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jueves, 5 de junio de 2014

Crítica de "Ficcionario, bagaje de la creación", de Stella Maris Faggiano y Nacho Medina

Categoría: MONÓLOGO

Crítica de Ficcionario, bagaje de la creación

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro La Comedia).

Calificación: 8.5 /10


 ¿Por qué los globos nunca pasan de moda y siguen produciendo cierta fascinación? ¿Será porque nos ilusiona la idea de que sin nuestro soplido son inútiles? ¿Será porque les damos vida?

En fin, Ficcionario es una obra intimista, con pocas localidades por función. Está protagonizada por Stella Maris Faggiano, que está increíblemente bien plantada en escena (por eso recomiendo ver este trabajo a quienes estudian teatro).
¿De qué se trata? Es difícil encasillar esta obra. Es un monólogo con unas pocas canciones, hablado mayormente en verso (para los que tienen menos contacto con la poesía, no se imaginen sólo versos con la típica rima consonante, como el caso de rima y prima). A grandes rasgos, Faggiano (también dramaturga) decidió plasmar un cúmulo de reflexiones y pensamientos en movimiento, creando la sensación de que estamos metidos en la mente (bastante trastornada) de su personaje. El subtítulo ‘bagaje de la creación’ nos anticipa este ordenamiento caótico.
Circulan temas como la soberanía de la TV, la velocidad del mundo moderno, la realidad virtual (que parece más real que la propia realidad), la prostitución, el alcohol, la vida del poeta y la monotonía (en un cuadro donde la coreografía acompaña lo que se dice). No se trata todo eso directamente, sino que “disfrazado” por el vestido de la poesía y lo teatral. Es más, puede ser que lo que a mí me pareció que se refería a algo hablaba en realidad de otra cosa. Pero la idea es que el espectador sea activo y piense, por ejemplo, en el valor de romper con la monotonía de su vida (por otro lado, es inevitable que persista una parte considerable de la monotonía: escribo esto a punto de ir a lavarme los dientes, sabiendo que ya me los lavé miles y miles de veces en el transcurso de mi vida y que me los tendré que seguir lavando por lo menos cuatro veces por día por muchos años más).  ¿Será la creatividad la forma de salir de la monotonía? Muy posiblemente (y el arte tiene mucho que ver en esto).
Ficcionario es una especie de ejercicio entre dadaísta y surrealista. Podrá ahuyentar a los espectadores más tradicionales, pero está bien realizado.
Por señalar un detalle, aplaudo que se hayan elegido colores primarios para las bolitas de telgopor que se usan en un momento, porque estos colores están relacionados con el mundo infantil (son más fáciles de percibir por los chicos). Esto está en sintonía con la personalidad aniñada que suele adoptar Faggiano, si bien vive un proceso de maduración (aunque uno puede decidir si conectar las historias que ella cuenta o no).
Creo que será más conveniente seguir con esta crítica en verso, pero aviso que no respetaré la métrica ni seguiré el estilo de la obra…


En Ficcionario, las palabras son acciones:
trascienden la cárcel de lo escrito,
se desentienden de lo hablado
y terminan provocando emociones.
Con un simple ordenamiento
de caracteres o de sonidos,
se vuelven autónomas creaciones
que transforman lo que las rodea.
Frecuentemente, ignoramos su poder,
pero a veces las guardamos en cajones
porque no podemos controlarlas
cuando llegan a otros
y se clavan como aguijones.
Escribir es cambiar la realidad,
es dejar una marca profunda
en busca de interpretaciones.


Faggiano lucha con sus palabras,
que empujan hasta retorcer su cuerpo
y emerger como volcánicas confesiones.
La coreografía de Lucho Cejas
con pulso contemporáneo
escenifica violentas transformaciones,
y Faggiano se mueve sabiendo
que está dejándose habitar
por constrictoras cavilaciones.
Su cuerpo se convierte en un medio,
en un ultrajado títere circunstancial
que vivifica enmarañadas ficciones,
amenazantes por su indeterminación.

La dirección de Lautaro Metral
busca corporizar las tracciones
que sufre nuestra insondable mente
en el lóbrego mundo del pensamiento,
donde conviven etéreas contradicciones.
¿Pretendemos desconocer nuestra psicosis?
¿Preferimos ser los ebrios pilotos
o los ignorantes aviones?
Cuando el sueño desata nuestra locura,
¿nos hacemos cargo de lo que muestra ese cóncavo espejo
o buscamos amputar con el olvido las confusiones?

La dirección musical de Nacho Medina
acompaña la sinuosa línea del monólogo
con algunas tétricas canciones.
El vestuario se vuelve fundamental,
y con un excelente planteo
se somete a las mutaciones.
La excelente y creativa escenografía,
además de conceptual y funcional
es un ejemplo para otras producciones
que no saben lidiar con lo abstracto.
Lo fugaz, lo veloz, lo infantil y lo lúdico
se plasman a partir de competentes decisiones.
La iluminación de Ariel Ponce
termina de encerrar al público
en este tejido de desatadas pasiones
y lo convierte en pieza prescindible
de un aleatorio rompecabezas.

Catarata de vibraciones,
el convulsivo texto de Faggiano
nos hace pasar por diferentes estados.
En cuanto a las puntuales significaciones,
cada uno encontrará la suya (o ninguna,
porque el planteo de la actriz/dramaturga
es rebelde y no exige justificaciones).
Trata temas interesantes y profundos,
pero desde su abierta poetización,
centrándose en generar sensaciones.
Es por esto que Faggiano es ideal para el rol,
porque sabe habitar la totalidad del espacio
y dotar a su(s) criatura(s) de variaciones.
Muta constante y abruptamente en escena,
pasando de la inocencia infantil a la locura
en una procesión de transiciones.
Evidentemente, Ficcionario es una piñata.
¿Quién sabe con qué se va a encontrar si explota?
Podés descubrirlo… quedan 5 funciones.

