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domingo, 21 de agosto de 2016

Crítica de "Todas las canciones de amor", de Santiago Loza

Categoría: OBRA CON MÚSICA

Crítica de Todas las canciones de amor

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2016 (Paseo La Plaza).


Una mujer se prepara para vivir un día emocionalmente agitado, que romperá con su rutina. Recibirá en su casa a su hijo, que hace unos años decidió instalarse en otro país. El planteo es sencillo, pero desde el momento en el que Marilú Marini aparece en escena, su personaje les promete a los espectadores que los llevará “de la mano”. Es que esta madre no se guardará nada de lo que revolotee por su mente en las horas previas al ansiado encuentro, que la tiene particularmente exaltada. Es más, algunas veces pedirá disculpas por el atropello de sus pensamientos, pero parece ser que sólo al compartirlos encuentra la forma de ordenarlos. La dramaturgia de Santiago Loza está plagada de imágenes sensoriales y descripciones puntillosas, dando cuenta del deseo de la protagonista de atesorar cada sensación que la remita a aquel esperado día. Ya sea para hablarnos de los nudos de los pies de su marido o contar cómo debió agacharse para buscar un objeto debajo de un mueble, ella quiere hacernos partícipe de cada detalle, y Loza encuentra las palabras justas para que el texto fluya y estimule nuestra capacidad para imaginar lo que se cuenta. Surgirán anécdotas del pasado y relatos con toques oníricos, y atrás de todo siempre habrá un torrente de sentimientos, transmitidos con suma calidez y maestría por Marilú Marini.

domingo, 15 de mayo de 2016

Crítica de "Cita a ciegas", de Winsberg, Zachary y Weiner

Categoría: MUSICAL

Crítica de Cita a ciegas
Título original: First Date

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2016 (Maipo Kabaret).


¿De qué se trata?: Una cita a ciegas reúne a dos jóvenes que parecen no ser compatibles, desencadenando situaciones humorísticas.

martes, 7 de julio de 2015

Crítica de "Ghost, el musical", de B. Rubin, D. Stewart y G. Ballard

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Ghost, el musical
Título original: Ghost, the musical
Libro: Bruce Joel Rubin / Música y letras: Dave Stewart y Glen Ballard
(Estrenada en el West End en 2011)
A su vez basada en la película estadounidense
Ghost (1990), de Jerry Zucker

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (Teatro Metropolitan Citi)

Nivel: 7 /8


¿De qué se trata?: Sam y Molly son una joven pareja que se acaba de mudar a Brooklyn. Tras la repentina muerte de Sam, este queda atrapado entre dos mundos y se transforma en un fantasma. Sam se rehúsa a dejar a dejar a Molly cuando descubre que ella se encuentra en grave peligro. Como no puede comunicarse con ella, recurre a una médium de baja categoría, Oda Mae Brown.

El punto fuerte de la obra: Natalia Cociuffo (Oda Mae Brown).


Tengo que admitirlo de entrada: vi la puesta de Ghost, el musical que se hizo en Broadway y no me gustó demasiado. A su vez, hay que desmitificar la idea que tienen aquellos que aseguran que esta obra fue un éxito (esto es una concepción errónea muy común que se suele adosar indiscriminadamente a cualquier musical extranjero). Ghost, el musical recibió críticas regulares en el West End (2011) y en Broadway (2012), y tampoco consiguió el apoyo del público. Yo me sumé decididamente a los reparos que se le fueron haciendo (los iré explicando más adelante), y por eso fue mayor mi asombro al encontrarme con una versión argentina con tantos méritos. Pero… ¿no es la misma obra? Sí y no, ya veremos por qué.

sábado, 7 de febrero de 2015

Crítica de "Caprichos deliciosos", de Darío Bonheur

Categoría: OBRA MUSICAL

Crítica de Caprichos deliciosos

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2015 (La Biblioteca Café, 2º temporada)

Nivel: /8 


¿De qué se trata?: Una cantante y un pianista que comparten el escenario y la intimidad desde hace nueve años le cuentan su historia al público, de la mano de canciones de películas (en su mayoría, musicales).

