la respuesta anterior. En fin, ¿es posible que una obra que se estrenó hace 8 años siga renovando su libro?
E.C.M.: Por supuesto, y La Parka no es una excepción. De hecho, recordemos que la versión de 2011 (Teatro Tabarís) rompió con los esquemas al incorporar en la obra, alternativamente, a los protagonistas de los musicales Chicago, La Bella y la Bestia, Drácula y RENT. Incluso, se hizo una función “vale todo”, donde el público elegía qué sucedería. En cuanto a la versión actualmente en cartel, si bien mantiene la esencia de la historia, ha actualizado e intercambiado muchos de los chistes. Es así como se hace referencia, por ejemplo, a Violetta como embajadora cultural, a políticos como Macri, al programa 6-7-8, a los Wachiturros, a la inseguridad como ““sensación””, a Breaking Bad y a la muerte de Ricardo Fort, entre otras ocurrencias que tienen que ver con nuestra actualidad cultural. En fin, el espectáculo es muy divertido, y no pasan 30 segundos sin que haya un gag. Además, Rubiño y Roberto Peloni pasean frecuentemente por la frontera entre el guión y la improvisación, y gracias a haber transitado tanto sus personajes nunca quedan descolocados. Esto también se debe al buen trabajo del director Diego Corán Oria, que les permite que jueguen tranquilos y garantiza que el público nunca se aburra de La Parka, aunque la haya visto en sus 7 temporadas. A propósito, el guión original (2005) es de Corán Oria y Federico Sacarpelli.
E.A.: ¡Correcto!

L.P.: Se ve que estuviste googleando. Tercera pregunta… ¿La Parka se restringe al escenario del teatro?
E.C.M.: Los integrantes de Random Creativos tratan de que no sea así. Al margen de su actividad en las redes sociales, que resulta irrelevante para esta reseña, entrar al Picadero los miércoles a la noche es una experiencia interesante. Hay unas chicas que sostienen tablets y se acercan para que participes de un juego de preguntas y respuestas alusivas a la obra (como llegué entre los primeros, pude entrar en el top 10 de ganadores, pero puede que me hayan destronado) y un puesto con un variado merchandising (CDs, DVDs, remeras, fundas para almohadas). A un costado del hall, se proyectan tramos de la versión 2011 y un video donde Corán Oria explica la experiencia personal que lo llevó a crear La Parka. En el otro costado, se puede ver una calavera con colores psicodélicos. De fondo, se escucha la versión instrumental de la canción principal de la obra. Toda esta ambientación garantiza que el mundo de La Parka se expanda e involucre al espectador.
E.A.: ¡Correcto!

L.P.: La Parka está presente en todos lados; no te olvides. ¿Qué hace que La Parka sea visualmente cautivante?

E.C.M.: La vistosa escenografía y dirección de arte de Tadeo Jones, relacionada con lo kitsch. La construcción del mundo de los muertos en base a una paleta de colores fluorescentes es apropiada para el estilo de relato. Además, definir una estética ayuda a cualquier espectáculo a crear un mundo con leyes propias, y la de La Parka cautiva. Tengo una anécdota para ilustrar la importancia que Jones le da a este aspecto: antes de la primera función, agarró la calavera que mencioné anteriormente (que está en el hall) y se la entregó a una mujer, diciéndole “Llevala arriba y deciles que la tuneen; está muy aburrida y no quiero que arruine la estética”. En la función de prensa, donde la calavera ya estaba “tuneada”, Jones estuvo pintando un cuadro con aerosol afuera del teatro, como se ve en la foto. Al margen, es interesante apreciar cómo la estética del espectáculo fue mutando a través de los años.
Por cierto, la iluminación de Juan García resalta la vibrante escenografía y adquiere más autonomía en los cuadros musicales (por ejemplo, le da un tinte rojo a uno que interpreta la Parka, es decir, usted).
E.A.: ¡Correcto!