¡Joven!


Más información:
Dirección: Lautaro Metral
Escenografía: Ezequiel Procopio
Maquillaje: Sofía Núñez
Vestuario: Estudio Saldivia-Spiridione
Fotografía y diseño gráfico: Fuentes2Fernandez
Difusión y community manager: Poncharte
Prensa: Alejandro Andolfi y Morena López Blanco
Stage manager: Maximiliano Perugino
Producción ejecutiva: Vero Larrea

Teatro: La Comedia (Rodríguez Peña 1062)
Funciones: lunes a las 21 hs.
Precio de las entradas: $100
Promoción: 2x1 con Club La Nación
Duración: 55 minutos

facebook.com/ficcionario2013
plateanet.com/obras/ficcionario

jueves, 20 de febrero de 2014

Crítica de "Mireya, un musical de tango", de Pepe Cibrián Campoy y Ángel Mahler

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Mireya, un musical de tango

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Teatro Presidente Alvear).

Calificación: 8.5 /10


¿De qué se trata?: Mireille, una joven huérfana que vive con sus tíos en un conventillo de Buenos Aires, sueña con triunfar en el mundo del espectáculo, junto con su inseparable amigo Miguel. Un día, conoce a un hombre de clase acomodada que la seduce (Manuel), y su vida cambiará para siempre.

El punto fuerte de la obra: la interpretación de Gabriela Bevacqua como Mireya.
A lo largo de la obra, se adueña del personaje de tal forma que es difícil imaginar a otra actriz en su lugar. Tiene un protagonismo casi absoluto, y sólo sale de escena para cambios de vestuario. Pero lo más importante es que nos muestra los matices propios de la vida trágica de la protagonista, incluso desde el tono de voz y forma de moverse. Entonces, se pueden reconocer cambios en su actuación, conforme Mireille va recibiendo golpes de la vida. Así, se va desdibujando la joven inocente y soñadora del principio, pero lo más llamativo es que se puede seguir percibiendo que ese espíritu romántico nunca la abandona, porque está demasiado arraigado en su corazón. Es gracias a esto que la obra funciona, dado que el público se preocupa por ver qué le deparará el destino a través de los años.
Bevacqua saca a relucir también su calidad de cantante, reflejando las transiciones de su personaje con la voz. Es la voz principal de la mayoría de las canciones, ubicadas en tramos donde su personaje experimenta emociones distintas (por ejemplo, el anhelo, el amor y la desesperación). Su registro permite que escuchemos una fusión entre el estilo de teatro musical y el tanguero. Complementa su canto con el baile.

Pepe Cibrián Campoy, autor del libro y las letras, se aleja de los clásicos de la literatura que venía versionando para contar una historia bien porteña. El cambio parece favorecerlo (debo decir que no me había cerrado Excalibur), porque el guión es entretenido y dinámico, y no suele abusar del melodrama y estancarse allí, sino que busca la forma de alivianarlo. Esto no quiere decir que la historia no alcance los necesarios tintes oscuros. Por otro lado, agiliza la narración a partir de una combinación de la síntesis y la elipsis. Con esto me refiero a que, por ejemplo, un personaje le relata a otro lo que le sucedió, y no hay necesidad de mostrarlo (así, se saltean horas, días y años, sin perder cohesión narrativa). Ya había tratado de dinamizar El Retrato de Dorian Gray en su última reposición, pero a mí me había parecido que los cortes eran innecesarios.
Volviendo a Mireya, Cibrián usa algunas metáforas en sus letras (como las de la ruleta y las estrellas). Cabe aclarar que el desarrollo argumental de este musical tiene poco que ver con el de la película Los muchachos de antes no usaban gomina (1976), recordada remake de una cinta de 1937, con Susana Campos como Mireya y Rodolfo Bebán como Alfredo. Es más, hay cambios sustanciales, tanto en la personalidad de personajes como en los hechos. Cibrián hizo su propia versión, y ambas funcionan. Quienes hayan visto la película se darán cuenta de que la obra empieza mucho antes, explorando el pasado de Mireya. Un detalle es que, en la obra, hay un guiño a la dirección de arte del film: en la escenografía de “lo de Hansen”.

Una digresión interesante: en la película de 1976, hay un momento bastante extraño donde, de la nada, una escena en un parque se transforma en un musical. Esto se da una sola vez, aunque después Mireya cante brevemente Mi vida es una copa de champagne (no es cantante, como en la obra) y aparezca Néstor Fabián con la emocionante “Tiempos viejos”. Yo me refiero a otra cosa: a un cuadro que parece sacado de una comedia musical clásica e injertado en la cinta, donde un grupo de bailarines con trajes elegantes canta sobre los rápidos avances tecnológicos de la época: Velocidad. Velocidad. ¡Ya no saben qué inventar! (…) ¿Dónde iremos a parar? (el tema central de la película, según mi parecer, es la nostalgia). Todo esto, al ritmo de una coreografía sincronizada. Después, todo sigue normalmente y ya nadie canta en el parque. Una rareza.

Retornando al 2014, Ángel Mahler (compositor de la música original) sorprende en una faceta nueva, que da cuenta de su versatilidad. Sus composiciones tangueras y milongueras son notables y funcionales a la historia, además de tener ese dejo al estilo de teatro musical que ya nombré (y de recordarnos ese 2x4 de los tangos clásicos que le sirvieron de inspiración). Como ya ocurrió en otras obras de la dupla Cibrián-Mahler, es él quien realza algunas escenas con su partitura, y acrecienta el poder de las emociones. Por otra parte, es un gran pianista. La orquesta se completa con Dolores Stabilini (violín), Carlos Di Palma (contrabajo) y Alejandro Guerschberg (bandoneón), tres buenos músicos que se ensamblan bien gracias a las orquestaciones.