El punto fuerte de la obra: la voz de Marisa Ini.

“¿Quién podría pedir algo más?”, dice el estribillo de esa eterna canción de los hermanos Gershwin llamada “I Got Rhythm” (que, como creo haber mencionado anteriormente, siempre me hace sentir más feliz). Lo que la letra pregona no es conformismo, sino agradecimiento. Del mismo modo, uno podría preguntarse qué más se le puede pedir a un entretenimiento redondo como el que brinda Caprichos deliciosos. La respuesta del público parece ser “nada más”, porque el show cumple con su cometido de crear una noche agradable (y, de hecho, el único pedido que se oye una vez terminado es el famoso grito de “¡Otra!”). Entonces, solo queda el agradecimiento.

jueves, 16 de octubre de 2014

Crítica de "Lo que hice por amor", de Pedro Frías y Omar Calicchio

 Categoría: UNIPERSONAL/CONCIERTO

Crítica de Lo que hice por amor

Buenos Aires, Argentina
Temporada 2014 (Teatro Sha)

Nivel: 6.6 /8
(Faltan 2 obras para completar el grupo de 3)


¿De qué se trata?: Pedro Frías, acompañado por el guitarrista Guido Cefaly, brindan “un concierto con estados, emociones y situaciones simples, complejas, sensibles y extremas. Música y poesía, siempre protagonistas en las historias de amor. El amor, siempre protagonista en la música y la poesía. ¿Qué hicimos por amor? ¿Cuántas canciones dedicamos? ¿Cuántas nos acompañaron y nos traen recuerdos?”. Participan dos cantantes invitados por semana.

domingo, 21 de julio de 2013

Crítica de "Camila, nuestra historia de amor", de Fabián Nuñez

Crítica de Camila, nuestra historia de amor

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro Lola Membrives).

Calificación: 7.5/10



¿De qué se trata?: La eterna historia de Camila O’Gorman y el sacerdote Uladislao Gutiérrez, enamorados durante la opresiva dictadura de Rosas en nuestro país, y sus esfuerzos para concretar su amor.