L.P.: Hablando de cuadros musicales, ¿es adecuada la música de Jorge Soldera?
E.C.M.: Sí, porque se ajusta al registro cómico de las letras de Corán Oria, y de la obra en general. Agustina “Seku” Faillace encuentra en las canciones un espacio para la intervención del ensamble (Giuli Tagliamonte, Jair Almar, Debi Heppner y Matías Prieto Peccia), y los hace recorrer el escenario de tal forma que nos muestra que los muertos sólo quieren divertirse. Si bien los bailarines son pocos, la obra no necesita más para sostenerse. La alegría probablemente provenga de la necesidad de Corán Oria de canalizar lo que había vivido de una forma positiva (si; todos los personajes están trastornados, pero parecen felices).
E.A.: ¡Correcto!

L.P.: No me gustó mucho lo de 'trastornados'. Cuidado con lo que decís ahora: ¿cómo se desenvuelven las nuevas incorporaciones en el elenco?

E.C.M.: En general, se los ve bastante cómodos, pero obviamente no tan metidos en los personajes y en el timing como Peloni y Rubiño. Joe Moskito Seitun, como El Ahorkado, es el que mejor se inserta dentro del delirio (tal vez, por la naturaleza de su personaje). Florencia Capiello es una Guadalupe sugerente y Pablo Martínez reafirma su creciente popularidad al recibir el apoyo de un sector considerable de la platea. Para crecer artísticamente, debe seguir eligiendo proyectos que presenten algún desafío, como este (que tiene un público fiel) y Borracho. Probablemente su presencia contribuya a que gente nueva se acerque a La Parka.
Con el correr de las funciones, espero que se ajuste mejor el sonido a las capacidades vocales de cada artista (que son distintas entre sí), para que los espectadores puedan escuchar la letra en forma más clara.
E.A.: ¡Correcto!

L.P.: Última pregunta. Acá se juega todo. ¿No va a decir nada acerca de mí?
E.C.M.: Sí, claro. Estaba esperando a que me lo preguntara. Usted, interpretado por Roberto Peloni, logró trascender los clichés y lograr un personaje gracioso y extravagante, que puede romper sutilmente la “cuarta pared”, pero que no pierde el misterio y el respeto que implica su rol en el mundo. Lo que le quiero decir es que, por más simpático que pueda parecer, el tiempo máximo que me quedaría cerca de usted es la hora y media que dura la obra.

L.P.: ¡Incorrecto! ¡A todo el mundo le gustaría estar conmigo para siempre! Como respondiste mal, vas a ser trasladado a La Nada.
E.C.M.: Pero no puedo ir a La Nada. Tengo que publicar esta crítica y muchas más, tengo que seguir con todas las otras cosas que hago en mi vida, tengo que…
L.P.: ¡Un trato es un trato! Ya me di cuenta de que eras un insolente cuando te burlaste de la inflación. ¡Te digo que es una sensación!
E.C.M.: ¡Pero se siente muy real! De todas formas, yo no hice ningún trato. Sólo quería escribir sobre la obra para que la gente la fuera a ver.
L.P.: ¿Vos arreglaste esto con Gladiolo?
E.C.M.: Exacto. Y con la gente de PULPO PR.
L.P.: ¿Y aparecería mi foto en la crítica?
E.C.M.: Por supuesto.
L.P.: Ok. Voy a buscar la pistola.


Más información:
Dirección: Diego Corán Oria
Teatro: Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857)
Funciones: miércoles a las 20:30 hs.
Precio de las entradas: $150
Duración: 1 hora y 30 minutos
Prensa y difusión: PULPO PR

facebook.com/laparkaelmusical
facebook.com/randomcreativos
Twitter: @randomcreativos

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Crítica de "Despertar de Primavera" (workshop de Meme Mateo), de Steven Sater y Duncan Sheik

Categoría: WORKSHOP/MUESTRA

Crítica de Despertar de Primavera (workshop de Meme Mateo)

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro El Picadero).

Calificación: 8.5 /10 


¿De qué se trata?: En la Alemania de 1891, un grupo de jóvenes vive las consecuencias de una sociedad asfixiante, donde los adultos tienen el control absoluto. La obra toca con sinceridad diversos temas complejos y problemáticas juveniles (que no conviene enumerar para no arruinar la sorpresa a quienes no la vieron). Sus mensajes siguen siendo muy actuales.