Cibrián agregó el personaje de Leandro Gazzi (Miguel), el incondicional amigo gay de Mireille, que desarrolla sus dotes histriónicos y le da una buena dosis de humor al espectáculo.
Damián Iglesias (Alfredo) puede componer con convicción roles muy distintos. En Mireya, tomó la posta de la puesta en escena y dirección de actores (Cibrián estaba ocupado con Priscilla). Las obras de Cibrián (después de todo, el director general) tienen un estilo particular de actuación, muy ligada al desborde. En este caso, ese estilo encaja dentro del marco costumbrista. Iglesias supera el desafío de escenificar flashbacks, de alternar prolijamente las escenas de texto con las canciones y de pulir los momentos de violencia.

Martín Repetto (Manuel) encarna a un villano odioso y Lorena García Pachecho (madre de Alfredo) causa rechazo por la rigidez de su forma de pensar, propia de las convenciones de la sociedad de principios del siglo pasado, preocupada por guardar las apariencias.

Por supuesto, como la música nos transporta a la danza porteña por excelencia, el baile tenía que tener un papel primordial. Para eso, se convocó al reconocido bailarín de tango Esteban Domenichini (por ejemplo, participó del espectáculo Tanguera) para el preciso diseño coreográfico. Es una de esas personas que llevan el tango en la sangre, y degusta cada uno de los pasos; los siente (si van esta semana, podrán verlo bailar brevemente). Trató de trasladar esta capacidad de hablar con el cuerpo al elenco, con movimientos de tango fantasía. El tango es una danza sumamente expresiva, donde parecería difícil no dejar al descubierto lo que uno siente. En la película, Alfredo decía “El tango es una música auténtica; nuestra” (la aristocracia de 1906, a la que pertenecía su familia, repudiaba esta danza).

En la misma línea de lo que comentaba sobre la síntesis del libro, se usa el tango como forma conceptual de relato. Así, por poner un ejemplo, varios encuentros entre Mireya y Alfredo y el desarrollo inicial de su pasión se resumen en un baile.

René Diviú hizo un vestuario acertadísimo, que refleja el efecto de la Belle Époque en Buenos Aires. Además, su diseño de escenografía contribuye mucho a la ambientación. Sin ser ampuloso ni invasivo, presenta numerosos recursos que captan la atención del espectador con simpleza y lo sumergen en cada locación (se recurre, frecuentemente, a grandes paneles que bajan y suben). El uso de ladrillos le da a la obra una estética fría, como la vida de Mireya (en la película dice “Mi vida no está hecha para la felicidad (…) Tengo lo que me merezco”). La rampa del foso diversifica las entradas y salidas a escena. Sí, de vuelta hay escaleras móviles, un sello de Cibrián.


El ensamble está compuesto por Eluney Zalazar, Bruno Pedicone, Nicolás Bertolotto y Verónica Pacenza. Todos ellos desempeñan algunos roles secundarios, además cumplir el rol de figurantes para darle vida a escenas que transcurren en exteriores o en reuniones. No se necesitaban más que esos cuatro bailarines para poder lucir algunas coreografías vistosas, que acompañan la acción dramática y canciones (a veces, con los protagonistas también bailando).

La iluminación es uno de los fuertes de Cibrián, aquí en dupla con Carlos Gaber (los mismos que firmaron la superlativa iluminación de la última reposición de Calígula). Con menor estridencia, repiten su particular estilo de dejar algunos sectores en foco y otras a oscuras, y sus cambios de color o intensidad marcan la transición entre una escena o una locación y otra sin necesidad de apagones totales o de que el actor salga de escena. Asimismo, la luz une bajo un mismo sentimiento a los personajes, aunque se encuentren a cierta distancia, y resalta la escenografía.

Finalmente, quisiera remarcar que los preadolescentes pueden disfrutar tranquilamente de este musical (lo aclaro porque vi algunos en la sala).

En resumen: El mejor musical de la dupla Cibrián-Mahler de los últimos años, con una actuación exacta de Gabriela Bevacqua. Despliega matices para transitar la vida de Mireya y pone sus habilidades vocales al servicio de una partitura expresiva y notable de Ángel Mahler. Todo esto, enmarcado en la cuidada puesta de Damián Iglesias.
-.-.-.El Espectador Crítico de Musicales.-.-.-

Más información:
Dirección de actores y puesta en escena: Damián Iglesias
Dirección musical: Ángel Mahler / Damián Mahler (según la función)
Dirección general: Pepe Cibrián Campoy
Teatro: Presidente Alvear (Av. Corrientes 1659)
Duración: 2 horas y 10 minutos (sin intervalo)
Funciones: miércoles a sábado a las 21 hs. y domingo a las 20 hs.
Precio de las entradas: $80, $100 y $120 // Miércoles (día popular): $50 y $80
Venta online: ctba.globalticket.com.ar/
Producción Ejecutiva: Ángel Mahler - Julieta Kalik - Santiago Zenobi
Producción Asociada: La Crypta S.A. - Complejo Teatral Buenos Aires
Prensa y difusión: Alejandro Veroutis, Alejandro Andolfi y Patricia Brañeiro

Fotos: www.facebook.com/pages/Mireya-Un-Musical-de-Tango/ (Nacho Lunadei y Cecilia Berardinelli)

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La crítica ya terminó, pero quiero hacer un apartado para referirme a algo que ocurrió el año pasado. Cibrián quiso responderle a la crítica del prestigioso diario “La Nación”, Susana Freire, que había hecho un comentario de El Retrato de Dorian Gray. Más allá de la disputa, el objetivo de esta mención no es tomar partido, sino publicar como curiosidad la lista de preguntas que, según Cibrián, sentenció en esa oportunidad que hay que saber responder para demostrar que uno sabe de musicales y de teatro. Para que sepa que me sometí a ese test, quiero decirle que yo pude responderlas.