El punto fuerte de la obra: la música de Fabián Nuñez; toda una revelación.
Nuñez escribió, además, el libro, y está a cargo de la dirección, y es admirable encontrarse con un creador tan apasionado por su obra, que pudo lograr su sueño de estrenarla en un teatro tan importante e imponente como el Lola Membrives, con producción de Sabrina Romay. Hacía cinco años (según relató Pablo Gorlero en http://www.lanacion.com.ar/1538250-bambalinas) que tenía el libreto y un CD con demos de las canciones circulando. Dicho se el paso, en este link pueden escuchar la gran versión de “Amar sin limitar” que grabó Elena Roger: http://www.youtube.com/watch?v=n8WdN523P1Q.
Mucha gente se confundió esta obra con la versión de la misma historia de amor que se presentó en el Centro Cultural Borges en el 2004 (http://www.lanacion.com.ar/616843-vuelve-camila-en-version-musical), por eso hay que aclarar que esta es distinta.
Volviendo a las melodías de Fabián Nuñez, muchas son realmente bellas y teatrales (supo integrarlas muy bien a la historia y a los sentimientos de los personajes). Varios críticos señalaron el enfoque ingenuo de la propuesta, y estoy de acuerdo en que no es precisamente una versión oscura del relato, si bien obviamente adquiere los necesarios matices trágicos (desde la dirección, es acertado el cambio de tono durante la segunda mitad de la obra). No obstante, me parece bien que se quiera probar algo distinto, y las canciones encajan dentro del romance idealizado que, en medio de la opresión que sufren sus jóvenes protagonistas, se vuelve a veces naïve (pocas veces aflora la pasión desenfrenada). Me gustó que se haya adquirido esa mirada, y que las notas del pentagrama sean fieles a ella. Nuñez le otorga, además, por lo menos un solo a cada personaje (menos al Padre Ganon), y eso les da posibilidades de lucimiento a los miembros del elenco, y además le permite adentrarse en la mente de los distintos seres y, en ciertos casos, explorar diversos tonos dentro de su música (no radicalmente diferentes, de todos modos).
Por cierto, la música instrumental está pregrabada, pero se nota la magistral dirección de Gerardo Gardelín. El diseño de sonido de Gastón Briski permite escuchar correctamente lo que cantan los personajes.
Algunas de las letras de las canciones presentan figuras imaginativas, y permiten que los personajes se expresen con solvencia.
El texto está bien pensado desde el timing y el foco a distintos lugares donde se desarrolla la acción. Para este último punto, el director tiene como ayuda una fantástica escenografía (también de Fabián Nuñez, con Lili Diez), con estructuras giratorias, para representar la iglesia y la casa de Camila desde distintos ángulos. Sobre el final, resulta oportuno el recurso de las estrellas y las celdas.
Un detalle histórico insignificante para el resultado artístico de la obra: en la época de Rosas, no se podía tener una puerta verde (como la que se muestra en la casa de Camila) o azul sin sufrir el hostigamiento de la mazorca (el brazo armado del dictador). Por eso, resultaría impropio que un hombre respetado como Adolfo O’Gorman dejase ese detalle al azar (el interior de su morada sí es de un tono rojizo, como era reglamentado).
La iluminación de Ariel Ponce es esencial para indicar dónde debe poner la atención el espectador y, ocasionalmente, sugerir climas narrativos y marcas temporales.
Con respecto a los datos históricos, me gustó que se reflejaran aspectos de la etapa rosista: la estrecha relación entre la iglesia y el régimen (las frase “Si hay entre nosotros algún inmundo, salvaje, asqueroso unitario, que reviente”, que pronuncia durante la misa el Padre Ganon, eran dicha por el Cura Gaeta antes de proclamar el Evangelio), la condición de Rosas como autoridad moral, la tensión con los unitarios, la rigidez de las familias, la obligatoriedad de mostrar la conformidad al régimen, el uso de la divisa punzó, el clima de terror y violencia  y la posición de Manuelita Rosas como intercesora entre los desafortunados y su padre.



En cuanto al elenco, gran parte del peso recae en Natalie Pérez (Camila O’Gorman), que tiene la responsabilidad de ser el alma de la obra en muchas escenas. Lo logra, interpretando a su personaje con mucha naturalidad, frescura y carisma, pero siempre dentro del marco ingenuo que planteó el autor. En algunos tramos, su Camila adquiere valiosos matices, y uno le cree que sufre por amor. Evolucionó como cantante desde su última aparición teatral (en El diluvio que viene), y tiene momentos donde sorprende.
Con respecto a Peter Lanzani (Uladislao Gutiérrez), se nota que no tiene experiencia en comedia musical, pero le pone entusiasmo a su labor. No obstante, se puede distinguir que tuvo cierta preparación en canto (la coach vocal de la obra es Laura Silva), por lo menos para afirmarse en los finales largos y que suenen bien en notas más arriesgadas sin llegar a lo que en Broadway llaman belting. Buen trabajo en ese aspecto. No está tan confiado en todas las melodías, y su nivel va oscilando, sin llegar a un punto alto, pero es bueno que se arriesgue a probar cosas nuevas, y que pueda ir perfeccionándose en el futuro. De todas formas, sus canciones no son tan demandantes. Se lo observa bastante tenso cuando canta (probablemente porque se esfuerza por hacerlo correctamente), a tal punto que ejecuta algunos movimientos casi robóticos pero, repito, su esfuerzo vale la pena (eso no quita el hecho de que el canto no es su fuetre, al menos en vivo). En lo actoral, tiene química con Natalie Pérez y compone a Uladislao con una postura muy adecuada. Encaró aceptablemente la personalidad tímida y contenida del principio de la historia, las dudas y el miedo de la mitad, y la liberación, el amor y la tristeza durante el final.
Los personajes secundarios acompañan perfectamente a los protagonistas.
La Ana Perichon de Julia Zenko es magnífica. Sus canciones son probablemente los mejores momentos musicales. Sabe darle relieve a su sufrida criatura durante el canto y la actuación, y hace verosímil su relación afectiva con Camila. Por supuesto, es en ella donde más se destaca el logrado maquillaje de Juan Gasparini.
Magalí Sánchez Alleno reafirma que es una artista integral impresionante (y que puede serlo en distintos terrenos). A pesar de que sus intervenciones son pocas, su Manuelita está llena sentimiento, y su solo (“Mis ojos ciegos”) es un gran momento, con compromiso actoral. Indudablemente, sabe transmitir.