El punto fuerte de la obra: la dirección de Meme Mateo.
Despertar de Primavera es uno de esos musicales que yo considero perfectos, y le pondría un 10 absoluto. Tanto las letras y el libro (de Steven Sater, basado en una cruda obra de Frank Wedekind) como la música rockera de Duncan Sheik fueron concebidos en forma magistral. La historia y la forma en la que está contada transmite muchísimo, y llega a emocionar. Consigue la empatía del espectador y su identificación (obviamente, todavía mayor cuando se conoce una historia parecida a la de un personaje, o se atravesaron conflictos similares). La genial dirección de la puesta original de Broadway fue de Michael Mayer, que marcó muchas pautas que después fueron tomadas en otras versiones. En Argentina, la obra se estrenó en el 2010, en el Teatro Astral, con Fernando Dente, Florencia Otero y Federico Salles en los roles protagónicos. Esta puesta estaba óptimamente dirigida por Ariel del Mastro. Sumamente intensa, generaba una atmósfera angustiante, y estremecía al público. Tenía un talentoso elenco, que entregaba todo en escena. Sin embargo, fue un fracaso comercial.
Frente a semejantes antecedentes, y al inevitabilidad de la comparación, era todo un desafío meterse con Despertar de Pirmavera, pero Meme Mateo lo hizo. De hecho, su puesta le debe mucho a las dos citadas anteriormente. Decidió no innovar (como sí lo han intentado otras puestas del mundo), para presentar una versión convencional de la obra (que, ya de por sí, no es convencional). No obstante, su dirección es efectiva, y fiel al estilo de la obra. Una buena decisión fue sentar a los intérpretes que no están en escena en la primera fila del teatro. Hizo un buen trabajo marcando los desplazamientos, para aprovechar la extensión del escenario. Mantuvo las disposiciones clásicas de la obra, como las sillas durante “Esta puta vida” o el uso de micrófonos de mano para contar lo que sale de lo más profundo del corazón.
Pero su mayor logro está en haber acercado a tantos jóvenes actores (que no hicieron una carrera profesional en las tablas, o tienen poca experiencia) a un material tan complejo, y haber permitido que hayan podido explorarlo con éxito. La obra es interpretativamente muy difícil de encarar, y por eso necesita de una mano que guíe sin titubear. En ese sentido, resultó una de las mejores muestras de teatro que vi en los últimos tiempos, porque el grupo estaba bien coordinado y tenía confianza, más allá de que no todas las personificaciones sean acertadas todo el tiempo.
También, Meme Mateo es la encargada del diseño de luces y de su operación, que funciona aceitadamente y ayuda a crear climas (por ejemplo, durante “El saber”).


La interpretación más destacada resultó ser la de Martín Mazalán como Moritz, un personaje complicado, que tiene muchas escenas que le permiten al intérprete explotar su potencial dramático, pero que se puede prestar a la sobreactuación y la caricatura. Por suerte, Mazalán busca que su criatura sea verosímil, logrando cierto equilibrio (paradójicamente, para personificar el desequilibrio), y hace que nos encariñemos con su Moritz. Además, demuestra estar a la altura de las exigencias vocales.
Me sorprendió Leonel Deluglio, convincente como Melchior en todas sus facetas, y acertado en el canto. Mantiene el dramatismo durante la canción “Lo que quedó atrás”, que resultó ser una escena conmovedora, gracias al compromiso de todo el elenco.
También, me gustaría resaltar el trabajo de Clara Lanzani, como la simpática y acomplejada Ilse (aunque tuvo que crecer de golpe, no deja de ser una adolescente). Tiene un buen desempeño vocal.

Con sus participaciones, interpretando los roles adultos, Claudio Riganti y Virginia Alberti se roban varias escenas.

Macarena Giraldez (impulsora del proyecto) capta la inocencia de Wendla, y la mantiene al cantar. Trata de ir oscureciendo a su personaje un poco, conforme va madurando. María Da Pieve (como Martha) se anima a cantar “La oscura verdad”, junto con Clara Lanzani. Es una canción que requiere compromiso emocional, y el clima opresivo que propone estuvo bastante bien logrado.

La dirección y adaptación coreográfica es de Lautaro Silva, que capturó la esencia de otros montajes. Contribuye a potenciar momentos intensos, como “Esta puta vida” o la enérgica canción “Jodido estás” (posiblemente el mejor momento de esta puesta). Un detalle que me encanta nombrar al hablar de Despertar de Primavera: como me explicó una vez un jurado de los Premios Hugo, es característico de esta obra el “salto reprimido”, que muestra un intento de rebeldía que no puede concretarse del todo, dentro de los parámetros rígidos de la sociedad.