Este es el extracto textual de la respuesta de Cibrián:
“ES SOLO UNA OPINIÓN, TU FUNCIÓN ES ACLARARLO, PARA ESO DEBES SABER MÚSICA, HABER VISTO 120 MUSICALES.
¿SABES QUIEN ES STEPHEN SONDHEIM?
¿ROGERS Y HAMERSTEIN?

CY COLEMAN
KANDER Y EBB
COLE PORTER (ESE SEGURO SI)
MICHAE BENNET
BERNADETTE PETERS,
MANDY PATIMKIN
JERRY HERMAN
MARY MARTIN
OKLAHOMA
SHOWBOAT
NO NO NANETTE
MARTIN GUERRE
ZERO MOSTEL
¿EL AUTOR DE MAME?
¿LA ACTRIZ QUE LO ESTRENÓ FAMOSISIMA?
¿QUIÉN ESTRENÓ HELLO DOLLY O GIPSY?
SI SABÉS LA MITAD DE LAS RESPUESTAS SABES DE MUSICALES.

PERO SABÉS QUIEN O QUÉ ES
IBSEN
HEDDA GABBLER
EL JARDÍN DE LOS CEREZOS
LOS SIETE LOCOS
ROBERTO ARLT
GOROSTIZA
LORCA
LOPE DE VEGA
DRAGÚN
ART
EL CONVENTILLO DE LA PALOMA
VIRGINIA
WOOLF

ALBEE
COSSA
WESKER
LUPPI
DORA BARET
ANA ITELMAN
LA GALVÁN
YO
ANGEL
JUAN RODÓ
EL CERVANTES
LOS ACE
LOS FLORENCIO SANCHEZ
EL LOLA MEMBRIVES
¿POR QUÉ?
PORQUE SABÉS DE TEATRO. DE MUSICALES NO.”

viernes, 24 de enero de 2014

Crítica de "Pasos de Amor, el musical de la paz", de Rafael Jijena Sánchez y Gabriel Senanes

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Pasos de Amor, el musical de la paz

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (El Nacional).

Calificación: 8.5 /10 


¿De qué se trata?: En los años 40, cuatro jóvenes de distintos orígenes viajan por la India en un mismo vagón de tren. Todos tienen fuertes ideales y el amor es el motor de sus vidas. El día de mañana, llegarían a ser Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, Martin Luther King y Mahatma Gandhi. Durante el viaje, vivirán algunas situaciones que irán forjando su futuro, y se expondrán sus convicciones y preocupaciones, ante la mirada atónita de Alex, un guarda en su último viaje, que se convertirá en el custodio de cuatro valiosas cartas.

Quiero empezar con de las mejores definiciones de amor que conozco:

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
(...)
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor”.
Corintios 13 (en la Biblia)

El punto fuerte de la obra: la dirección musical de Gabriel Senanes.
Pasos de Amor es una obra donde la música interviene constantemente, y no se limita a números musicales aislados. La gran obertura, al estilo de los musicales más clásicos, anticipa la importancia que tiene la orquesta de 12 músicos, que sonó perfecta durante toda la función. Ya se sabe que, hoy por hoy, no es frecuente que nos enfrentemos a una orquesta poblada, pero esta superproducción nos da esa posibilidad. Tiene un rol clave: interactuar emocionalmente con lo que estamos viendo, acompañando lo que atraviesan los personajes.
Por eso, a Senanes, encargado también de la música original, no le interesó ni componer canciones simples ni que se convirtieran en hits (para que el espectador las recordara al salir del teatro). Buscó que las canciones acentuaran la expresión. Leyendo sus palabras en el programa de mano, me encuentro con que él mismo deja esto en claro: “todos entregando cuerpo y alma a una música sincera, creada con la secreta ambición de que no tenga vacíos expresivos”.
En esa tarea, no le teme a los contrastes rotundos, incluso dentro de una misma canción (por ejemplo, un personaje está cantando y, de repente, emerge todo el coro con una melodía más potente). Además, la música atraviesa varios estilos, según el tono de la obra y el personaje. Eso es algo positivo, porque permite que no se estanque, y forma un collage atractivo. Para mí, las incursiones más logradas fueron las de carácter operístico, los corales y el número de jazz.
Senanes trata de que esta variedad no termine por sonar forzada, y por eso trabaja con sutileza durante las transiciones. Dosifica, por otra parte, el trabajo coral del ensamble, que le aporta estridencia, y en el que se nota la mano maestra de Gerardo Gardelín (director vocal). Entonces, coordinar a 12 músicos por un lado y a 18 miembros del ensamble por el otro, más la participación solista de los protagonistas, y lograr que todo esto suene bien y sincronizado en vivo es una tarea digna de reconocimiento.

Hay que decir que quienes integran este ensamble no tienen muchas oportunidades para destacarse individualmente, sino que tienen que funcionar como una multitud. No obstante, algunos tienen más de un rol, porque intervienen brevemente durante ciertas escenas, donde se vuelven esenciales.
La coreografía de Omar Saravia hace pasar por distintos estados de ánimo a este personaje colectivo, como durante la escena de la “bronca”. Entonces, el ensamble se convierte en un sostén importante, porque es en él, por ejemplo, donde los protagonistas ven reflejados los padecimientos del mundo.
El pintoresco y surtido vestuario de Mini Zuccheri, junto con el diseño de maquillaje y peinado de Néstor Pumar, logran que la muchedumbre sea heterogénea y que sume impacto visual a una puesta ya de por sí visualmente impresionante.