Miguel Habaud encarna correctamente la rigidez de Adolfo O’Gorman (en el canto y la actuación), y tiene una participación como el Virrey Liniers.
Santiago Ramundo como Eduardo O’Gorman crea relaciones creíbles con los miembros de su familia y de la iglesia. Su personaje no tiene posibilidades para mostrar mucha destreza vocal, pero sale airoso.
Sergio di Croce (Ricardo) canta muy bien (aunque sea sólo en una breve escena). Asume la responsabilidad de luego componer a un personaje distinto: Antonio Reyes.
Déborah Dixon escoge en un registro actoral muy acertado como Matilde (la “nana”) y tiene una muy buena voz. Tiene la posibilidad de desempeñarse en pasajes con humor y también mostrar su costado desconsolado y su cariño por Camila.
Nelson Rueda resulta ser un buen Padre Ganon.
No pude ver a Laura Silva en el personaje de Joaquina (la madre de Camila), pero sé que es una gran actriz y cantante. En su lugar, estuvo Déborah Turza (responsable de los covers de los cuatro personajes secundarios femeninos), otra actriz con trayectoria en musicales y muy versátil. Disfruté mucho su canción “¿Cómo llegamos aquí?”, y la transformación que sufre su personaje y vuelca en esa melodía.

El vestuario de Pablo Battaglia es excelente, así como el diseño de peinados de Ricardo Fasan.

El mayor logro de esta obra es generar interés por el desarrollo de una historia más que conocida.
  


En resumen: Fabián Nuñez se acercó a la historia de Camila desde una visión personal (por eso no hay que compararla con la versión fílmica de la historia) y compuso melodías muy interesantes. Natalie Pérez lleva el peso de gran parte de la obra, y los actores y actrices secundarias acompañan sin fisuras, y estas últimas se lucen enormemente durante sus solos. Se destacan la escenografía, el vestuario y el maquillaje. Un verdadero hallazgo.

Fotos: https://www.facebook.com/camilaelmusical

Más información:
Dirección: Fabián Nuñez.
Teatro: Lola Membrives (Av. Corrientes 1280).
Duración: 2 horas.
Funciones: hasta el domingo 28 de julio. Miércoles a viernes a las 21:00. Sábado a las 20:00 y a las 22:30. Domingo a las 20:30.
Entradas: $95, $180, $200 y $240.
Promociones: 2x1 con Club La Nación, a través de Ticketek, a partir de las entradas de $180. Descuento en localidades de platea en "Tickets Bs. As." (Cerrito y Diagonal Norte).


miércoles, 17 de julio de 2013

Crítica de "The Manhattan Club", de Alicia Orlando, con música de George Gershwin y letras de Ira Gershwin

Crítica de The Manhattan Club

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Centro Cultural Borges – Gira Nacional) - 2014 (Teatro del Viejo Mercado).