La banda en vivo realza las canciones en las que participa (las otras se cantan sobre pistas).
Otro punto a favor con respecto a lo musical es que el trabajo vocal en armonía está muy bien logrado.

Lamentablemente, el sonido es el karma de todas las muestras de teatro musical, y suele ser un problema de equipamiento. En este caso, por lo menos en la función a la que asistí, los inconvenientes con los micrófonos fueron menores, pero no inexistentes. Es una pena porque dificulta el canto de los intérpretes y los puede poner nerviosos. Sin embargo, el acompañamiento instrumental estuvo en un volumen correcto durante toda la obra, y se pudo lucir, como dije antes, la unión de las voces en armonía.

El vestuario de Melisa Lazarini y Tierra de Sueños ayuda para situar el período y darle un toque profesional al montaje, al remitir a otras producciones de la obra.

En resumen: Una adaptación fiel al espíritu de la obra original, con dirección de Meme Mateo, que supo sacar lo mejor los intérpretes (en su mayoría, sin experiencia profesional) para hacerlos transitar por un texto complejo. Se destaca la interpretación de Martín Mazalán.

Más información:
Dirección general: Meme Mateo.
Dirección musical: Isadora Sobredo.
Producción: PLOP workshops.
Elenco: Martín Mazalán, Clara Lanzani, Lucas Mazalán, María Da Pieve, Leonel Deluglio, Macarena Giraldez, Santiago García Escudero, Manuel Perez, Julieta Severo, Matías Adrián Prego, Camila Grela, Virginia Alberti y Claudio Riganti.
Teatro: El Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1851).
Duración: 2 horas y media (aprox.), con intervalo.
Diseño gráfico: Martín Mazalán.
Sonido: Ramiro Hermida y Pablo Bernard.
Función: la última es hoy a las 23 hs.

domingo, 27 de octubre de 2013

Crítica de "Delirio Gaucho, canciones del interior", de Alejandra Radano y Fabián Luca, con un "ramillete de melodías olvidadas"

Categoría: CONCIERTO

Crítica de Delirio Gaucho, canciones del interior

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (El Picadero).

Calificación: 8.5/10 

ATENCIÓN: LUNES 28/10, A LAS 21 HS., ¡ÚLTIMA FUNCIÓN!


¿De qué se trata?: Un conjunto de canciones “olvidadas”, de la mano de delirantes interpretaciones de Alejandra Radano, con fuerte impronta teatral e imaginativos pasajes de texto para acompañarlas.