Con respecto a este punto, hay que aplaudir la imponente escenografía de Alberto Negrín, con una locomotora que se mueve en escena, hecha humo y baja por una plataforma como su pieza más importante. La estética grandilocuente, junto con el diseño de iluminación de Gonzalo Córdoba, le otorga a ciertos tramos de este viaje proporciones épicas, con un despliegue inusual para las obras de origen argentino en los últimos años. Córdoba sabe, también, que debe haber momentos más intimistas, como los de las revelaciones que tienen Inés y Lolek.
Sobre dos pantallas, se realiza un juego de proyecciones muy funcional a la trama, que a la vez escapa de ciertas convenciones. Por ejemplo, al mostrar en blanco y negro el paso de las hojas de los árboles para sugerir el movimiento del tren, en vez de un típico paisaje fluyendo en forma horizontal.

 En cuanto a lo vocal, debo decir que Paula Almerares (Anna, la mujer del guarda) tiene un desempeño arrollador, demostrando su condición de soprano de calidad con un par de notas impecables. Los mejores momentos vocales son los suyos, y hace gala de una técnica rigurosa.
Sin embargo, también me gustó el solo de Rodrigo Segura (Michael/Martin Luther King), con un final magnífico, y la voz de María Paula Ferrari (Inés/Madre Teresa). Además, desde lo actoral, es Ferrari quien brinda la interpretación más cálida. Según el programa, no realizó ningún otro musical profesional, así que considero que ella es el gran hallazgo de Pasos de Amor.
Rodrigo Pedreira, afianzado en el escenario, es un Lolek/Juan Pablo II convincente y con el carisma propio de su personaje. Una perlita de la función de estreno: cuando Pedreira estaba recitando parte del famoso soliloquio de Segismundo en “La vida es sueño”, la señora que tenía al lado le comentaba a su acompañante “Es de una obra de García Lorca”. Al escuchar esto, casi me agarra taquicardia (es de Calderón de la Barca).
Luego de hacer varias obras en el off, Lionel Arostegui pasó a un musical comercial sin que se lo note incómodo, y compone a un Mohandas/Mahatma Gandhi enigmático.
Juan Rodó (Alex, el guarda), en un bienvenido aire fresco a su carrera, se aleja de los personajes atormentados y sigue demostrando sus condiciones vocales.

El libro de Rafael Jijena Sánchez tiene como punto de partida una gran idea. Conviene aclarar que él no decidió encarar las biografías de cada una de las personalidades, sino centrarse en su encuentro ficticio en un tren, y por eso no hay que ir esperando muchos detalles de su vida. A partir de esto, los hace exponer sus ideales de forma simple y amena, incluyendo algunas de sus frases y datos interesantes sobre sus vidas. Es una imagen muy poderosa la de aquellas grandes personas compartiendo un mismo vagón. Me pareció, sin embargo, que la obra podría haber sido un más extensa, para profundizar un poco más, aunque entiendo que se hubiera corrido el riesgo de transformarla en un panfleto sin mérito teatral.
Fue una buena idea darle pinceladas oníricas y hasta secuencias propias de un musical conceptual, que rompen con las paredes del tren para poder explorar la mente de los personajes y rasgos de su pasado/futuro de una forma teatral, incluso, con la participación del ensamble. Es interesante que haya querido insertar algunos puntos de oscuridad en la narración. Una muestra de esto es la inclusión de las tres Parcas, a pesar de que no tengan un rol fijo.
Aunque Pasos de Amor se hubiera hecho con una puesta minimalista y un elenco chico, el concepto principal hubiera sido igual de bueno, y Jijena Sánchez sabe que es la esencia (las convicciones de los protagonistas) lo que lo hace poderoso.

Al director escénico Daniel Suárez Marzal y al director asociado Gabriel Rosas les tocó la tarea de lidiar con un montaje complejo, pero su trabajo se ve preciso. Le otorgaron dinamismo a la obra, aprovechando la forma en que está concebido el libro y el despliegue visual. Una buena resolución escénica es la que muestra, en paralelo, una celebración religiosa con coro góspel de la que participa Michael y a Mohandas en un juzgado.
Durante la escena final, me resultó conmovedor ver a todo el equipo entregado a una canción. Fernando Marín, el productor general, tuvo una idea descabellada al lanzarse a producir un espectáculo tan grande en los tiempos que corren (hasta el programa de mano tiene una calidad óptima), pero le agradezco que se haya jugado por contar esta historia.

Siempre conviene tener en cuenta a estos cuatro héroes, que arriesgaron todo porque confiaron en el poder del amor. Fueron verdaderos revolucionarios desde su actitud pacífica, y marcaron al mundo. Es impresionante pensar que sólo el amor les bastó para transformar la realidad, y que entregaron todo desinteresadamente para mejorar la vida de los demás. Hoy, son un ejemplo indiscutible. En efecto, sólo el amor construye, y este es un mensaje que nos viene bien hoy en día y en el contexto en el que estamos sumergidos, donde la tendencia no es dar pasos, sino estancarse en una zona de confort que no nos beneficia como sociedad. Madre Teresa, Martin Luther King, Juan Pablo II y Gandhi fueron en contra de la corriente, demostrando que no es el poder ni el dinero lo que lleva a un mundo mejor, sino un cambio de mentalidad.
Como muestra la obra, los protagonistas no se convirtieron en grandes personas de la noche a la mañana. Fueron dando pequeños pasos de amor. A eso estamos llamados nosotros; a tener pequeños gestos que hagan la vida del prójimo un poco mejor, y así crecer todos juntos. Si nos ayudamos entre todos, dando todos los pasos de amor que podamos aunque cueste, sosteniendo a aquellos que no pueden darlos por sí solos y dejándonos empujar para dar aquellos pasos que no nos animamos a dar, vamos poder salir de los pantanos donde nos metamos y recorrer mucho más. Tal vez no sea una forma de vivir muy cómoda, pero es la más plena y la que le da un sentido a nuestra existencia.