Calificación: 5.5/10

NOTA: ¡SE REESTRENA EN 2014!, CON ALGUNOS CAMBIOS EN LA OBRA. HABRÁ FUNCIONES LOS SÁBADOS A LAS 21 HS. (A PARTIR DEL 15 DE FEBRERO), EN EL TEATRO DEL VIEJO MERCADO.


¿De qué se trata?: Ocho artistas del Manhtattan Club (un club de jazz de Nueva York, en los años ‘30), apasionados por la música, ven su vida desmoronarse cuando el lugar donde interpretaban canciones de Gershwin debe cerrar. Van tomando caminos separados (aunque algunos permanecen juntos), y el grupo se disuelve. A través de flashbacks, volvemos a los momentos de gloria del club. Sin embargo, unos años después, los amigos se reunirán para tratar de que el Manhattan Club recupere su magia.

El punto fuerte de la obra: las magistrales melodías del gran George Gershwin, junto con las divertidas e inteligentes letras de su hermano Ira.
Si leyeron la crítica de Vale Todo, ya saben que me gusta la música de Gershwin, que es un representante indiscutido del jazz de los años ‘30. Es una pena que este espectáculo haya durado tan poco en cartel y que haya tenido poca afluencia de público, porque la idea de encontrarse con canciones tan especiales en su idioma original era brillante, sobre todo por la posibilidad de redescubrir algunas piezas que no son frecuentemente escuchadas hoy en día. Sin embargo, el año pasado, y nada menos que en Broadway, Nice Work If You Can Get It, con canciones de Gershwin, tampoco fue un éxito.
Que elija las canciones como lo más destacado puede resultar una contradicción con lo que escribí en la crítica de Más de cien mentiras (que no quería elegir como lo mejor de la obra a algo que preexistía a su creación). No obstante, en ese caso, la historia era sólida, algo que no sucede en The Manhattan Club. Esta ya ha sido contada varias veces (con variantes, por supuesto), en la televisión, el cine y el teatro, pero el problema está en que no se le da un desarrollo interesante.


El libro es endeble, y no está mal que así sea, si lo que se quiere hacer es que el foco esté en las canciones, y el trasfondo sea una mera anécdota. De todas formas, ayuda a crear un mundo ingenuo, ideal para la música de Gershwin. De hecho, por momentos (como cuando reflexionan sobre amor), los personajes se comportan como chicos de séptimo grado, y hay diálogos y conductas bastante estereotipadas. Pero lo importante es claramente el sentimiento de nostalgia, que se logra en varias escenas. Uno llega a empatizar con los personajes, pero no siempre. Me gustó la inclusión de Gershwin en la trama con una sombra.
Se intentó que algunas canciones (aunque no muchas) tuvieran que ver con los sentimientos de los personajes (además de ser sólo representadas en el club o en un ensayo).



En cuanto a los números musicales, muchos van a lo seguro, tanto desde lo estrictamente musical como desde lo interpretativo. Esto no quiere decir que me hubiera gustado que las canciones tuvieran arreglos notorios (parte de la magia de este espectáculo está en mantener un espíritu anacrónico), pero sí una vuelta de tuerca, apoyándose en una base tan consistente como la de Gershwin. Me hubiera gustado un poco más de búsqueda interpretativa. El elenco es homogéneo, y canta en forma muy correcta (algunos tienen más facilidad para el inglés que otros, pero ese es otro tema), pero un poco más de riesgo hubiera transmitido más. Yo hubiera desestructurado un poco esta obra desde lo teatral. No modernizarla, sino profundizar en las posibilidades expresivas del canto y la música con la misma atmósfera retro. Incluso, jugar más con los coros o con el ritmo. Todo esto es una forma de escapar de la monotonía (que las canciones de Gershwin no tienen) y lograr matices.
Algunos números sí logran generar esas emociones distintas a las que me refiero, y presentan mayor creatividad.
Estos son, en orden, los cuadros que me parecieron mejor realizados:
1) “I got rythm” (realmente fascinante).
2) “S’Wonderful”.
3) “Swanee”.
4) “For you, for me, forever more”.
Igualmente, hay otros también muy meritorios.
De todas formas, hacer escribir una obra como esta es un muy buen intento para alguien que venía de hacer espectáculos de tango (con elementos teatrales, eso sí): Alicia Orlando, el motor de esta propuesta.