El punto fuerte de la obra: la locura de Alejandra Radano (en el mejor sentido).
Ya desde el título, nos plantean la idea de “Delirio”. Creo que es una buena palabra para describir la creatividad que surgió del dúo Radano-Fabián Luca, que concibió este espectáculo surrealista, difícil de encasillar. Hacia el final, se lo define como un precipicio. Debe ser porque uno se encuentra al borde, en un estado de extrañeza, entre lo conocido y lo desconocido.
Radano es una gran intérprete de musicales y, en esta oportunidad, encara un concierto con un repertorio más que curioso, con una orientación claramente teatral. Ella describe a las canciones como un “ramillete de melodías olvidadas”, interpretadas hace algunas décadas, por ejemplo, por Carmelita Aubert, Ginamaria Hidalgo, Alady (El Rey del Music-Hall Español), Ada Falcón, Angela Luce e Imperio Argentina.
Pero Radano (por suerte) no se conforma sólo con cantarlas (algo que, por cierto, hace muy bien, con gracia y demostrando que tiene técnica, y que ésta se amolda a diversos registros). Radano y Luca hacen suyas las melodías y las letras, y juegan con ellas hasta potenciar el resultado artístico, al sumarles una función teatral. No conviene adelantar algunos de sus recursos, pero cabe decir que siempre buscan hacer reír al espectador desde el costado del ingenio. Además, Radano, una artista dúctil, sabe imprimirle distintos tonos a las piezas, dándoles relieve, y acompaña lo que canta con un notable trabajo gestual. Logra, a partir de melodías sencillas, arrancar momentos musicales sorprendentes. En definitiva, demuestra que sabe manejar a la perfección el repertorio (puede parar una canción, acelerarla, intercalar un comentario, cambiar el tono, hacer reír, hacer la voz de un personaje y actuar a partir de la letra...). Para esto, la ayuda que varias de las canciones cuenten historias.
En los momentos de texto, se planta con firmeza en el escenario. Interactúa un poco con el público (“¿Hay algún físico cuántico en la sala?”) y cuenta anécdotas desopilantes con fluidez y gracia, y la voz un poco impostada para darle cierto aire de verosimilitud a lo que narra. Pero, sin dudas, la escena más destacada es en la que emula un monólogo del humorista Juan Francisco Verdaguer. Es un momento muy divertido, donde Radano despliega su talento como comediante y su timing.
Como ya he entredicho, Delirio Gaucho es uno de esos espectáculos que pueden considerarse dentro de la categoría de “humor inteligente”. Hace reír y, al mismo tiempo, pensar “¡Qué bueno/interesante eso que dijo!”. La inteligencia, en este caso, surge exclusivamente de la locura. El espectador atento al que apunta la obra podrá disfrutar de reflexiones atrayentes, como “La casa es el estuche de una vida. El campo es el lugar donde los pollos corren crudos”, y de las introducciones a las canciones, resaltando su originalidad/rareza (como la posibilidad de entrar en contacto con poesía dadaísta). También, hay pasajes imaginativos, como el de las estrellas.
“El paisaje mental es una traducción personal del mundo exterior” es una frase de Radano con la que se promociona el espectáculo. Por lo tanto, ver Delirio Gaucho es adentrarse en la mente de esta creadora, y su “traducción personal” de ciertos fragmentos de la realidad.

Los Primos Gabino, guitarristas, me sorprendieron gratamente, porque me permitieron redescubrir las posibilidades de ese instrumento. Además, tienen un muy buen dominio del ritmo. Diego Vila brinda un acompañamiento impecable en el piano. La música instrumental se puede apreciar muy bien, gracias al sonido prolijo de Mariel Ostrower.
El bailarín Ramón Salina demuestra pasión y fuerza, y tiene presencia escénica y sentido del humor.

La dirección de Fabián Luca permite que toda la mezcla que fui describiendo encaje sin trabas. Además de ser uno de los gestores del espectáculo y de dirigirlo, Luca se encargó del vestuario y la escenografía. Ambos rubros son muy correctos, en sintonía con la locura y sugiriendo un poco lo campestre sin caer en lo explícito (“El campo es un estado mental”, se dice en la obra).
La iluminación de Gonzalo Córdova se ajusta a la atmósfera surrealista.

En resumen: Un espectáculo que desborda creatividad, tanto por parte de Alejandra Radano como del director Fabiám Luca (ambos, gestores del proyecto). Radano brinda extraordinarias interpretaciones de un repertorio curioso de canciones “olvidadas”, y lo hace con teatralidad. Apela al humor inteligente, tanto en la forma de encarar las canciones como en los pasajes de texto. Los Primos Gabino, Diego Vila y Ramón Salina resultan ser una gran compañía para el delirio de Radano.

Más información:
Dirección: Diego Luca.
Teatro: El Picadero (Pasaje Discépolo 1857).
Duración: 1 hora.
Última función: lunes 28 de octubre, a las 21 hs.
Entradas. $120 a $150.

Este espectáculo perteneció, hace poco, a la selección nacional del FIBA y se presentó por dos funciones en Chile.

Prensa: Duche-Zárate (www.duchezarate.com.ar)


REPERTORIO (RAMILLETE DE MELODÍAS OLVIDADAS):