En resumen: Una producción colosal y dinámica para toda la familia, que presenta los valiosísimos ideales de cuatro héroes que dejaron infinitas huellas en nuestra historia, amaron al extremo y vivieron por los demás. Una gran apuesta por el teatro musical de origen argentino, con una orquesta impactante y la arrolladora participación de la soprano Paula Almerares.
-.-.-.El Espectador Crítico de Teatro Musical.-.-.-

Más información:
Dirección escénica: Daniel Suárez Marzal
Elenco: Juan Rodó, Paula Almerares, María Paula Ferrari, Rodrigo Segura, Rodrigo Pedreira, Lionel Arostegui, Anahí Core, Sergio Di Croce, Alejandro Zanga, Alexia Martinovich, Alfredo Martínez, Ana de Vicentis, Anabella Simoneti, Carlos Da Silva, Daiana Liporati, Ezequiel Fernanz, José Luis Bartolilla, Julio Irigoyen, Lucien Gilabert, Matías Prieto, Melina D'Angelo, Nicolás Serraiti, Sheila Saslavski y Sol Montero
Production stage manager: Florencia Falconi
Stage manager: Verónica Nijensohn
Director técnico: Matías Carbia
Comunicación y prensa: Alejandro Veroutis, Alejandro Andolfi y Sandra Beerbrayer
Diseño gráfico: Felicitas Calvo

Teatro: El Nacional (Av. Corrientes 960 - 4326-4218)
Duración: 1 hora y 35 minutos
Precio de las entradas: desde $160 a $280
Funciones: miércoles a sábado a las 21 hs. y domingo a las 20 hs.


 Para cerrar, les dejo imágenes de un tren de papel que armé para esta nota, inspirado en la obra.


sábado, 18 de enero de 2014

Crítica de "BULeBU in concert", de Diego Reinhold

Categoría: MUSIC HALL

Crítica de BULeBU in concert

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2014 (Sala Siranush) - 2015 (Teatro Bar de Villa Carlos Paz)

Calificación: 8.5 /10 


¿De qué se trata?: Un music hall humorístico con Diego Reinhold, Sebastián Codega, Déborah Turza y una banda de jazz, enmarcado en una transmisión radial ficticia a la que el público asiste, con reminiscencias de los años 50 y 60.

El punto fuerte de la obra: el guión de Diego Reinhold, Alejandro Zucchi, Sebastián Codega, Ivanna Rossi y Diego Betancor.
Como se puede notar, BULeBU in concert es el resultado de un trabajo en equipo. Si bien la idea inicial fue de Reinhold, él permitió que tanto los artistas que lo iban a acompañar como su stage manager y un colaborador creativo aportaran su visión... y no se equivocó, porque el resultado es más que favorable.
Aunque la dramaturgia fue confeccionada a varias manos, BULeBU in concert es un espectáculo perfectamente fluido e integrado, a pesar de desarrollarse en cuadros, como buen music hall. Esto se logra porque sigue una misma línea de humor blanco, que se aleja resueltamente de lo chabacano para brindar un entretenimiento franco, que puede ser disfrutado por tipos muy distintos de público (como pude observar en una Sala Siranush casi repleta). Proliferan los juegos de palabras ocurrentes, algo a lo que Reinhold ya nos tiene acostumbrados.
Hay varias escenas desopilantes. Por ejemplo, la del radioteatro “Historias del Corazón”, el monólogo de Reinhold utilizando apellidos de políticos para reemplazar palabras y la de “Alarm Parker” (lo escribo en código porque no conviene adelantarla).
Durante la función, Reinhold califica a su obra como “sofisticada”, y me parece un adjetivo adecuado. Sobre todo, si uno tiene en cuenta que, más allá de ser un espectáculo, BULeBU es una experiencia. Implica sumergirse en un ambiente especial, puesto que se propone rememorar una transmisión de radio (con interrupciones para publicidades y noticias). A la vez, permite recrear por momentos un club de jazz de las décadas de los 50 y 60. Todo esto, enmarcado en un lugar tan asombroso como la Sala Siranush (también detenida en el tiempo).

La dirección de arte y escenografía de Alejandro Goldstein y el diseño de video Lautaro Azcuy logran instalar una estética depurada. Tanto el diseño de luces de Reinhold y Zucchi como el vestuario (de la misma dupla más Héctor Ferreira) se mantienen en sintonía con esa propuesta. Incluso, hay un cuadro con pelucas de latex, con una estética más kitsch (que tiene un pasaje con un breve homenaje al "Club del Clan").
Hay números muy creativos. Me gustaría señalar dos que utilizan tecnología de períodos distintos: el del juego con las proyecciones/mapping para mostrar la historia de un pez y el del Theremín (un instrumento electrónico extraño, con una antena, inventado en 1919; en este video se puede ver a su creador tocándolo). En este último, Reinhold interpreta “Over the rainbow”, de El Mago de Oz.
Lautaro Azcuy fue también el encargado del citado mapping. En “La gata bajo la lluvia”, aporta nuevamente atractivo visual.
Por cierto, si bien lo que más se destaca del show es el humor, hay cuadros donde sobresale el desempeño vocal (algo esperable, dada la preparación integral de los intérpretes). En ese sentido, y sin lugar a dudas, las intervenciones de Déborah Turza son las más impactantes, sobre todo durante sus solos “Perdere l’amore” y “La gata bajo la lluvia”.