Además de haber estado a cargo del guión y la dirección, y de actuar en la obra, Alicia Orlando (de quien, nuevamente, destaco que haya tenido la idea de hacer este espectáculo) montó una coreografía imaginativa (dentro de las restricciones) que suma mucho, aunque no sea interpretada de la forma más pulida que se haya visto en el último tiempo por algunos miembros del elenco (porque, en este caso, no es necesario). Es importante para evocar los años ’30, y para que el relato sea más fluido.
Alicia Orlando y su partenaire Claudio Barneix vienen del mundo del tango profesional (un dato curioso que está en internet: ambos bailaron en la versión fílmica de Evita, que dirigió Alan Parker), y son grandes bailarines.
Es positivo que se hayan lanzado a reunir un elenco (bastante numeroso) sin figuras, porque muestra su confianza en el proyecto.
El vestuario de Bety Pertrot y Jorge Maselli también contribuye en forma correcta a situarnos en el tiempo.
La iluminación tiene momentos donde se destaca más y otros donde pasa desapercibida.
Los músicos (el cuarteto básico de jazz, compuesto por piano, contrabajo, batería y saxo) tienen un buen desempeño (sobre todo Ricardo Pereyra en el piano: resulta hipnótico ver sus dedos golpeando rápidamente las teclas al ritmo del jazz), si bien no está por encima de la media, y es sumamente valioso que se haya contratado una banda en vivo.
Resulta interesante el uso del recurso del video para contar cómo siguieron las vidas de los integrantes del club, aunque se torne un poco repetitivo. Claudio Barneix estuvo también a cargo de la simpática dirección de arte.

En resumen: Una muy buena idea (hacer un nuevo espectáculo con las excelentes canciones de Gershwin en inglés), con un guión endeble. En algunos cuadros, se explota correctamente el potencial de las melodías. El elenco es homogéneo. La coreografía suma. Es destacable que haya banda en vivo. El recurso de video es interesante.

Apoyo este proyecto, porque me parece que parte de una buena iniciativa. Espero que puedan reponerlo (después de tan poca permanencia en el Centro Cultural Borges), o hagan alguna gira (tengo entendido que está planeada), para que más gente disfrute de las inolvidables canciones de Gershwin. Además, porque se apostó a desarrollar un obra nacional (con aciertos y desaciertos), en vez de quedarse con el formato de concierto.
Por eso, no quiero que se malinterprete la nota que le puse (no deja de ser una buena nota). Es simplemente porque no está al nivel del resto de las obras criticadas, pero no porque no me haya gustado ni entretenido.
Si tienen la oportunidad y les gusta el mundo del jazz de los años ’30 y Gershwin, la recomiendo, y también para aquellos que quieran acercarse como curiosidad.

Como bonus track, le dejo un espectacular cuadro de la película Un Americano en París, con Gene Kelly, con una inolvidable versión de “I got rhythm”.


Fotos: https://es-es.facebook.com/pages/Alicia-Orlando-Claudio-Barneix/


Más información:
Dirección: Alicia Orlando.
Duración: 1 hora 15 minutos.

ESPECIFICACIONES 2014:
Lugar: Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177)
Funciones: Sábado a las 21 hs.
Precio de las entradas: $100 ($80 las anticipadas)
RESERVAS AL 2055-8500
www.teatrodelviejomercado.com

sábado, 29 de junio de 2013

Crítica de "Borracho, un after musical", de Leo Bosio (libro) y Jano, Flor Benítez y Hernán Segret (letra y música)

Crítica de Borracho, un after musical

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Sala Siranush).