1-La Casita (The Little Home) (1924) Canción Surreal Mexicana (LLONIA)/ Palomita Blanca (1929) Vals Aéreo (ANSELMO AIETA)
2-Envenenando pichones en el Parque (1969) Balada Baladí
(TOM LEHER) *traducción Fabián Luca
3-¡Ay mi Suegra! (1935) Chacarera Familiar (M.ARCURI/V.MARINO)
4-Cuento viejo (1934) Estilo Delirio (G.ALCAZAR SAPERAS)
5-La Oncena (1956) Chacarera Trunca (EDUARDO LAGOS-JUAN GOÑI)
6-Las voces de los Pájaros de Hiroshima (1970) Canción Dadá (HORACIO PUEBLO GUARANY/ EUGEN JEBELEANU/MANUEL SERRANO PEREZ)
7-Andate con la otra (1928) Canción Femenina de Protesta (CARLOS V.G FLORES/ENRIQUE DIZEO)
8-Neurastenia Fatal (1931) Canción Inexplicable (F.REÑÉ-ALADY)
9-Verde Luna (1941) Habanera Extraterreste (PINCHI / GOMEZ)
10-La guinda (1948) Bavarois Venusino (EUSEBIO DELFIN/PEDRO MATA)
*TROPICAL STORM (TORMENTAL TROPICAL) Cuestiones Naturales (instrumental) (1987)
*(Instrumental de la Ópera “Nixon in China”) (JOHN ADAMS)
11-Rosa reseca (1932) Tango Antique (GERARDO MATOS RODRIGUEZ/IVO PELAY)
12-Dizzyland rose (2012) Coda Fugaz (DIEGO VILA)
13-Eche veinte centavos en la ranura (1928) Milonga Circense (CEDRÓN/GONZALEZ TUÑON)


En el prólogo de “Historia Argentina” de  Rodrigo Fresán, el editor y crítico literario Ignacio Echevarría escribe:
Pertenezco a la generación de los argentinos nacidos entrada la década de los sesenta, crecí y me eduqué (…) en un país cuya historia, convertida en un vodevil sangriento, parecía haberse subido a una montaña rusa de la que sigue sin querer salir”

martes, 11 de junio de 2013

Crítica de "Forever Young", de Eric Gedeon, en versión de Paco Mir, Joan García, Carlos Sans, Pablo Kompel, Sebastián Bultrach y Daniel Casablanca

Crítica de Forever Young

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2012 – 2013 (Teatro El Picadero) – 2014 (Teatro Metropolitan Citi).

Calificación: 7.5/10


¿De qué se trata?: Un musical con un amplio repertorio de canciones de los 70s, 80s y 90s, que cuenta un día en la vida de seis ancianos que han sido artistas y viven juntos en un geriátrico. Las canciones les sirven para combatir el aburrimiento y no perder la vitalidad, enfrentando la vejez de la mejor manera (con alegría), y aprovechan para divertirse con ellas cada vez que la enfermera se ausenta.
Basada en la versión catalana (del grupo Tricicle) de un musical noruego (Evig Ung).


El punto fuerte de la obra: las interpretaciones. Sin dudas, los actores son el alma de esta obra, que probablemente no sería tan efectiva si no se hubieran confiado los roles a actores tan buenos, todos experimentados en teatro musical. Parece una paradoja, pero muchas veces se priorizan otras cosas antes que la formación de un actor o lo que transmite en escena, y tiene un gran valor que la producción haya elegido a estos artistas.
Ivanna Rossi, Martín Ruiz, Melania Lenoir, Omar Calicchio, Walter Canella, Andrea Lovera y Dan Breitman son un derroche de histrionismo, y humanizar sus caricaturas. La composición de los personajes está abordada desde la actuación, que la fortalece, y por eso funciona. Los personajes tienen matices, relieves, son cercanos al público, que puede identificarse con ellos. El director, Daniel Casablanca, seguramente tuvo mucho que ver con esto y con la forma en que se vinculas los viejitos, que permanecen toda la obra en escena. Todos los actores saben plantarse y moverse en el escenario con oficio, siempre en personaje, al que habitan. Atraviesan pasajes que requieren de distintas pautas con solvencia, como la rutina de ejercicios, el baile, la reacomodación de cada uno en su lugar o la gran escena con parlamentos de Shakespeare, y tienen el manejo del humor sumamente afianzado.
Gimena Riestra ya ha sido alabada por muchos críticos por su papel de enfermera, y se merece la ovación que recibe. Demuestra intuición escénica, timing y una buena voz para cantar. Su personaje le permite desplegar su talento, presentar a los personajes, generar constantemente situaciones distintas, y dar un vuelco hacia el final de la historia. Hace grande un rol secundario.
Gaby Goldman, por su parte, sigue demostrando que es un pianista y arreglador brillante, pero suma una faceta actoral, en la que se mueve muy bien, en pequeñas intervenciones.