La confianza de Reinhold en el escenario, su gracia para dirigirse a la platea y su timing para llevar adelante un monólogo lo convierten en el anfitrión adecuado.
Por su parte, Sebastián Codega, que completa el trío de artistas, es carismático y un buen bailarín.

La interacción con el público se vuelve central para la obra. Fue acertada la idea de usar la pantalla de video para fomentar la respuesta de los espectadores, pidiéndoles, por ejemplo, “Aplausos”, como en un antiguo estudio de radio. Un momento muy divertido, que tiene que ver con esto, es el de “Esclerosis múltiple”. Además, quienes posean celulares con acceso a Twitter tienen la posibilidad de twittear durante la función, utilizando el hashtag #BULEBU. Algunos mensajes son leídos en pleno show.

Claramente, BULeBU no se podría haber hecho sin su impresionante banda de jazz/swing, que brinda el irremplazable placer de escuchar música agradable en vivo. Más allá del jazz, los músicos demuestran poder encarar canciones tan distintas como la cortina musical de “Almorzando con Mirtha Legrand”, “La Marcha de San Lorenzo”, “Aurora” (versión jazz), “Monta mi caballito”, “Despeinada” (de Palito Ortega) e “Il Ballo Del Mattone” (de Rita Pavone), por nombrar algunas. La dirección musical es de Nicolas Sorin.
Las coreografías son de Reinhold, Zucchi y Codega, y se ajustan al período que se retrata. El mejor número coreográfico es el de tap.

En resumen: Plagado de gags ocurrentes y juegos de palabras, este music hall es un gran entretenimiento para todo público. Sostenidos por una puesta sofisticada y una buena cuota de originalidad, Reinhold, Codega, Turza y una banda de jazz/swing convierten la salida al teatro en una experiencia especial. Una placentera combinación de humor y buena música.


Nota: La Sala Siranush brinda un servicio de cena, que es opcional (obviamente, no está incluido en el precio de la entrada).

Más información:
Dirección músical: Nicolas Sorin
Producción general: Diego Reinhold
Arreglos vocales: Gaby Goldman
Músicos: Mariano Gianni (piano), Milton Alonso (bajo), Mariano Sáenz Tejeira (batería), Leonardo Paganini (saxo tenor), Pablo Puntoriero (saxo alto y clarinete), Juan Suárez Smink (trompeta) y Nathan Lane (trombón).
Realización escenográfica: Carlos Junco
Peinados: Daniel Veiga
Jefe técnico: Ariel Pérez
Diseño de sonido: Mariano Luna
Fotografía: Alejandra Viviana Aranda
Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar)

Teatro: Sala Siranush (Armenia 1353). Verano 2015: Teatro Bar (Gral. Paz 27, Villa Carlos Paz) - Teléfono: (03541) 42-2897. Elenco: Diego Reinhold, Déborah Turza y Federico Salles
Duración: 1 hora 25 minutos
Funciones: viernes a las 22 hs. (2013) Verano 2015: martes a domingos 22:30 hs. (sábado doble función: 22:30 y 00:15 hs.)
Entradas: $120 y $150. (2013)
Promociones: 2x1 con Club La Nación PREMIUM (límite de 20 cupos); descuento de Banco Supervielle (ver página web de Ticketek)
Informes y reservas: 4899-4101 / reservas@salasiranush.com.ar

O por Ticketek: 5237-7200 / http://www.ticketek.com.ar/newsite/bulebu

NOTA (2014): Ahora los sábados a las 20 hs. Entradas: $160 y $180.

Para cerrar la nota, decidí sacar una foto que siguiera el estilo de la obra, con algunos discos de vinilo y las figuras de los protagonistas asomando de uno de ellos. Abajo a la izquierda, se puede ver el programa de mano. A la derecha, una lapicera inspirada en BULeBU que improvisé.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Crítica de "Despertar de Primavera" (workshop de Meme Mateo), de Steven Sater y Duncan Sheik

Categoría: WORKSHOP/MUESTRA

Crítica de Despertar de Primavera (workshop de Meme Mateo)

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro El Picadero).

Calificación: 8.5 /10 


¿De qué se trata?: En la Alemania de 1891, un grupo de jóvenes vive las consecuencias de una sociedad asfixiante, donde los adultos tienen el control absoluto. La obra toca con sinceridad diversos temas complejos y problemáticas juveniles (que no conviene enumerar para no arruinar la sorpresa a quienes no la vieron). Sus mensajes siguen siendo muy actuales.