Calificación: 6/10



¿De qué se trata?: Un musical conceptual, de estructura no convencional, que sumerge al espectador en un bar, donde dos parejas viven idas y vueltas en su vida amorosa, acompañadas por música y tragos. Así, el alcohol desatará sus emociones y les abrirá un nuevo panorama.

El punto fuerte de la obra: Josefina Scaglione.
La rosarina que protagonizó West Side Story en Broadway sigue deslumbrando y probando que es uno de los grandes talentos jóvenes. Desde su entrada vigorosa, cantando una maravillosa versión de “Poker Face”, se gana con creces el reconocimiento del público. Su pulida técnica vocal es indiscutible, pero también sabe cantar con matices, porque es una excelente actriz, y es esa condición de artista integral la que transmite tanto. Por supuesto, su postura y su baile también suman. Nunca sale de personaje (hay que reconocer que los otros intérpretes tampoco), al que compone en forma muy verosímil. Improvisa sin problemas, moviéndose con una naturalidad destacable e interactuando con el público sin caer en excesos. Es sorprendente ver a una actriz que realmente vive la situación que le toca asumir en una obra, trascendiendo lo que solo es correcto o esperable para buscar nuevas formas expresivas. Por eso, es muy intuitiva. Esto se habrá logrado, seguramente, como resultado de un trabajo de taller previo para desarrollar la obra, bajo la dirección de Leo Bosio, quien también escribió el delirante libro (por momentos, intencionalmente incoherente).
Su puesta es sumamente creativa, y lo reafirma como creador imaginativo, que además hace que sus recursos sean teatrales, funcionales a la trama (en realidad, al concepto). Es, en efecto, un musical que busca crear una atmósfera (y evocar sensaciones en el espectador), antes que presentar una historia delimitada. Es decir, al menos yo interpreté (porque está claro que Bosio prefirió dejar muchas cosas a libre interpretación) que se quería introducir al espectador en el mundo de la borrachera, asociada al romance. Sí, la obra quiere que experimentemos lo que se siente estar alcoholizado en un bar, sufriendo por amor, y, probablemente, buscar identificación. Y logra transportarnos a un mundo extraño, bastante bizarro, por momentos onírico.

Nos mezclamos en el ámbito de los personajes, sintiéndonos cercanos a ellos, y hasta asfixiados por sus preocupaciones, en un bar donde todo parece ser posible. Para esto, es importante la disposición de los asientos de la sala. Quienes se sientan adelante se ubican en sillones, que forman livings (por eso, es recomendable tratar de conseguir las entradas con cierta anticipación), entre los que los actores se mueven, creando un efecto fantástico. Se borran, así, las barreras, y los artistas involucran al público en la historia. Por eso, se suben pocas veces al escenario propiamente dicho. Indudablemente, la puesta (que es promocionada como una “intervención teatral”) tiene personalidad, y es un acierto.
La obra promete retratar “La borrachera no patológica como estado de lucidez del alma y de la mente” y retratar la premisa “Perderse para encontrarte”. Entonces, se desarrollan una serie de cuadros (algunos aparentemente inconexos), a los que el espectador debe dotar de sentido. Los parlamentos no caen en lo explícito. Esto puede generar inconvenientes con los espectadores más conservadores, pero ciertamente genera un clima distinto y entretiene en el proceso (tal vez, hasta llega a oprimir).
En esa línea, me gustaría destacar la última escena, con la canción “Deewangi Deewangi” (http://www.youtube.com/watch?v=VzLG6OqOcn8), que brinda un momento desopilante, al hacerle preguntar al espectador “¿De verdad está pasando esto?”, y tiene un gran trabajo coreográfico de la creativa Seku Faillace.