Debo decir que cuando leí cómo estaba estructurado el musical, todo parecía indicar que sería un divertimento chato, porque las canciones aparecían sin tener relación directa con una trama (esta obra carece de un argumento tradicional), como sí sucede en cualquier musical hecho y derecho. No obstante, la resolución de este problema me sorprendió gratamente, si bien es cierto que las canciones no sirven para hacer avanzar la trama ni tienen relación directa con lo que sucede en escena, son fundamentales para dotar de diversión la vida de los protagonistas, cambiando su forma de afrontar la vida. En ese contexto, los personajes no podrían vivir sin música. Además, algunas marcan climas, potenciadas por los arreglos (como “Smells Like Teen Spirit”, que logra transmitir mucho a partir de cómo se canta). También, es notable que una canción como “Barbie Girl” llegue a dar escalofríos gracias a su uso dentro de la obra. Otro momento destacable es la interpretación de “Forever Young” (por Melania Lenoir) que viene después de esa escena, y adquiere un sentido renovado a la luz de lo que pasa.
La selección de canciones fue realmente muy buena y amplia (conviven “El lago de los cisnes”, “Una lágrima sobre el teléfono”, "Notti Magiche", “Roxanne”, “Chiquitita”, “0303456” y “El Rock del Gato” por dar ejemplos de su heterogeneidad), dado que traviesa varias generaciones y géneros. Es por eso que la versión argentina (de Paco Mir, Joan García, Carlos Sans, Pablo Kompel, Sebastián Bultrach y Daniel Casablanca) es creatividad pura, y esto se traslada también a los momentos del libro donde no se canta. La obra hace un manejo ejemplar del humor, puesto que hay gags efectivos permanentemente. El staff de adaptadores argentinos partió de un concepto catalán (basado en la obra original noruega), pero lo dotó de originalidad, personalidad e identidad argentina, apelando al público local con las canciones (el cuadro de rock nacional es un gran momento) y los chistes, buscando su identificación. Hace unos meses, estuve presente en los premios Florencio Sánchez, donde Gimena Riestra subrayó lo importante de apropiarse del material, y abordarlo con creatividad antes que encararlo desde lo superficial (no recuerdo exactamente las palabras que usó, pero Pepe Cibrián se dio por aludido, tras su regular pieza Excalibur, y, por las dudas aclaró que su dramaturgia tenía corazón, sólo que sus obras eran más caras).
Volviendo al libro, este culmina con un giro interesantísimo, e invita a la reflexión y la emoción (ambas en forma sincera y desprejuiciada) en su último tramo.
Por poner un ejemplo de los localismos, despierta carcajadas la mención de Guillermo Francella (aunque ya está cremado y reducido a cenizas, siguen repitiendo Casados con hijos), Julio Chávez (en el borda) y Les Luthiers (vivos, de gira entre Madrid y Buenos Aires).
La escenografía de María Oswald es vistosa, y tiene pósters de comedias musicales argentinas que llamarán la atención de todo fanático del género. El vestuario es simpático y el maquillaje y las pelucas son indispensables para construir la lograda apariencia de los viejitos.
La coreografía simple de la siempre efectiva Elizabeth de Chapeaurouge aporta momentos divertidos.


En resumen: Una obra sencilla, que aborda un tema complejo (envejecer) y nos hace enfrentarnos a él y reflexionar desde el humor. Está apoyada en excelentes interpretaciones de artistas reconocidos del género y una gran adaptación del libro, pensada para el público local, llena de ingenio y gags y manejada con buen timing por el director Daniel Casablanca.

Más información:
Dirección: Daniel Casablanca.
Teatro: El Picadero (Pasaje Discépolo 1857).
Duración: 1 hora 35 minutos.
Funciones: miércoles a domingos.
Entradas: $170 a $200.

NOTA: INFORMACIÓN 2014
Elenco: Walter Canella, Christian Giménez, Melania Lenoir, Andrea Lovera, Mariela Passeri y Germán Tripel. Pianista: Pablo Bronzini.
Teatro: Metropolitan Citi (Av. Corrientes 1343).
Precio de las entradas: desde $180 hasta $240.
Funciones y promociones: consultar en https://www.plateanet.com/Obras/forever-young