El punto fuerte de la obra: la dirección de Meme Mateo.
Despertar de Primavera es uno de esos musicales que yo considero perfectos, y le pondría un 10 absoluto. Tanto las letras y el libro (de Steven Sater, basado en una cruda obra de Frank Wedekind) como la música rockera de Duncan Sheik fueron concebidos en forma magistral. La historia y la forma en la que está contada transmite muchísimo, y llega a emocionar. Consigue la empatía del espectador y su identificación (obviamente, todavía mayor cuando se conoce una historia parecida a la de un personaje, o se atravesaron conflictos similares). La genial dirección de la puesta original de Broadway fue de Michael Mayer, que marcó muchas pautas que después fueron tomadas en otras versiones. En Argentina, la obra se estrenó en el 2010, en el Teatro Astral, con Fernando Dente, Florencia Otero y Federico Salles en los roles protagónicos. Esta puesta estaba óptimamente dirigida por Ariel del Mastro. Sumamente intensa, generaba una atmósfera angustiante, y estremecía al público. Tenía un talentoso elenco, que entregaba todo en escena. Sin embargo, fue un fracaso comercial.
Frente a semejantes antecedentes, y al inevitabilidad de la comparación, era todo un desafío meterse con Despertar de Pirmavera, pero Meme Mateo lo hizo. De hecho, su puesta le debe mucho a las dos citadas anteriormente. Decidió no innovar (como sí lo han intentado otras puestas del mundo), para presentar una versión convencional de la obra (que, ya de por sí, no es convencional). No obstante, su dirección es efectiva, y fiel al estilo de la obra. Una buena decisión fue sentar a los intérpretes que no están en escena en la primera fila del teatro. Hizo un buen trabajo marcando los desplazamientos, para aprovechar la extensión del escenario. Mantuvo las disposiciones clásicas de la obra, como las sillas durante “Esta puta vida” o el uso de micrófonos de mano para contar lo que sale de lo más profundo del corazón.
Pero su mayor logro está en haber acercado a tantos jóvenes actores (que no hicieron una carrera profesional en las tablas, o tienen poca experiencia) a un material tan complejo, y haber permitido que hayan podido explorarlo con éxito. La obra es interpretativamente muy difícil de encarar, y por eso necesita de una mano que guíe sin titubear. En ese sentido, resultó una de las mejores muestras de teatro que vi en los últimos tiempos, porque el grupo estaba bien coordinado y tenía confianza, más allá de que no todas las personificaciones sean acertadas todo el tiempo.
También, Meme Mateo es la encargada del diseño de luces y de su operación, que funciona aceitadamente y ayuda a crear climas (por ejemplo, durante “El saber”).


La interpretación más destacada resultó ser la de Martín Mazalán como Moritz, un personaje complicado, que tiene muchas escenas que le permiten al intérprete explotar su potencial dramático, pero que se puede prestar a la sobreactuación y la caricatura. Por suerte, Mazalán busca que su criatura sea verosímil, logrando cierto equilibrio (paradójicamente, para personificar el desequilibrio), y hace que nos encariñemos con su Moritz. Además, demuestra estar a la altura de las exigencias vocales.
Me sorprendió Leonel Deluglio, convincente como Melchior en todas sus facetas, y acertado en el canto. Mantiene el dramatismo durante la canción “Lo que quedó atrás”, que resultó ser una escena conmovedora, gracias al compromiso de todo el elenco.
También, me gustaría resaltar el trabajo de Clara Lanzani, como la simpática y acomplejada Ilse (aunque tuvo que crecer de golpe, no deja de ser una adolescente). Tiene un buen desempeño vocal.

Con sus participaciones, interpretando los roles adultos, Claudio Riganti y Virginia Alberti se roban varias escenas.

Macarena Giraldez (impulsora del proyecto) capta la inocencia de Wendla, y la mantiene al cantar. Trata de ir oscureciendo a su personaje un poco, conforme va madurando. María Da Pieve (como Martha) se anima a cantar “La oscura verdad”, junto con Clara Lanzani. Es una canción que requiere compromiso emocional, y el clima opresivo que propone estuvo bastante bien logrado.

La dirección y adaptación coreográfica es de Lautaro Silva, que capturó la esencia de otros montajes. Contribuye a potenciar momentos intensos, como “Esta puta vida” o la enérgica canción “Jodido estás” (posiblemente el mejor momento de esta puesta). Un detalle que me encanta nombrar al hablar de Despertar de Primavera: como me explicó una vez un jurado de los Premios Hugo, es característico de esta obra el “salto reprimido”, que muestra un intento de rebeldía que no puede concretarse del todo, dentro de los parámetros rígidos de la sociedad.

La banda en vivo realza las canciones en las que participa (las otras se cantan sobre pistas).
Otro punto a favor con respecto a lo musical es que el trabajo vocal en armonía está muy bien logrado.

Lamentablemente, el sonido es el karma de todas las muestras de teatro musical, y suele ser un problema de equipamiento. En este caso, por lo menos en la función a la que asistí, los inconvenientes con los micrófonos fueron menores, pero no inexistentes. Es una pena porque dificulta el canto de los intérpretes y los puede poner nerviosos. Sin embargo, el acompañamiento instrumental estuvo en un volumen correcto durante toda la obra, y se pudo lucir, como dije antes, la unión de las voces en armonía.

El vestuario de Melisa Lazarini y Tierra de Sueños ayuda para situar el período y darle un toque profesional al montaje, al remitir a otras producciones de la obra.

En resumen: Una adaptación fiel al espíritu de la obra original, con dirección de Meme Mateo, que supo sacar lo mejor los intérpretes (en su mayoría, sin experiencia profesional) para hacerlos transitar por un texto complejo. Se destaca la interpretación de Martín Mazalán.

Más información:
Dirección general: Meme Mateo.
Dirección musical: Isadora Sobredo.
Producción: PLOP workshops.
Elenco: Martín Mazalán, Clara Lanzani, Lucas Mazalán, María Da Pieve, Leonel Deluglio, Macarena Giraldez, Santiago García Escudero, Manuel Perez, Julieta Severo, Matías Adrián Prego, Camila Grela, Virginia Alberti y Claudio Riganti.
Teatro: El Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1851).
Duración: 2 horas y media (aprox.), con intervalo.
Diseño gráfico: Martín Mazalán.
Sonido: Ramiro Hermida y Pablo Bernard.
Función: la última es hoy a las 23 hs.