Se trabaja con los quiebres, tal vez por ser propios de las lagunas que genera la borrachera, o para plantear hasta qué punto las escenas son como las vemos, o son modificadas por la ebriedad.
En cuanto a la selección de la música (algunas son canciones originales y otras no), es peculiar. No diría que es funcional a la trama, pero sí desconcierta al espectador, algo que es fundamental para generar contrastes que ilustren las “revelaciones” que evoca la bebida. Aparte de los cuadros donde canta Scaglione, también se destaca la expresiva voz de Flor Benítez, y su sólida actuación. Ella también tiene posibilidad de destacarse como compositora.
La participación de Jano (en un mini-recital) es un momento que se disfruta. Él se revela como un artista interesante y apasionado, y muestra sus dotes como músico tocando el piano y la guitarra. Además, hasta actúa un poco.
Leo Bosio y Pablo Martínez tienen menos posibilidades para lucirse durante sus canciones, pero brindan muy buenas actuaciones, demostrando que el equipo está muy consolidado, y que todos tienen incorporados no sólo a sus personajes, sino a los de los demás, sabiendo interactuar de manera precisa.
Hernán Segret compuso la canción “Bailese quien pueda”, cuyo videoclip se proyecta al inicio (http://www.youtube.com/watch?v=GCpaOR3pgBY), y que es luego cantada por Jano. Tanto la canción como el videoclip logran sembrar el clima gris del desamor previo al encuentro en el bar, y sirve para marcar un nuevo contraste.
Y, hablando de videoclips, mientras el espectador espera a que comience el espectáculo, puede disfrutar de una selección de divertidos videos de canciones de décadas pasadas. Cabe aclarar que, si bien se ofrece comida y bebida, no es obligatoria la consumición.
La iluminación es un ejemplo más de saber aprovechar los recursos disponibles de la mejor manera.
Lo único que me gustaría objetar (como lo hice en la crítica de tick, tick, ¡BOOM!) es el excesivo uso de humo. Entiendo que ayuda a enmarcar el delirio, pero no es necesario y dificulta el canto y molesta a los espectadores. En realidad, otra cosa que no me convenció (pero por gusto personal) fue el horario. Me parece que hay ciertas personas a las que se les complica que la obra empiece a las 23 (no se notó, de todas formas, en la sala llena), sobre todo para los que viven más lejos. Al menos porque, en la función del 13 de junio, el espectáculo recién empezó a las 00:08 (por un recital de Diego Frenkel programado antes de la función) y terminó a la 1:28 aproximadamente, hora en la que la frecuencia de colectivos es menor. El horario de inicio es, no obstante, comprensible, porque desde la semana próxima tanto Scaglione como Bosio participarán de la esperada Vale todo (Anything goes), que también tendrá función los jueves.
Nota: De todas formas, esto no empaña el resultado artístico, y es solo una paranoia de alguien que ese día fue víctima de la inseguridad (aunque no cerca de la zona del teatro), y aunque pudo correr y no ser alcanzado por ninguno de los cuatro individuos (la adrenalina activa las habilidades atléticas, aunque en otras ocasiones sean pocas), pero llegó a la Sala Siranush con el pantalón roto y la rodilla lastimada.

En resumen: Un viaje hacia la conflictiva mente de cuatro personajes desilusionados o esperanzados con respecto al amor, mientras se encuentran en un bar (al que el público asiste), y ven las cosas distintas a partir del alcohol y la música. Gran interpretación de Josefina Scaglione e imaginativa puesta de Leo Bosio, que rodea al espectador con una atmósfera particular. Una obra sencilla que tiene la virtud de no ser pretenciosa.

Más información:
Dirección: Leo Bosio.
Teatro: Sala Siranush (Armenia 1353).
Duración: 1 hora 15 minutos.
Funciones: jueves a las 23 hs.
Entradas: $100.
Promociones: 2x1 con Club La Nación (límite de 30 cupos).


Fotos: https://www.facebook.com/BorrachoUnAfterMusical y ticketek.com.ar